OPINION

Nuestro lugar seguro en época pandémica

Es en la casa donde la humanidad tomó fuerzas para regresar a la vida exterior.

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*Por: Luis Alberto Martínez Bravo

Nadie nos preparó para una pandemia. Dejar de ir a la oficina; estar sin clases un lunes; coincidir en casa, al mismo tiempo, por un período indefinido, es parte de la “película apocalíptica” que hemos experimentado desde marzo 2020. Jamás lo imaginé. Yo sé que tú tampoco.

La pandemia anterior fue la gripe española en 1918. No había internet ni redes. Las fotografías eran algo muy especial y escaso. Los videos eran de uso exclusivo del cine. No existía la televisión. Estamos hablando de hace 100 años. Nadie se acuerda, porque hasta los niños de esa época, probablemente ya no estén con nosotros.

*Foto: Alamy vía El Economista

El COVID arrasó con la vida como la conocíamos. Puso un alto a la movilidad y hasta limitó nuestra propia libertad. De un día para otro, salir de tu casa era un riesgo. Confinarte era una obligación. Quizá, la única opción.

Home office y home schooling fueron la alternativa para que el mundo no se detuviera. Computadora y conexión a internet eran los únicos requisitos. El lugar daba igual: una mesa, un escritorio de tareas, la cocina o tu cama. Nos aferramos a la conexión digital para seguir adelante; para intercambiar ánimos; para conversar; para aprender; para vernos las caras sin tocarnos; para extrañarnos menos, para transitar este trago tan agridulce.

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Un mundo que no se puede detener

La experiencia del COVID dejará huella en varias generaciones que lo vivimos y lo sentimos de diferentes maneras. Tengo dos hijos de 3 y 4 años que no se dieron cuenta del riesgo en el que estuvo la humanidad, pero sí saben que no pudieron arrancar la escuela y que dejaron de ver a los primos y amiguitos con los que estaban creciendo.

Mis padres se supieron vulnerables y tuvieron que aislarse para mantenerse sanos. Mi esposa y yo platicamos mucho al respecto del COVID y tomamos la decisión, como familia, de seguir adelante con estudios y trabajo, con todo el cuidado. Porque el mundo afuera, como dentro de nuestra casa, no se puede detener. No puede dejar de crecer.

La vida es para delante. Es en presente y es en presencia. Los seres humanos, probablemente, pudimos superar el COVID porque teníamos internet y redes sociales. Eso nos permitió mantener las conexiones entre nosotros, aunque fueran a distancia.

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La creatividad se mantuvo, la música se siguió escribiendo y grabando, los gobiernos siguieron funcionando. La innovación se mantuvo viva, tanto que se creó una vacuna para el COVID en un par de meses.

Pero además, los mares se limpiaron, las ciudades emblemáticas del mundo, como Venecia, se vieron vacías de un día para otro. Dejamos de usar el coche, de gastar gasolina, de salir a comprar, de reunirnos en restaurantes y parques. Dejamos de tomar camiones y metro y de viajar en aviones. Dejamos de contaminar, de invadir el mundo. De repente, todo lo anterior parecía no tener sentido. La casa se convirtió en nuestro mundo, en nuestro lugar seguro.

*Foto: Andrea Pattari vía AFP

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Nuestro lugar seguro

Es en la casa donde la humanidad tomó fuerzas para regresar a la vida exterior. Es en la casa donde se imaginaron los planes que comienzan a materializarse en esta nueva normalidad. Es en la casa donde soñamos lo que haríamos al término de la pandemia. Es en la casa donde escribo este artículo que espero que te impulse a dar lo mejor de ti por México, porque ocupamos tu fuerza, tu pasión, tu entrega y tus sueños para que este gran país siga mirando hacia el futuro.

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Comentarios del autor

Soy Luis Alberto Martínez Bravo, próximo Diputado Federal del Partido Verde y estaremos mejorando las leyes desde el Congreso para que los estudiantes de todos los niveles en México estudien, adquieran y abracen las tecnologías digitales como parte de su formación y vida cotidiana, por el futuro de tod@s.

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*Las columnas de opinión de Cultura Colectiva reflejan sólo el punto de vista del autor.

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