El Estado de México: los feminicidios que ya superan a Ciudad Juárez

martes, 16 de mayo de 2017 14:48

|Laura Corona-Almaraz



Arisbeth, Lucía Joselín, Luz María, Amalia Grisel, Diana Angélica, Karla Pilar, Sandra, Jennifer, Karen. Todas son mujeres. Todas eran del Estado de México. Todas fueron asesinadas.

Son desgarradoras las historias de cada una de las mujeres asesinadas en el Estado de México. Se van volviendo cotidianas, comunes, indistintas. El ojo público comienza a acostumbrarse a que no haya solución para cada uno de estos casos. Tampoco la habrá para los que siguen.

Por un tiempo, Ciudad Juárez fue el epicentro de los feminicidios en México. Ser mujer tenía un costo y se pagaba con la muerte. Todos veíamos cruces de madera pintadas de color rosa. Se volvió común observarlas, pero cada una de ellas tenía un nombre. Tienen un nombre.

Ahora Ciudad Juárez, aquel lugar que entre 1993 y 2005 estuvo en el ojo del huracán por los asesinatos múltiples a mujeres, cedió la estafeta al Estado de México. Ese que ahora mismo se pelean por gobernar, es el primer lugar en feminicidios en México.

Las cifras oficiales dicen que en el 2016 fueron únicamente 61 las mujeres que murieron en la entidad. Maquilladas. Las cifras verdaderas terminan ocultas para no mostrar una realidad que a todas luces nos está golpeando todos los días.
Según el Observatorio Ciudadano en contra de la Violencia de Género, durante 2016 los feminicidios en el Estado de México sumaron 263. Muere casi una mujer por día. Tan sólo en Ecatepec se cometieron 55 feminicidios, según datos de Humberto Padget, autor del libro “Las muertas del Estado”.

Alarmantes resultaron las declaraciones de Padget para el diario El País, en las que indica que tan sólo el número de feminicidios cometidos en Ecatepec sumaba el doble de los cometidos en Ciudad Juárez en sus peores épocas.
Las madres, los padres, las familias de las desaparecidas, todos remueven escombros para encontrar a sus hijas. No reciben ayuda. No reciben tampoco resultados. Tienen que moverse por sus propios medios para encontrar a su mujer desaparecida, a su mujer muerta.

Las descripciones de las búsquedas de los familiares hacen que cualquiera que las oiga se quede sin aliento. Los que podían sacar fotocopias de los rostros y los datos de las mujeres desaparecidas se daban cuenta con tristeza que tenían que cartel el cartel de su desaparecida encima de otros. Los postes de luz se vuelven insuficientes para tantos rostros.

Las mujeres desaparecidas en el Estado de México no tienen en común sólo el sexo. La mayoría cuenta con una edad de entre 16 y 19 años, posee tez morena clara, ojos grandes, cabello oscuro. Sus familiares, además, habían sido desdeñados por las autoridades al minimizar los casos por prejuicios como el “qué hace una niña de esa edad sola y en la calle, si ya se sabe cómo son de peligrosos estos rumbos”.

Los cuerpos tapan los canales de aguas negras. 21 han sido encontrados ya en un estado de descomposición que es casi imposible reconocerlos. Los principales móviles radican en las rutas del transporte público, tal y como sucedía en Ciudad Juárez con las trabajadoras de las maquilas.

Resulta espantoso pensar que justo en épocas electorales, y a pocas semanas de llevarse a cabo la elección de Gobernador en el Estado de México, uno de los temas que más se tocan pero que al llegar al poder olvidan, es el de los feminicidios.

Penosamente las familias tienen que trabajar en conjunto para encontrar a sus mujeres, a sus desaparecidas, a sus muertas. La policía del Estado de México, una de las más corruptas del país, tampoco ayuda en la búsqueda de cuerpos, en la presentación de resultados.

Las mujeres siguen desapareciendo. Con impunidad son asesinadas sin que se encuentre a los responsables o sin que se quieran encontrar. Las mujeres asesinadas del Estado de México son idénticas a las de Ciudad Juárez. Tenían una familia, un trabajo, iban a la escuela, eran madres, eran hijas. El único aspecto que ahora las diferencia es su ubicación en el mapa y el lugar que ocupan en la estadística nacional de feminicidios. El Estado de México, aun después de haber superado a Ciudad Juárez, dice lo mismo que todo México: ¡Ni una más!

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