Muertos, calcinados y bloqueos en una comunidad de Guerrero dominada por el narco

Viernes, 12 de mayo de 2017 8:53

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El fracaso de la llamada “guerra contra el narcotráfico” que inició conservador Felipe Calderón en diciembre del 2006 es cada vez más evidente; el ejército sigue en las calles y los grupos de la delincuencia organizada continúan teniendo el control de diversas localidad a lo largo y ancho del país, aprovechando la corrupción, impunidad y la ineficiencia de las autoridades para contener sus actividades criminales.

Cuando Calderón dejó el poder y en el 2012 llegó el priista Enrique Peña Nieto las cosas no cambiaron; la única modificación en la “estrategia” fue pedir a los medios de comunicación que no hicieran “apología de la violencia”. La cobertura de los hechos violentos en el país disminuyó, pero el silencio no redujo la criminalidad y un ejemplo de esto es la región de Tierra Caliente, particularmente en el sureño estado de Guerrero.

Tierra Caliente es un triángulo geográfico que une al Estado de México con Michoacán y Guerrero; en éste último, los municipios que integran la región son Ajuchitán del Progreso, Arcelia, Coyuca de Catalán, Cutzamala de Pinzón, Pungarabato, Tlachapa, Tlapehuala, Zirándaro y San Miguel Totolapan.

Esa región guerrerense es disputada por diversos grupos del narcotráfico debido a que en esas tierras la amapola es una planta que crece y florece sin mucho esfuerzo. De esa flor se extrae la goma de opio, que sirve como materia prima para la elaboración de heroína, una droga que tiene gran demanda en Estados Unidos y del que los grupos del narcotráfico mexicanos son amos y señores, aprovechándose de niños y manos campesinas que por unos cuantos pesos hacen el trabajo de campo y se ensucian las manos por ellos. Pero no hay otra opción; es hacerlo y apoyar al narco o morir sin ser portada de periódicos.

El crimen organizado tiene tan dominada esa zona que ni los periodistas pueden entrar. “Nadie sale y nadie entra”, escribió el reportero José Zaragoza, de Telecable de Tierra Caliente en su cuenta de Facebook, misma que ha hecho pública para informar en tiempo real lo que ocurre. Bloqueos, enfrentamientos, balas y sangre.

Esta semana “se desató el diablo”, dicen los habitantes de la zona; se refieren a que la violencia tuvo un repunte que parece difícil de controlar; entre el miércoles 10 y jueves 11 de mayo el municipio de San Miguel Totolapan se registraron enfrentamientos armados entre el grupo de Los Tequileros, liderado por Raybel Jacobo de Almonte, alias “El Tequilero”, y La Familia, grupo criminal encabezado por Johny Hurtado Olascoaga, alias “El Mojarro”.

Como consecuencia de esto, el Ministerio Público y la Fiscalía General de Guerrero informaron que se había registrado un saldo de ocho personas muertas, entre las cuales se incluyen cinco hombres que fueron incinerado en una hoguera y cuyos cuerpos fueron rescatados cuando ya se encontraban calcinados.

Ante esto, el jueves 11 de mayo a las 2:30 de la tarde, vecinos de la comunidad y choferes del transporte público realizaron un bloqueo en la carretera estatal de Poliutla, así como un filtro en la entrada de San Miguel Totolapan para impedir la entrada de personal del ejército, policía federal, estatal y personas ajenas a la localidad, incluyendo periodistas.

En entrevista para CC Noticias, el periodista Israel Flores, quien es corresponsal del diario El Sur de Acapulco y colabora con distintos medios nacionales, explicó que desde el 12 de diciembre del 2016 se dio un levantamiento armado de ciudadanos que conformaron su propio grupo de autodefensas.

“Lo que ellos piden desde ese entonces es la detención de El Tequilero y también del diputado Saúl Beltrán, a quienes ellos identifican como el jefe del Raybel Jacobo, pero no les han hecho caso”, dijo el periodista guerrerense a este medio. “Muy poca gente entra a Tierra Caliente, es un lugar de violencia y actualmente la situación es crítica”.

Como ejemplo de la gravedad de la situación, explicó que el viernes 5 de mayo ingresó al lugar personal de la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO) y, lejos de ofrecer alguna solución al conflicto, terminaron secuestrados y tuvieron que pagar un rescate económico para poder salir con vida del lugar.

Ese día, el 5 de mayo, se cumplía el plazo que el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, había pactado con los autodefensas para realizar acciones encaminadas a la detención de los dos personajes que exigen, pero no cumplió. Eso fue lo que enardeció a la gente.

“Las autodefensas han reportado que La Gavia es la base de El Tequilero, ahí vive y ahí podrían detenerlo, pero el ejército, que tiene una base cerca de la zona, no ha realizado ningún operativo en esa localidad”, dijo Israel Flores en entrevista. “Además los autodefensas y el propio presidente municipal de San Miguel Totolapan (Juan Mendoza Acosta) han denunciado que los militares sólo han servido para dotar de armas a los criminales y no han logrado contener la violencia”.

El periodista también mencionó que no hay un discurso que llame a la conciliación y mucho menos negociaciones que vayan encaminadas a solucionar el conflicto; debido al bloqueo carretero, cerca de 200 efectivos del ejército quedaron atrapados entre el bloqueo de transportistas y de autodefensas. La gente no quieren que entren a la comunidad si sólo van a apoyar a “Los Tequileros”.

Pero ni en esa situación ha negociado el gobierno estatal ni federal; las pláticas se dan entre militares y autodefensas, ninguno quiere ceder y pareciera que sólo están esperando la orden de disparar o esperar a que desde el otro lado del conflicto salga la primera bala.

“Un bloque de mujeres encabeza el movimiento, están armadas con celulares para grabar todo lo que ocurre”, dice el periodista. “Ellas saben que si la policía o el ejército entra a la fuerza, las golpea o las agrede, se desataría un conflicto mayor y por eso ellas sirven como un escudo humano”.

Antes de estos conflictos, desde el 12 de diciembre San Miguel Totolapan vivía un resurgimiento económico; las autodefensas les dieron la confianza y la seguridad que el gobierno no pudo. La gente habría sus negocios, camiones de carga volvían a surtir tiendas y mercados, la gentes vivía en aparente normalidad.

Pero ahora todo es diferente; el sonido de las balas sustituyó al de las aves al amanecer y el olor a sangre ahuyenta las ganas de salir de casa. Todo es miedo, incertidumbre y tensión. Nadie sabe cómo ni cuándo acabará el conflicto, pero están seguros de una cosa: la muerte seguirá rondando a Tierra Caliente y en San Miguel Totolapan habrá más enfrentamientos si las autoridades y el gobierno no tienen la capacidad de negociar y ofrecer soluciones reales.

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omar tellez

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