¡Laura sí está!

¡Laura sí está!

Por: Violeta Verdú -

El monólgo donde Laura Dern habla de la figura femenina y la figura materna en la sociedad es, probablemente, uno de los mejores discursos feministas que he oído en mi vida

¡Laura sí está! 1Foto: Shutterstock

Comentaba hace poco con unos amigos que durante el año pasado, dos discursos feministas me llamaron particularmente la atención (ésa es la buena noticia).

Uno era la nueva versión de la canción 19 días y 500 noches que formó parte del disco Sabina 70. Bajo la voz de la cantante española Travis Bird y con versos de Benjamín Prado, esta dupla, “rehizo” uno de los temas más famosos del cantante Joaquín Sabina titulándolo 19 días y 500 noches después.  En él, narra la versión de la chica que lo dejó y cuenta la experiencia desde su perspectiva. Era una respuesta fuerte, sensata, dura. Era la versión de por qué la chica lo abandonó, y no fue por mala –como llevábamos dos décadas suponiéndolo-, sino porque se cansó de aguantar las infidelidades y fiestas del hombre al que tanto amaba. Es una nueva versión muy siglo XXI, muy con voces femeninas de nuevas generaciones que desde la trinchera musical, responden: ahora me toca a mí. Es así como uno de los más grandes éxitos del cantante español migró para convertirse en algo que ya anda haciendo falta en el mundo: la respuesta de las mujeres. Si alguien tiene alma bohemia, pueden escuchar ambas versiones aquí: 

Por otro lado, charlaba sobre la sensación que tuve al ver el monólogo que interpretó Laura Dern en “Historia de un matrimonio”, donde interpreta a Nora Fanshaw, la abogada que está llevando el divorcio de los personajes, del lado, claro está, de la esposa (Scarlett Johanson).

Lo vi un domingo en la noche y me quedé helada. No solo porque Laura Dern ha figurado en mi catálogo de actrices favoritas desde tiempos remotos; sino porque el monólgo donde habla de la figura femenina y la figura materna en la sociedad es, probablemente, uno de los mejores discursos feministas que he oído en mi vida.

Me emocioné el domingo pasado que la vi ganar el Oscar. Me generó esa emoción que provocan los famosos, esa cosa rara que nos hace sentir “que ganamos”, que iremos a celebrar con ellos su victoria, que su triunfo es nuestro (fenómeno curioso el de la fama, pero eso es tema de otra entrega).

Laura por su tremenda interpretación me movió; pero la pulcritud con la que está escrito ese monólogo, la elegancia y la fuerza con la que habla del inevitable rol que nos toca por el simple hecho (¿o debo decir “pecado”?) de haber nacido mujeres. Estamos condenadas: a ser buenas madres, buenas esposas, buenas hijas, a no cometer errores, a intentar cada día ser, ser, y ser.

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Mientras escribo esto me basta con asomarme a los canales de noticias para ver la realidad: no hay grito feminista que detenga los asesinatos de mujeres en todo el mundo. No hay quien pare la violencia, las violaciones, las desapariciones. Y desde esta silla me pregunto, ¿qué hay qué hacer?

Las marchas no lo logran, los himnos tampoco, destruir monumentos, menos. Gritar, compartir una publicación, cuidarnos más, taparnos más… pareciera que nada de lo que nosotras, las mujeres hagamos, fuera suficiente para detener el monstruo de la violencia de género y el acoso en todas sus versiones.

Y sin embargo Laura Dern, el domingo pasado, me dio una señal de esperanza: agradeció a sus padres. “Sí, pensé, “ahí debe estar el meollo del asunto”. 

La descomposición social es tremenda, pero todo empieza desde la familia. El bien y el mal; la corrupción y la honestidad; la diferencia entre el blanco y el negro. Pareciera tan simple, y a la vez es tan complejo.

 Comentaba al principio de esta entrega sobre la buena noticia: encontrar dos gritos feministas elegantes, artísticos, impecables, duros. Aquí va la mala: los dos fueron escritos por hombres. ¡Vaya!

Pienso entonces que es hora de que todos, parejo, nos pongamos a trabajar. Desde nuestra casa, nuestras familias, desde nuestro rol de hombres y mujeres. No quiero pecar de romántica; pero me gusta creer que si empezamos a forjar a conciencia las bases del hogar donde vivimos podemos acabar con el monstruo. No desde afuera, sino desde las entrañas.

                                                                                                                     ¡Felices pasos!

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