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OPINION

¡Hola, videojuegos!

El Óscar y los videojuegos... Así es como estos dos universos se unen.

Por: Enrique G de la G

El domingo pasado, la Academia le otorgó a Colette el Óscar al mejor documental corto. La noticia me voló la cabeza porque se trata de una coproducción de Oculus diseñada para el videojuego Medal of Honor. Es la primera cinta nominada a los Óscares producida en –o por– las industrias de los videojuegos y la realidad virtual.

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Y por si fuera poco, a los dos días Microsoft reportó que Minecraft –la marca más exitosa de la historia– tiene ya 140 millones de jugadores y mil millones de descargas.

No es de sorprender el auge de los videojuegos, pues la pandemia ha acrecentado el número de usuarios. El año pasado, esta industria facturó más que Hollywood y el streaming de películas y de deportes juntos. Si los videojuegos fueran una persona, serían la tercera más rica del mundo después de Jeff Bezos y de Elon Musk, con más de 150 mil millones de dólares. Y los números van a la alza.

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¿Qué implicaciones tienen los videojuegos en nuestra vida contemporánea? ¿Cómo han modelado nuestra era?

El padre de los videojuegos

En Berlín hay un museo dedicado a los videojuegos desde hace casi 25 años y se precia de ser el primero en el mundo. Quizá no sea casualidad que esté en Alemania, pues se considera a Ralph H. Baer (1922-2014) el padre de los videojuegos. Baer fue un judío que migró a los dieciséis años desde Alemania a causa de la persecución nazi.

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En 1951 ya tenía la idea de utilizar el televisor para jugar, después de observar cómo los utilizaban los militares para otros fines diferentes al de ver la tele. Y aunque un científico desarrolló un videojuego de tenis en un laboratorio, Baer creó la primera consola para jugar videojuegos en la sala de tu casa y la comercializó. El resto es historia.

En el libro All Your Base Are Belong to Us: How Fifty Years of Videogames Conquered Pop Culture, Harold Goldberg ha escrito que Baer transformó al televisor en una extensión del jugador. Nos habíamos convertido ya, sin saberlo, en un homo ludens digitalis.

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El motor de los videojuegos

Quienes jugamos con la Commodore o el Atari o las primeras Mac a mediados de los años ochenta recordamos la fascinación que representó Nintendo, con mejores gráficas, colores y sonidos, un sentimiento que se repite, crecido, con cada salto que da la tecnología.

Porque el motor de los videojuegos no parece ser el mercado en sí sino la experiencia estética y lúdica del jugador. La exigencia para que la experiencia del juego fuera cada vez más real impulsó el desarrollo de la tecnología. Sin los videojuegos, es probable que las gráficas, la animación y el material visual de las compus no hubiesen avanzado a la velocidad que lo hicieron.

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Esto me parece un rasgo increíble, pues los videojuegos nos devolvieron como sociedad al juego de la infancia, al aprendizaje jugando y al learning by doing, que hoy está bien visto, pero porque ya se nos olvidó que no siempre fue así.

Y Colette es la prueba de que los videojuegos están rebasando a la industria del cine por la derecha. Y si alguien sigue discutiendo que los videojuegos de guerra incitan a la violencia, ahí tienen un documental sobre el horror nazi como contrapeso.

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*Las columnas de opinión de Cultura Colectiva reflejan sólo el punto de vista del autor.

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