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Los científicos que destruyeron fósiles de dinosaurios sólo para hacerse famosos

1 de febrero de 2018

Carolina Romero

La necesidad de ser reconocidos por sus logros los hizo competir hasta llegar al punto de caer en acciones violentas —y estúpidas— como sobornar, injuriar, chantajear y … destruir huesos de dinosaurios.



Humanos: tienen la capacidad de cambiar el destino del mundo gracias a su insensatez. A veces son las actitudes más torpes las que devienen en las proezas más sorprendentes. ¿Cómo explicar el avance de la medicina, la política, la física y la filosofía sino fuera por las pasiones humanas más oscuras?


Como muestra, esta historia cuyos protagonistas responden a los nombres de Edward Drinker Cope y Othniel Charles Marsh. Ellos tenían tres cosas en común: eran paleontólogos, eran brillantes y estaban ávidos de reconocimiento.

 


Al principio eran buenos amigos. Sin embargo, la envidia y los celos (una explosiva combinación capaz de destruir cualquier relación) terminó por alejarlos. La necesidad de ser reconocidos por sus logros los hizo competir hasta llegar al punto de caer en acciones violentas —y estúpidas— como sobornar, injuriar, chantajear y … destruir huesos de dinosaurios.


Aunque sí les interesaba contribuir de manera positiva a la ciencia, lo que en el fondo buscaban era la “supremacía paleontológica”, es decir, derrotar a su rival y ser la única autoridad sobre el asunto. Su sed por ganar ese apreciado lugar les llevó a recorrer gran parte del oeste de los Estados Unidos —sobre todo Colorado, Nebraska y Wyoming—gastando sus propios recursos en ello.

 

Cope fue un hombre que nunca encontró dificultades en la vida: nació en el seno de una familia rica de Philadelphia y estudió en la Universidad de Pennsylvania. Para algunos tenía un carácter imponente y extrovertido, pero para otros era francamente un científico pedante y egoísta.


 

Por otra parte, Marsh fue hijo de un granjero proveniente de Nueva York. No tenía dinero y sufrió muchas carencias durante su infancia, pero gracias a su tío —que contaba con una prolija fortuna— pudo estudiar en la Universidad de Yale. Era un poco más reservado pero su carácter también era explosivo, además de tener una gran habilidad para la política y, por ende, para la discusión.


 

Al final, ambos encontraron como resultado de su actuar una terrible consecuencia: un declive personal y financiero del que nunca se repusieron. Sin embargo, la ambición sirvió para algo: sin que siquiera se enteraran —pues ya yacían varios metros bajo tierra— dejaron sin abrir muchísimas cajas con toneladas de restos de fósiles. Muchos otros, lamentablemente, fueron destruidos. Sí, por envidia mutua. 


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¿Cómo comenzó todo?

 


Aún hay dudas al respecto, pues se llevaron a la tumba los pormenores de su relación. Se dice que todo comenzó por el fósil de un Elasmosaurus que, de manera orgullosa, Cope le mostró a Marsh un buen día. Sin embargo, éste notó un error: la columna vertebral estaba mal puesta. Cope no quería aceptar su equivocación y comenzó una acalorada discusión. Dado que ninguno de los dos cedía a su postura, llamaron a Joseph Leidy para que decidiera quién de los dos tenía la razón. Éste se la dio a Marsh. Desde entonces comenzó una rivalidad que no terminaría hasta la muerte.


La lucha por descubrir, describir y clasificar nuevos fósiles era tan desesperada que los llevó al borde de la locura. Se calumniaban, hacían distorsiones a sus resultados y cometían fraudes para deslegitimar al otro. 


Los tres exploraban como desquiciados; compraban a los colaboradores del otro para que les mandaran informes sobre las excavaciones y así publicarlos como propios; ejecutaban tareas de espionaje, transgredían la ley, robaban, obligaban a sus trabajadores a lanzar piedras a otros ayudantes... en fin, todo lo que tuvieran que hacer para que los demás no obtuvieran reconocimiento. Incluso destruían sus propios hallazgos por temor a que fueran hurtados por su oponente.


 

Al final, la vida no perdona y las consecuencias fueron catastróficas. Una de ellas fue que Joseph Leidy — importante paleontólogo y naturalista con una carrera prominente— decidiera abandonar las investigaciones: no tenía corazón y paciencia para ver cómo sus colegas se autodestruían: terminaron con toda su reputación social, se quedaron sin un centavo y tuvieron que vender sus propiedades.


La obcecación por ganar fue tan enfermiza que cuando Cope enfermó gravemente, donó su cerebro para que cuando muriera pudieran medirlo con el de Marsh y así "comprobar" que el suyo era más grande y, por tanto, más inteligente. Sin embargo —quizá por temor o por sensatez— Marsh no hizo lo mismo.


 

Esta historia podrá parecernos indignante o graciosa. Lo cierto es que nos muestra que detrás de la ciencia están los científicos: seres humanos imperfectos en busca de verdades absolutas. Personas de piel y hueso llenas de dudas y momentos difíciles, nada que ver con el ideal de hombres sabios y perfectos que tenemos en nuestras cabezas.


TAGS: Historia mundial Ciencia Datos curiosos
REFERENCIAS: The Academy of Natural Sciences The Vintage News

Carolina Romero


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