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Alcohol, queso y otros alimentos que cambiaron la evolución humana

2 de noviembre de 2018

Beatriz Esquivel

Cada que domesticamos un alimento, éste invariablemente causa cambios en nuestro cuerpo y por lo tanto, en nuestra evolución como especie.


Somos lo que comemos: los cambios en la dieta humana han sido responsables de transformaciones en el cuerpo humano. Por ejemplo, es un hecho que incluir carne en nuestra dieta nos ayudó a nuestro desarrollo cognitivo, o que tener fuego para cocinar los alimentos y ablandarlos provocó que nuestras mandíbulas fueran considerablemente débiles comparadas con otros animales.



Por lo que no es de extrañar que actualmente nuestras dietas estén influyendo en el desarrollo de la especie y cambios en nuestro cuerpo, sin embargo, aún es demasiado pronto como para aventurar el tipo de cambios que experimentaremos. Lo que sí sabemos es cómo ciertos alimentos y bebidas nos han ayudado anteriormente, como el alcohol, el queso y la leche en el proceso evolutivo:



Trigo


La inclusión del trigo en forma de pan o galletas es relativamente nueva en nuestra dieta. Según datos del Smithsonian empezamos a almacenar y comer granos de trigo hasta hace 20 mil años. Este consumo a su vez ha disparado más casos de enfermedad celíaca, es decir, que son alérgicos al gluten pues no pueden procesarlo. Aunque no es que el trigo nos haya hecho más alérgicos, sino que esto ya ocurría, simplemente no era tan notorio dado que nuestro consumo era menor.




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Alcohol


En el caso del alcohol, éste fue seleccionado por la naturaleza durante los últimos 20 mil años, en específico cuando se trata del fermentado de arroz. Por ejemplo, en las culturas orientales es característico los rostros rojizos o sonrojados, que no es más que la reacción de la metabolización del alcohol en acetaldehído, una enzima que resulta tóxica. En ese sentido, en nuestra estructura de ADN se modificó para evitar que los humanos consumieran vino de arroz en exceso, aunque también se cree que el acetaldehído nos protegía de ciertos parásitos.


El estudio de esta relación ha sido extenso y se ha comprobado que hay coincidencias geográficas en la presencia de la mutación de este gen con la domesticación del arroz en ciertos sitios en China.





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Leche


La mayoría de los mamíferos consumen leche materna en sus primeros años de vida, pero ni bien alcanzan una edad adulta, dejan de consumirla, por lo que su cuerpo deja de producir lactasa, una enzima que nos ayuda a digerir la lactosa. No obstante, el consumo sostenido por varios años de la leche ha provocado que ciertas poblaciones del mundo cada vez sean más tolerantes a la lactosa incluso en la mayoría de edad.


«En al menos cinco casos diferentes, la población han ajustado el gen responsable de digerir es azúcar para que se mantenga activa en los adultos». Explica John Hawks, de la Universidad de Wisconsin-Madison.





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Queso


El queso va de la mano con la leche. Consumir la leche y tolerarla ayudó a que aquellos que necesitaban fermentarla y convertirla en queso o yogurt pudieran digerirlos. Al tiempo que el proceso de fermentación por sí mismo convertía las azúcares de la leche —entre ellas la lactasa— en ácidos, por lo que es más sencillo que alguien con poca tolerancia a la lactosa pueda consumirlos.


Sin embargo, en el caso de la leche y los quesos, los humanos hemos logrado sortear la selección natural y los genes que nos hacen intolerantes a la lactosa con productos deslactosados.




Así como los alimentos, otro tipo de actividades como la agricultura, cambiaron nuestra dieta y detonaron ciertos cambios corporales. Una hipótesis es que el color de piel de los humanos de Europa ha ido cambiando según la cantidad de vitamina D que recibían del sol y alimentos. Entonces, si bien en algún punto los europeos pudieron tener una piel mucho más oscura —que nos protege de los rayos UV—, conforme los humanos migraron hacia zonas con menos luz solar y más frías, su piel no necesitaba tanta protección, por lo que comenzó a aclararse.


Es en este punto en el que la alimentación contribuye a este cambio: si bien ya no necesitaban la protección contra los rayos UV, al hacer el cambio hacia la agricultura dejaron de obtener las vitaminas de sus alimentos, provocando que su piel se aclarara aún más. En otras palabras, la agricultura provocó que nuestra piel evolucionara a un tono mucho más claro. Sin embargo, sigue tratándose de una hipótesis, que requiere del estudio a conciencia de nuestros genes y nuestra historia.


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TAGS: Hombres Historia mundial comida
REFERENCIAS: Smithsonian Magazine. Science Mag

Beatriz Esquivel


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