“Despierta, pequeña. Vivimos en la época del ordenador,
del escáner y de la inteligencia artificial.
Hay sondas espaciales por el universo.
Y tú sigues aguantando las insensateces de un chiflado”.Yasmina Khadra
La inteligencia artificial es un tema serio y cada vez más presente en el mundo y en la vida diaria. Muchas personas consideran que lo importante es el conocimiento y los avances tecnológicos que nos ayudan a obtenerlo, dejando de lado los sentimientos y emociones, que es el complemento de la inteligencia. También se le ha dado un gran valor a todas aquellas herramientas que nos ayuden a simplificar nuestra vida, ya que el ritmo en el que vivimos nos hace llegar a niveles de estrés muy altos, pues sentimos que no tenemos tiempo de llevar a cabo todas las actividades que tenemos, y buscamos la solución en los asistentes virtuales para que nos ayuden.
Realidad virtual: lo que nos depara el futuro
La inteligencia artificial busca generar “bienestar a las personas”, simplificar las tareas y que se necesite el menor esfuerzo para llevar a cabo algo. Actualmente, los asistentes virtuales no sólo son eficientes al recordarnos todo sobre nosotros y nuestro entorno, sino que también localizan, resuelven, intuyen, se anticipan, proponen, sugieren, amenizan, ironizan y tienen personalidad, además de sus funciones básicas de cálculo, cómputo y comunicaciones, totalmente asimiladas por el ser humano.
Es fácil imaginarse un escenario en el que nuestros dispositivos electrónicos, además de responder a nuestras órdenes, analicen una situación y se anticipen a nuestras necesidades a través de la escucha pasiva. Por ejemplo, si le dijeras a tu pareja que no hay leche, el ordenador lo añadiría a una lista de compras; si telefónicamente cierras una cita con el dentista, el ordenador la apuntaría en tu agenda y programaría el recordatorio, o si aseguras que el nuevo tema de Adele es buenísimo, el ordenador lo incluiría en tu playlist.
Lo anterior se logra recopilando toda nuestra información, ya sea la personal, la de identidad e identificación, la de nuestro entorno emocional, social o físico y la que está a nuestro alcance en Internet, las redes o la nube. No hay límites para que los asistentes virtuales recopilen nuestra información.
Un ejemplo es que Google Now toma datos de la agenda, los combina con los del tráfico en la ciudad y envía una alerta para informa que hay que salir con más tiempo de lo habitual para la próxima cita, porque hay un atasco en la ruta. Esto puede ser, en muchas ocasiones y circunstancias, muy interesante, pero también nos lleva a reflexionar sobre el nivel de control sobre nuestras vidas, las cuales hemos comenzado a entregar a una máquina.
Algunos observadores predicen que en el futuro los asistentes virtuales serán implantados permanentemente en el cerebro, e incluso no se necesitará decir nada en absoluto, sino que se sincronizarán con los pensamientos y emociones para generar un complemento inseparable del ser humano, y con esto, parece que se avecina un escenario de intensa competencia por hacerse de un asistente virtual; seremos testigos de cómo el número de tareas que son confiadas a estos asistentes aumentará, al tiempo que alimentarán su “deep learning” con los datos y reacciones que van generando dichas actividades.
Hay que reflexionar sobre lo que está ocurriendo,
pensar en lo que ganamos y en lo que perdemos,
y preguntarnos si de verdad estamos dispuestos
a entregar una parte de nuestra vida a una máquina.
Decir que la tecnología y los asistentes virtuales son completamente benéficos, es un punto cuestionable y de reflexión, pues convierten al hombre en sedentario, propiciando que su capacidad de pensamiento no se desarrolle de manera adecuada, ya que pocas veces utiliza su pensamiento crítico o su capacidad de análisis, volviéndolo un ser mecánico o memorístico.
No hay marcha atrás, la revolución ha comenzado y las tecnologías perceptivas basadas en el reconocimiento de voz, gestos y movimientos, cada día son más usadas y desarrolladas, a tal grado que un día -no tan lejano-, formarán parte de nuestra cotidianidad de manera natural e integrada.
Hay que reflexionar sobre lo que está ocurriendo, pensar en lo que ganamos y en lo que perdemos, y preguntarnos si de verdad estamos dispuestos a entregar una parte de nuestra vida a una máquina. Lo importante es integrar sabiamente este tipo de tecnologías, es imposible no hacerlo, pero hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que se interponga entre nuestros sentidos y sentimientos, entre el disfrute de la vida y la intensidad de vivirla.
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Para continuar un poco con la temática, vasta e interesante, te recomendamos leer La invasión de los idiotas y el mundo feliz que predijeron Aldous Huxley y Umberto Eco.

