Así torturan a los homosexuales en los campos de concentración chechenos

Miércoles, 19 de abril de 2017 6:52

|Regina Mendoza


Ser homosexual y ruso es un sacrilegio, un sacrificio vitalicio. La Rusia postsoviética heredó la propaganda racista y las campañas de persecución contra los homosexuales con el afán de proteger las prácticas sociales y familiares "tradicionales" y añejas. Hace cuatro años, Vladímir Putin inició un movimiento medieval y arcaico contra la minoría sexual que permitió la normalización del rechazo hacia los gays y lesbianas en todas las regiones de la Federación. 

Cuando estaban a punto de recibir a los atletas que participarían en los Juegos Olímpicos de Invierno, en el 2014, Putin firmó una ley que permitió a los oficiales arrestar a los turistas y extranjeros si sospechaban que podían ser homosexuales, lesbianas y hasta a los pro gays, que son igual de despreciados por fomentar esas prácticas del averno. El mandatario dio un claro mensaje: nadie podría invadir su territorio con señales profanas.

Eso no le fue suficiente para impermeabilizar su región racista. También pasó una ley en la que clasificaba a la propaganda homosexual como pornografía. Cualquier adulto que se atreviera a decirle a algún menor de edad que las relaciones entre el mismo sexo no eran algo monstruoso ni satánico podrían ser acreedores a multas altísimas. Los profesores no pueden decirle a sus alumnos que no tiene nada de "malo" ser homosexual, los padres no pueden comentarle a sus hijos que ese tipo de relaciones son iguales a las heterosexuales y por supuesto que ningún ciudadano puede distribuir panfletos de ningún tipo que "defiendan" los derechos de la comunidad LGBTTTI de una u otra forma.

La semana pasada, en Chechenia, al sur de la Federación, el diario independiente y de oposición Nóvaya Gazeta reveló que el gobierno, liderado por el ultraconservador y xenófobo Ramzán Kadyrov, en alianza con el Kremlin, permitió (hasta ahora) el arresto de alrededor de 100 hombres homosexuales que finalmente terminaron en un campo de concentración en el pueblo de Argún: recintos de tortura y hostigamiento cavernícola por su "orientación sexual no tradicional". 

Tras esa primera revelación y difusión en los medios internacionales, decenas de testigos y víctimas comenzaron a narrar el infierno al que fueron sometidos en los antiguos complejos militares. Para un video de la CNN, uno de los martirizados contó su testimonio y confirmó la información publicada por el medio local. Él decidió huir de Chechenia tras un arresto y como él, "cientos" de homosexuales están siendo detenidos durante redadas que producen arrestos masivos para después ser apresados en condiciones denigrantes en "al menos tres centros de detención" (los campos de concentración). 

La grabación es indignante hasta límites inimaginables. Escenas que provienen del medievo, de hordas cavernarias o de un régimen militar absolutista que supera en ignorancia y racismo a las naciones de Medio Oriente o africanas. Grupos de policías enfundados en trajes astronáuticos irrumpen en marchas de orgullo para detener gays y lesbianas a placer con una furia inocultable y sumergidos en una polvadera que se asemeja al humo de los gases lacrimógenos.

Los sometidos sólo pueden hacer lo que han aprendido a hacer durante todas sus vidas, lecciones que se han repetido hasta el cansancio: la resignación (individual y colectiva). Agachan las caras y se dejan jalar con una calma absoluta, sus banderas de arcoíris son aplastadas por las botas de potestad. ¿Si jamás han tenido derechos, por qué habrían de tenerlos ahora?

"Ahmed", quien exigió anonimato para proteger su identidad (y su destino), contó para los reporteros de la CNN que la policía chechena lo detuvo de manera completamente arbitraria: detuvieron la marcha de su automóvil en un retén y le pidieron sus documentos. Segundos después le dijeron que se lo llevarían, estaba detenido. Claro, es gay. Un testigo compartió un video grabado con su teléfono celular que expone el momento preciso en que su amigo homosexual es golpeado por uniformados.

Otra víctima reveló que tras ser arrestado, recibió patadas y golpizas con el afán de obtener los nombres de sus amigos homosexuales para después atar sus manos con cables y ponerle electrodos en las orejas para electrocutarlo, mecanismos especiales y poderosos, con la energía suficiente para "hacerte brincar muy alto del suelo".

Durante años, los activistas, defensores de la comunidad LGBTTTI han denunciado la que consideran es la mayor violación de Derechos Humanos desde que cayó la Unión Soviética: las "minorías" sexuales no tienen ningún tipo de protección legal, social o cultural.
Los conservadores más arduos de Chechenia y de muchas regiones rusas no permiten ningún tipo de muestra homosexual y ovacionan las medidas que el Kremlin impulsa desde su trono de impunidad y poderío. En el caso de Chechenia, que es de mayoría musulmana, los conservadores están en todas partes, dispuestos a ser vigías del régimen que margina y segrega.


A pesar de la indignación internacional desatada tras las acusaciones, el presidente Kadyrov ha sentenciado que la información es absolutamente falsa. En su nación no pueden existir campos de ese tipo porque, en primer lugar, ni siquiera pueden detener a personas que "no existen en el territorio". Si "personas a
sí" existieran en Chechenia, las fuerzas del orden público no tendrían que preocuparse de ellas: "Sus propias familias se encargarían de enviarlas donde no pudiesen volver”.

Asimismo, un reporte de Amnistía Internacional confirmó que se llevaban a cabo "asesinatos de honor" en las regiones más conservadoras de Chechenia. Las personas que asesinan a algún familiar homosexual son tratadas con "consideraciones" por el gobierno y las autoridades a cargo de los casos. 

El documental de VICE "Young and Gay in Putin’s Russia" revela que las leyes del mandatario ruso han provocado un aumento de la violencia homofóbica, arrestos masivos, el incremento de suicidios y la proliferación de "vigilantes" que buscan y cazan a los homosexuales en todo el territorio. Una absoluta "barrida" de gays. 

Muchos de los testimonios recabados en la investigación periodística coinciden en una cosa: Ya no se sienten seguros viviendo en la Rusia homofóbica, que ejerce prácticas que se remontan a la Edad Media y al régimen de Hitler en pleno siglo XXI.

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