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Por qué cambia el comportamiento según el tipo de alcohol que consumas

27 de noviembre de 2017

Carolina Romero

Según este estudio, beber licores te hace más agresivo, mientras la cerveza te relaja más.



«La extraño mucho, ella también debe extrañarme mucho. Sí, ya sé que está saliendo con alguien, pero no me importa, sé que me ama y que es el amor de mi vida. Debe saberlo». Eso es lo que piensas en una noche de borrachera antes de marcarle a tu ex. No eres tú, es lo que el alcohol produce en ti.



Si te das cuenta, no lo haces al comienzo de la fiesta sino al final, debido a que los primeros tragos proporcionan euforia, mientras en la segunda ronda, viene un proceso de depresión.


De manera inevitable, las emociones están íntimamente relacionadas con el consumo de alcohol: se bebe por que se está feliz, porque se está triste, por haber tenido un día donde todo sale mal o porque se está saturado de frustración. Un estudio dado a conocer por el British Medical Journal BMJ Open reveló que las emociones que surgen durante el consumo de alcohol dependen del tipo que se ingiera.



El método para llegar a esta conclusión fue un cuestionario que estuvo en línea durante 3 meses, que respondieron 29 mil 836 personas de entre 18 a 34 años de 21 nacionalidades diferentes. Todos ellos contestaron cómo se sentían cuando bebían cerveza, licores, vino tinto o blanco. Las categorías de ánimo fueron: con energía, relajadas, sexys, seguras, cansadas, agresivas, enfermas, inquietas y deprimentes.


El 29.8 % de los encuestados reportaron sentirse agresivos al beber licores, pero sólo el 7.1 % lo sintieron al beber vino tinto. Esto bien pudo suceder porque el vino tiene melatonina, una sustancia que propicia la relajación. Sin embargo, aunque la cerveza no tenga este componente, el 50 % de las personas encuestadas informaron que al beberla se sintieron calmadas y apacibles.


Mientras, más del 58 % de las personas dijo sentirse con energía después de un trago de alcohol fuerte y el 59 % dijo que luego de unos tragos tenía más confianza. Además, 42 % de las personas afirmaron que con licores fuertes se sentían más sexys, cosa que ocurrió en menor medida a los que bebieron cerveza.


La razón científica


Según esta investigación, la razón no estriba tanto en la sustancia como tal, sino en el contexto. Por supuesto, todos los tipos de licores, destilados y fermentados tienen una cantidad diferente de alcohol, lo que varía la experiencia; no obstante, al mezclarlo con bebidas azucaradas, energizantes e incluso comidas, las emociones cambian.


Aunque el estado de embriaguez siempre es el mismo —es decir, en determinadas cantidades se siente igual sea cual sea la bebida que se elija— dependerá del día, hora y situación del consumo: no es lo mismo tomarse una copa de vino un lunes después de un día pesado de trabajo a beber un shot un sábado por la noche. En el primero, puede producir somnolencia y en el segundo, el impulso para continuar la fiesta por el resto de la madrugada.



El día, la hora y el lugar donde se bebe son factores fundamentales para determinar qué tipo de emoción se desarrolla. Lo que es innegable es que el etanol altera de manera significativa los neurotransmisores y funciona como depresor del sistema nervioso central. Al mismo tiempo, aumenta la segregación de dopamina, por lo que el cerebro se ve impulsado a consumir más.


Así, se crea una poderosa emoción entre relaciones y el consumo de alcohol. Incluso las personas que mostraron una dependencia al alcohol, resultaron tener mucha más susceptibilidad a las emociones —tanto positivas como negativas—al beber. Pese a que el alcohol reduce temporalmente las emociones negativas, irónicamente es el factor principal para beber.



Según esta investigación, el consumo de alcohol es el responsable de 3,3 millones de muertes al año y un 5,1 % de la carga mundial de enfermedades y lesiones están relacionadas con esta bebida. Debe recordarse que el alcohol es un depresivo del sistema nervioso, por lo que el cansancio, la agresividad, la inquietud y el llanto aparecen a menudo.


El día, la hora y el lugar donde se bebe también es un factor fundamental para determinar qué tipo de emoción se desarrolla. Resulta innegable que el etanol altera de manera significativa la conexión entre neurotransmisores, cuyos efectos se manifiestan de manera notable al hablar con torpeza, caminar y pensar con claridad. Sin embargo, al aumentar la segregación de dopamina el cerebro se ve impulsado a consumir más.



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Desinhibición, euforia y llanto. En suma, momentos de confusión. El alcohol en el organismo lo altera todo, desde lo físico hasta lo emocional. Sin embargo, parecen ser justo esos efectos los que buscan las personas que lo consumen. Beber es una alternativa para millones de individuos que intentan salir de sí, hacer cosas que sobrios no se atreverían a hacer, olvidarse de los problemas, liberar tensiones, buscar el placer por el placer mismo: nada mal para una personalidad emocionalmente inestable.


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Conoce más sobre los efectos del alcohol en tu cuerpo luego de leer "¿Qué pasa con tu cuerpo en una noche de fiesta?" Descubre las "12 razones científicas por las que no querrás volver a drogarte" en tu vida.


TAGS: Cerebro Ciencia Datos curiosos
REFERENCIAS: Popular Science BMJ Journals

Carolina Romero


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