EL LADO B: Nuestros daños colaterales

EL LADO B: Nuestros daños colaterales

Por: Kimberly Armengol -

El miedo (por el coronavirus) se vive de formas muy diferentes: desde el privilegio o desde la necesidad

EL LADO B: Nuestros daños colaterales 1Ilustración: Shutterstock

Las últimas semanas de nuestras vidas están inundadas por toda la información relacionada con el SARS-COV-2 (Covid-19). Esa contagiosa pandemia que nos coloca en una realidad distópica, difícil de asimilar.

Una sociedad global donde los derechos más elementales -como la libertad de tránsito- se ve trastocada por la supervivencia. Miedo, paranoia, falta de libertad. Una pesadilla. Un libreto digno de las más geniales plumas de la ficción.

En diversas trincheras he advertido sobre la calidad del coronavirus como un virus elitista, una suerte de pandemia que permite a los privilegiados “resguardarse” desde la comodidad de sus hogares, con Netflix de compañero fiel y servicios de alimentos a domicilio. Rodeados del glamoroso home office e inundando redes sociales con sus exhortos a quedarse en casa.

Pero el miedo se vive de formas muy diferentes: desde el privilegio o desde la necesidad. ¿Los mexicanos sabemos en qué país vivimos? ¿Conocemos la realidad? Esa que se encuentra más allá de las publicaciones en Instagram. La realidad de más 52 millones de seres humanos que viven en los niveles más paupérrimos de la pobreza. Que duermen y despiertan con hambre.

¿Cuáles son los daños colaterales del ejercicio de quédate en casa? En México seis de cada diez viven de la economía informal, sin prestaciones, sin ahorros, sin posibilidad de prórrogas bancarias. Los trabajadores en la economía formal viven “al día”. Si hoy no chambean no van a comer. El hambre no entra en cuarentena.

Resulta obscena la falta de sensibilidad del país en el que vivimos y del que somos co-participes y culpables. El 57 % de los mexicanos no cuenta con seguridad social, ni derechos laborales.

La otra arista es la violencia contra las mujeres y los niños. En México, el país feminicida por excelencia, se incrementaron en 60%  las llamadas por violencia de género y 30% la peticiones de asilo en esta época de confinamiento, de acuerdo con la Red Nacional de Refugios.

Mención aparte merecen los niños y niñas que conviven 24 horas con sus agresores sexuales o abusadores físicos. Habrá que recordar que más de 4.5 millones de pequeños son víctimas de abuso sexual, para ellos el “Quédate en Casa” es lo más peligroso que pueden vivir.

Es indispensable una campaña urgente que le recuerde a las mujeres y niños víctimas de violencia que no están solos. (Pidan ayuda al 911 y a la Red de Refugios en el 55 5674 9695 u 800 822 4460).

Con el riesgo de sonar cursi (aquello que pretende ser sublime y termina siendo ridículo) espero que este periodo nos sirva de reflexión acerca de nuestro sistema de distribución de riqueza criminal. Comprender que la peor enfermedad es la falta de empatía y solidaridad, la histeria y el clasismo, las mentiras de los políticos. El individualismo y el egoísmo. Que sea un parteaguas para un mundo mejor, más solidario, más humano y más justo.

Esto no es una entelequia de valores o un catálogo de lecciones rápidas. Sirva nuestro encierro también para ver los graves daños que causamos al hábitat mundial. ¿Han visto las miles de tortugas anidando en santa paz? ¿las playas cristalinas? ¿la fauna marina regresando a las playas?

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