Olvidar todo por un día

Olvidar todo por un día

Por: Andrea Muhech -

Lejos de contrarrestar los fenómenos que suceden con lazos sociales sólidos, agravamos los problemas existentes con lo divididos que nos encontramos

Olvidar todo por un día 1Foto: Shutterstock

Las dicotomías son parte del existir. Para todo fenómeno existe un contrario y evidentemente eso provoca divisiones y separaciones en el sistema. Esto se da por diferencias físicas e ideológicas que son, además de naturales, necesarias. No obstante, hasta dentro de esa necesidad y riqueza que proporciona la diversidad, se puede llegar a extremos nocivos para las sociedades. 

El conflicto es inevitable y especialmente hoy en día podemos ver en todos los medios de comunicación que las tensiones y separaciones están presentes globalmente por diferentes temas hasta el punto de saturar a los individuos de información negativa. Sin embargo, se nos hace normal verlo a lo lejos y ahora por desgracia lo tenemos en casa. 

Hasta podría apostar que quien que esté leyendo este texto e ingrese a cualquier plataforma de noticias internacionales, va a ubicar a México en los tópicos y lo que va a leer no es nada que lo vaya a hacer sentir orgulloso. Hoy por todos lados somos un “México lindo y querido” pero profundamente machista, homofóbico, misógino,  asesino, y dividido. ¿De verdad queremos ese país?

Acéptese o no, nos hemos convertido en lo que más criticamos y vivimos en una realidad que supera cualquier historia de terror. Por otro lado, lejos de contrarrestar los fenómenos que suceden con lazos sociales sólidos, agravamos los problemas existentes con lo divididos que nos encontramos. Al día de hoy, además de las dicotomías preexistentes y naturales de la sociedad, podemos agregar otras emergentes y completamente construidas que nos están destruyendo como la de que si eres feminista y participas en movimientos como el próximo paro nacional estás en contra de los hombres cuando es todo lo contrario. 

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¿Por qué llevamos todo al extremo? ¿Cuándo vamos a dejar de poner escudos y admitir que nos equivocamos? ¿Por qué tenemos que ser pro o anti? ¿Por qué estás nada más tú y el otro? ¿Cuándo vamos a dejar de echarle la culpa al vecino y reconocer nuestras carencias? ¿De verdad nos tenemos que identificar con un grupo? ¿No nos cansamos de luchar por demostrar que sólo nosotros estamos bien? La mayoría de las veces el problema no es el otro, el problema eres tú y todo lo que se te ha impuesto por la sociedad y has adoptado sin resistencia alguna. 

Hay situaciones en las que no se trata de ver quién tiene la razón, y que no se trata de decidir a qué “bando” perteneces. Existen momentos en los que hay que dejar de lado esas diferencias y dicotomías. Nuestro “México lindo y querido” se encuentra en un momento crítico en el que no es o blanco o negro y en el que no nos podemos dividir. El tema de hoy es un tema humano que trasciende cualquier situación política o social y en el que las dicotomías no funcionan. 

Ahora bien, ante el escenario en el que nos encontramos, llegó el momento de demostrar que aunque estemos divididos en ciertos aspectos, todos somos personas. Este 9 de marzo habrá un paro nacional y existe mucha incertidumbre sobre lo que sucederá después y controversia sobre quién participará o debería hacerlo. Hay veces en las que se requiere suspender el juicio y mirar las cosas desde afuera con más neutralidad. 

La vida o la muerte y la dignidad humana no son temas negociables, ni políticos, ni de religión, ni de liberales o conservadores, ni de pro o anti AMLO, ni de chairos ni de fifís, ni de ricos ni de pobres, ni de adultos ni de menores, ni de corruptos ni de rectos, ni de hombres o mujeres. El feminismo no es amigos contra enemigos o nosotras contra los otros, es unión contra un mal que está acabando con nuestro país. 

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El próximo 9 de marzo es la oportunidad que tiene la sociedad de demostrar que ese “México lindo y querido” pero machista, homofóbico, misógino, asesino, y dividido tiene el potencial de cambiar. Vayas a protestar o no, pienses que va a funcionar o no, o te identifiques o no con la causa, este puede ser tu momento de intentar aunque sea sólo por un día de suspender el juicio y de no ver al otro como un enemigo por más diferente que piense de ti. 

Si eres mujer y te quedas en tu casa, no juzgues a las que sí salieron, si tuviste que salir o quisiste salir, no critiques a las que no lo hicieron, si eres hombre y vas a participar, no hables de los que no harán nada al respecto, y si eres hombre y no participarás, no repudies a los que sí lo hagan. Dejemos de luchar ante el otro tan sólo por ese día, dejemos de juzgar al diferente por este momento para un tema de iguales, dejemos de ver todo con el mismo lente y olvidemos nuestras diferencias aunque sea por esta vez. 

Dejemos de darle más importancia a creencias y estereotipos impuestos que a la realidad y dejemos de valorar más lo material y las características físicas que la vida misma. Antes de criticar y de tomar cualquier causa o desecharla, infórmate. Antes de atacar, piensa, y antes de hablar, calla unos minutos porque te podría sorprender lo que puedes escuchar. Fíjate en ti, en la noción que tienes de lo que está bien y mal, y en qué camino vas. Mira hacia adentro, ¿de verdad eres tan diferente?

Si queremos un México en paz y un país seguro para todos, tenemos que comenzar por ser más empáticos y por dejar de ver al otro como enemigo. Este 9 de marzo en el paro nacional, siéntante a ver qué pasa en vez de criticar, dividir, y obstaculizar estés de acuerdo o no con el movimiento. Descansa sólo un día y te sorprenderás de lo que puede suceder cuando nos quitamos todas las máscaras de encima. Descansa, suspende el juicio, enfréntate contigo mismo y deja de sentirte atacado porque no todo se trata de ti. Ya que lo hagas, verás las cosas con más claridad. No se trata de dividir, sino de hacer todo lo contrario. 


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