Un marroquí se inmola a las afueras de un juzgado en Bélgica, estaba "harto del racismo"

jueves, 20 de abril de 2017 10:37

|Regina Mendoza



Seis años después de la inmolación de un vendedor ambulante en Túnez que desató la "Primavera Árabe" en la ciudad de la Península Arábica y el norte africano, un hombre marroquí repitió el procedimiento expiatorio y pirómano a cientos de kilómetros de distancia, a las afueras de un juzgado en la ciudad de Cortrique, Bélgica.

Los medios internacionales informan que era un hombre de aproximadamente 38 años, quien abandonó los juzgados belgas para regresar minutos después con un contenedor repleto de gasolina, líquido que esparció en el piso y en sus prendas para finalmente prenderles fuego. Una vez ardiendo, corrió hacia los oficiales, a pocos metros de distancia del recinto gubernamental. 

La grabación del sacrificio de Chafik Hanchi recorrió Internet y los medios locales informan que fue poco después de dejar un mensaje en sus redes sociales: "Estoy harto del racismo".
De acuerdo con RT, la policía local ha declarado que se trató de una movida desesperada, pues Hanchi había declarado estar pasando por "dificultades" en cuanto a su vida personal. Sin embargo, en su perfil de Facebook había publicado un video en el que aseguraba que había tenido un problema con la oficina de seguridad nacional y al final mencionaba su hartazgo del racismo.



Poco después de que se difundió la noticia, Jamal Qnioun, el presidente de la organización "People Help People" explicó que el marroquí había abierto un salón de belleza que fue cerrado poco después luego de que "una inspección encontró a un trabajador sin registro".

Aunque pagó las multas, explica el medio ruso, Chafik continuó con sus negocios y abrió un nuevo salón de belleza en la misma calle. Pero ese local también fue sometido a otra inspección.

Qnioun mencionó que las condiciones en Bélgica para los migrantes y minorías en general son "arduas". El medio árabe Al Arabiya confirma la sentencia: la policía y los expertos en seguridad afirman que la "diversidad policial" en las comunidades musulmanas y de otras minorías se debe a que esa población es sospechosa de los ataques de París el pasado noviembre del 2015 y quieren "detectar la radicalización". 

Estas medidas para prevenir a toda costa nuevos ataques terroristas está provocando una "apertura" de la policía para la población musulmana, una vigilancia permanente que echa sus raíces en la idea de que cualquier musulmán o migrante puede ser un terrorista potencial. 

Las persecuciones y el estado permanente de sospecha provocan las muestras de racismo y discriminación a las que Chafik se refería. Las minorías y los musulmanes —que constituyen aproximadamente un 7 por ciento de la población— son blanco de interrogatorios y de redadas en sus hogares y lugares de trabajo.

El 17 de diciembre, Mohamed Bouazizi salió a vender frutas en su puesto ambulante en Túnez. Pero su trueque pronto fue interrumpido por policías que le arrebataron su mercancía. Entonces se inmoló a las afueras de un edificio gubernamental, en medio de una multitud: una protesta incendiaria contra las humillaciones y el despojo arbitrario de sus pertenencias.

Eso marcó el inicio de la "Primavera Árabe". Su sacrificio —murió 10 días después— logró despabilar a la población árabe, ávida de un cambio definitivo y que tras jornadas arduas de manifestaciones provocaron la renuncia de Zine El Abidine Ben Ali, tirano desde 1987.

Desde entonces, la inmolación de Mohamed se convirtió en un emblema de lucha y protesta para exigir el respeto a los derechos más elementales. Aunque se antoja difícil que en una nación europea se pueda exigir justicia para las minorías (mientras que en Túnez y las regiones árabes son mayoría), quizá el acto heroico, del joven de Marruecos logré llamar la atención para, al menos, cesar las persecuciones contra todos los musulmanes por el simple hecho de considerárseles radicales o terroristas.

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