A diferencia de México, en países como Polonia, las protestas masivas sí logran detener las propuestas de leyes indignantes que el gobierno intenta imponer.
El gobierno polaco tenía intenciones de lograr que las mujeres que abortaran fueran penalizadas y señaladas como criminales. Pero las protestas masivas y manifestaciones que este retrógrado intento de prohibición, provocó frenaran la legislación.
Las mujeres salieron por millares a las calles, sosteniendo carteles que rezaban, entre otras cosas, que ellas tenían el derecho de decidir sobre sus cuerpos: “el aborto no merece cárcel”. El poder de los mensajes y de la multitud que se opuso rotundamente provocó un replanteamiento en el Parlamento.
De acuerdo al diario The Guardian, al final, el comité de justicia y derechos humanos, encargado de revisar todas las propuestas de ley, “recomendó” a los miembros parlamentarios no votar a favor. Al final, el Partido de la Ley y la Justicia (PiS) se retractó y retiró su apoyo.
Las protestas fueron pacíficas y tocaban puntos en específico, lo que resultó ser una buena estrategia para que el sector derechista del gobierno bajara su guardia y que el PiS la desechara de inmediato, casi de manera desesperada.
Otra de las claves para lograr su cometido consistió en demostrar la indignación sin dejar un saldo de hechos violentos. Además, suspendieron labores y la mayoría de la población femenina, además de muchos hombres, tomaron las calles (30 mil).
Fue precisamente la cantidad lo que confundió la opinión de los legisladores que originalmente estaban a favor. Según el diario, la “intensidad emocional” y la “energía y el enojo” fue impresionante.
Algunas iban vestidas de negro y se reunieron en puntos estratégicos que históricamente tienen una carga política. Lanzaron frases que no merecían ninguna explicación extra: “mi útero, mi decisión”.
La ex primer ministra Ewa Kopacz dijo a los medios que el Partido se había echado para atrás porque tuvieron miedo de todas las mujeres que se reunieron.
Pero las mujeres también tenían miedo. Si la ley era promulgada, incluso los casos de violación o incesto, se recibiría un castigo.
Por su parte, los ministros que antes habían considerado la aprobación, transformaron su discurso: las protestas los hicieron reflexionar y les dieron una lección de humildad.
Incluso, alguno de los miembros del comité que ahora rechazan la misiva, antes del lunes se refería a los opositores como “fanáticos de matar bebés”, que deberían sentir vergüenza. Ahora los papeles parecen haber cambiado.
No sorprende que en los últimos meses, el apoyo que el gobierno tiene de los ciudadanos haya alcanzado sus niveles más bajos. Ahora queda en las manos de los miembros parlamentarios decidir si desechan absolutamente la ley o si la regresan al comité.
Y aunque la iniciativa es una propuesta ciudadana que ha reunido alrededor de 10 mil firmas, posteriormente pasó a manos de los miembros parlamentarios.
Estas movilizaciones podían simbolizar un cambio radical en las políticas antiaborto que de por sí ya eran populares en el país: las mujeres se veían obligadas a huir a Alemania y otras naciones para pedir pastillas abortivas por Internet.
Las propuestas habrán de continuar en los días siguientes, ya que el objetivo es que el gobierno replantee esta, y a la larga más misivas que evidentemente son una violación de los derechos humanos elementales.
*Con Información de: The Guardian.

