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Cómo funciona la mente de un envidioso

23 de mayo de 2018

Diana Garrido

No es que desees lo que otros tienen, más bien, te hace feliz que a los demás les vaya mal. Así funciona la mente de un envidioso.



En muchos hogares de América Latina es normal entrar y que el primer recibimiento sea una sábila, planta que, postrada en una maceta, se erige con singularidad en la esquina. Algunas tienen listones rojos colgando de sus hojas y otras son resguardadas por monedas que evocan abundancia y buena fortuna. Sin embargo, hay ocasiones en las que no importa cuantas monedas o lazos haya en la planta, ésta comienza a pudrirse. Eso, en el mundo del esoterismo, se interpreta como la absorción de envidias, es decir, la función de la sábila es recoger el sentimiento de otros hacia lo que se obtuvo en aquel lugar.


Por ello es fácil escuchar un «se está pudriendo, seguro está recogiendo las envidias de los vecinos». En realidad este gesto, más allá de ser algo verídico o no, es una señal de que el mundo se rige por la envidia y el egoísmo. ¿Cuál es el afán de protegerse de lo que digan los vecinos? ¿Para qué encontrar un amuleto que ponga una barrera entre el bien y el mal? Es sencillo, la envidia es maliciosa y por ende, aquel que siente envidia, comienza a llenarse de maldad.




¿Qué es la envidia?


Si tuviéramos que definirla como tal, en primera instancia pensamos en desear lo que otros tienen y que por circunstancias ajenas, no se tiene. Se lee lógico, ya que, si no se posee algo que se desea con insistencia, es normal percibir recelo por alguien que sí lo posee; no obstante, no es del todo así.



La envidia es tener el deseo impetuoso de ver mal a otra persona, gozar con el sufrimiento de que éste necesite algo y no pueda materializarlo.



La envidia se entiende como un complejo de inferioridad; por ello es un suceso caótico cuando se da de manera jerarquizada, es decir, cuando el inferior supera a alguien que se encuentra en la cúspide de la pirámide. De igual manera, hay otros tipos de envidia como la que se le tiene al amigo, misma que puede ser aún más destructiva que la de los enemigos. Por esto mismo la reacción al sentimiento es mucho más intensa en ciertos casos y en otra, resulta mucho menos grande.



Existen varios tipos de envidia


La benigna: ésta es la famosa "envidia de la buena", que se da cuando existe admiración y en lugar de provocar llanto, desconcierto u odio, genera una especie de motivación que incita a cada persona a superarse a sí misma.


La maligna: se da, principalmente, cuando existe una conducta inmoral hacia aquello —o aquel— que se envidia. Cuando convergen en un mismo espacio hay hostilidad, deshonestidad y hasta odio. Se infravalora su trabajo, se pone en entredicho su ética y provoca desacuerdos.



En ambos casos, la mente de los envidiosos funciona igual, no importa si es buena o mala, siempre habrá un factor que lo defina y es negativo. La diferencia está en la forma en que dice, pero en los dos casos evidencian un deseo de dejar al otro con menos ventaja.



¿Existe un momento de éxtasis?


Sí y se le llama Schadenfreude, término en alemán para definir ese punto tan cruel en el que el otro termina perjudicado por sus propias acciones. Es una satisfacción tan grande como el sexo, como el comer bien después de una día sin haber probado un sólo bocado o como beber litros de agua luego de haber hecho 3 horas de ejercicio. Sin embargo, cuando las personas quieren externar cierta empatía, intentan ser amables y decir palabras de aliento que terminan por convertirse en un sentimiento que mezcla lástima y satisfacción.




¿Cómo funciona la mente de un envidioso?


Es sencillo. Si gana, se siente feliz, pero si el rival pierde, el éxtasis es aún mayor. Como dijimos con anterioridad, la envidia se basa en el placer que brinda la desventura del otro. Según un estudio realizado en Israel, los envidiosos gozan con la pérdida más mínima del opositor, puesto que la recompensa es el placer.


Ante ello, no hay cura. No es que sea una patología, pero tampoco es una actitud por la que queramos ser reconocidos y recordados. A través de diversos estudios psicológicos se ha determinado que la única forma de prevenirla y evitarla es a través de la educación desde pequeños, pero, desafortunadamente es biológico, vive en los genes. Recibir placer es algo natural y por consiguiente, viene de lugares precisos para cada quién.



Ser envidioso no es tu decisión, vive en ti como respuesta a diversos estímulos. No hay manera de evitarlo, pero sí puedes reducir tu comportamiento. No hay daño en ser envidioso, pero sí lo hay en las consecuencias posteriores. Tampoco es un ente que está en flotando en el aire que atrapa una sábila con listones, pero sí es una actitud que se debe evitar en medida de lo posible, en especial si la convivencia social es primordial en la vida.


TAGS: Mente Cerebro cuerpo
REFERENCIAS: El País Investigación y Ciencia

Diana Garrido


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