La científica que intentó revivir a su mejor amigo a través de la Inteligencia Artificial
Tecnología

La científica que intentó revivir a su mejor amigo a través de la Inteligencia Artificial

Avatar of Fabian Gutierrez

Por: Fabian Gutierrez

29 de marzo, 2017

Tecnología La científica que intentó revivir a su mejor amigo a través de la Inteligencia Artificial
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Por: Fabian Gutierrez

29 de marzo, 2017



En febrero de 2014 se estrenó el capítulo "Be Right Back", de la serie de ciencia ficción Black Mirror. En él, la protagonista, ante la falta de su recién fallecido novio, contrata un servicio de Inteligencia Artificial que primero simula los mensajes de texto, posteriormente las llamadas y, por último, al sujento en cuestión por medio de un androide, que si bien se expresa de manera similar a su novio ahora muerto, lo hace de manera indiferente y fría.


roman mazurenko inteligencia artificial


Si bien la serie se caracteriza por mostrar un futuro distópico, lo antes descrito no es por mucho una ficción. En 2015 la ingeniera rusa Eugenia Kuyda creó un bot de su amigo fallecido para que simulara su comportamiento. Los resultados fueron increíbles. Para lograrlo, Kuyda ideó una red neural al rescatar las conversaciones que había tenido con él y conformar una base de datos con cerca de 8 mil líneas de texto. Utilizó técnicas de deep learning y creó patrones que simulan el estilo de conversación de su amigo, cuyo nombre era Roman Marurenko.


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Mazurenko junto a Kuyda


Ante tal evento es natural cuestionarse si realmente el bot piensa como lo hacía Mazurenko o si sólo lo simula sin ningún conocimiento de causa. Considerando entonces una de las características de lo que es el deep learning (analizar patrones), se puede concluir rápidamente que solamente haya patrones de conversaciones (en la enorme base de datos con que se alimentó) e imita perfectamente a un sujeto específico. Sin embargo, la naturaleza del humano y lo que se define como "pensar" o "inteligencia" también se caracteriza por hallar patrones.

John Searle, en 1980, creó un experimento mental que comúnmente se denomina “la habitación china”, que dispone la siguiente situación:  en el espacio hay una máquina que traduce chino, por lo que tiene como input una serie de caracteres chinos y como output da la traducción en español. Por dentro se encuentra una persona totalmente aislada del exterior, equipada con diccionarios, hojas y manuales, por lo que al traducir no entenderá ninguna palabra. Si bien este experimento mental supone una crítica a la alta inteligencia artificial, que piensa y abstrae, no deja de ser parte de ser desconcertante el hecho de que se exprese como alguien que ya no existe. Un punto importante de "la habitación china" y su relación con el bot hecho por Kuyda radica en la intencionalidad, pues lo esencial en la comunicación y el entendimiento sólo se encuentran en la inteligencia del ser humano.

En el ejemplo del experimento no hay una intencionalidad, ya que el individuo dentro de la habitación sólo es un engranaje más en una enorme maquinaria y no tiene la menor idea de lo que está haciendo; por ende, tampoco hay un entendimiento. De esta forma el bot de Kuyda no parece demostrar que haya un entendimiento de lo que dice, dado que no cuestiona su naturaleza digital, y tampoco demuestra una intencionalidad, pues responde según un input y no muestra iniciativa en el proceso de comunicación.


inteligencia artificial
Traducción: "¡Hola! Este es un avatar digital creado en memoria de Roman Mazurenko, fundador y emprendedor cultural".


No obstante, que no haya una inteligencia como tal no quiere decir que no se dé un proceso de comunicación, pues que hay un entendimiento y una racionalidad en al menos una de las partes. Además, un aspecto que parece trascender en esta comunicación es lo referente a la capacidad que tiene la máquina de evocar nostalgia y a una memoria. Si bien el deep learning es una herramienta que está en auge y ha recibido un gran impulso en su investigación, hasta ahora nunca había apelado a un aspecto emocional. De esta forma surge la pregunta sobre qué se comunica cuando se comunica un humano con un bot, pues esto se refiere a una base de datos que encuentra patrones y contesta de forma asertiva y correcta.

Es importante comentar, a manera de conclusión, que estos avances tecnológicos tienen que verse más allá de su capacidad técnica. Si bien es importante el avance evidente en un bot capaz de simular el comportamiento de un humano, no hay que dejar a un lado cómo las personas están dispuestas a usarlo según sus necesidades. En este caso se enfatizó el desarrollo nostálgico y humano. Ante esto, queda una pregunta en el aire: ¿qué es lo que realmente nos hace humanos? Si hoy una máquina puede emular nuestro comportamiento, puede entonces simular nuestra humanidad y, eventualmente, ¿ser un humano?

***

El futuro tal vez no sea como lo imaginamos, pero lo que es cierto que la humanidad se encamina hacia un escenario en el que robots y personas estarán vinculados en muchos aspectos de la vida diaria.


Referencias: