Conectados pero solos: ¿La tecnología produce soledad?

Lunes, 1 de octubre de 2018 18:08

|Victoria Navicelli
consecuencias emocionales de la tecnologia y las redes sociales

Descubre las consecuencias emocionales de la tecnología y las redes sociales para que no te sientas el único si el uso de ellas te provoca sentimientos de soledad.

Las redes sociales nos hacen sentir que estamos conectados con el mundo. Pero, mientras más nos sumergimos en el universo virtual, más alejados estamos de lo real, hasta llegar al punto de caer en una de las consecuencias más temidas de la era tecnológica: la soledad. 


Siempre se dijo que el ser humano es un ser social por naturaleza, necesitamos estar conectados con los demás y las relaciones que entablamos son una prueba de ello: sea donde sea que estemos sembramos vínculos que, con el tiempo, se transforman en nuevas amistades. Pero, en el otro extremo, están aquellos que no encajan en esa “regla humana”, aquellos que viven en soledad incluso estando conectados con el mundo a través de la tecnología.



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¿Esto se relaciona con sufrir soledad? Por soledad se entiende la ausencia de compañía, y ésta depende de la percepción que cada individuo tiene de las relaciones que mantiene. Guillermo Morales, psicólogo, afirma que la soledad es un sentimiento que toda persona experimenta en algún momento de su vida, “el problema radica cuando esto se mantiene en el tiempo, considerando que esta insatisfacción puede afectar severamente la salud psíquica y física”.


La tecnología llegó para conectarnos con el mundo y ha modificado las formas de relacionarnos, “una persona puede estar en contacto con cientos de otros en el mismo momento, tener miles de “amigos” en diferentes plataformas, pero, sentirse solo, más allá de ser parte de la gran era de la comunicación”. Morales sostiene que las redes sociales están pobladas tanto por aquellos que “son sumamente extrovertidos y que les gusta conocer gente y alargar su lista de contactos sin salir de casa”, que van un paso más allá y tarde o temprano, se vinculan en la vida real con algunos de sus “amigos virtuales” y aquellos que, con perfil bajo –timidez, poca confianza, baja autoestima o el nombre que quieran ponerle- se refugian en las redes y simulan una vida que no tienen como una escapatoria a la tan temida soledad.  


Para Juan Manuel Martínez, psicólogo y psicoanalista, “la tecnología llega como anillo al dedo ante este problema”, ya que cada generación ha tenido su propio problema social relacionado al desarrollo tecnológico, lo que se refiere a que la tecnología es una reacción a una problemática, no la causa:“La desintegración de la familia en los 60 no se dio por la televisión, sino que la televisión llegó como anillo al dedo a esa desintegración que ya había. Esa es la forma correcta para pensarlo y, en ese sentido, WhatsApp y Facebook –entre otras redes- entran perfecto para estos problemas de soledad que vivimos”. Martínez destaca con firmeza que sostener que la tecnología es la que produce soledad “es ser muy ingenuo”.



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Está demostrado que el uso de las redes sociales ha crecido considerablemente en estos últimos años y esto se vincula con que, pasamos por la vida moviéndonos con dispositivos que nos hacen sentir que estamos conectados con el mundo. Es muy común encontrar a una misma persona en por lo menos cuatro plataformas sociales diferentes y si bien cada una tiene su propio objetivo, las personas administran su tiempo para estar presenten y activos en todas y cada una de ellas. ¿Esto está mal? Algunos profesionales dirán que sí, ya que el abuso de la tecnología puede ocasionar problemas de salud como malos hábitos de alimentación y de descanso, sedentarismo, ansiedad, estrés y hasta depresión”, dice Morales.


Hoy, hay generaciones que hacen todo a través de Internet porque de alguna manera “la tecnología nos define -y mucho-, se vuelve una forma de interacción que en esta época es central”. En las redes nos encontramos de todo y con todo: quienes buscan pareja o una relación pasajera, amigos o vínculos sociales esporádicos, trabajo, engaños, pero “existen aquellos que a pesar de estar en las redes -y de manera permanente-, se sienten en soledad y permanecen en soledad. Y creo que, a ese nivel, las redes, como Instagram, potencian ese problema ya que presentan una falsa idea de intimidad y muestran lo que el otro quiere ver, un mundo no real. Las redes muestran una realidad cuidadosamente mostrada y montada”, agrega Martínez; los cuerpos están cada vez más lejos, pero las mentes se conectan. 


Para Morales, en cambio, percibir como sufrimiento -o como algo malo- la idea de los cuerpos aislados tiene que ver con una incapacidad de estar solo, “de no gozar de la propia compañía, de saberse solo y estar consigo mismo o misma”. Entonces se suele acudir a otras personas para sentirse de alguna manera acompañados y el error está en caer en la trampa de “la relación por interés –por miedo a estar o quedar solos- utilizando al otro –digamos de alguna manera- como un objeto para satisfacer necesidades individuales de estar en contacto con alguien”. El meollo de la situación está en la percepción que cada quien tenga de las relaciones que establece –ya sea en el mundo virtual o real-, porque se puede estar en soledad usemos o no las plataformas sociales. 



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En este mundo de hiperconexión se nos dice que “no estamos solos y, ahí radica el problema. No se nos ha enseñado a estar en soledad”, dice Morales. Muchas veces esta idea de “estar con uno mismo es mal vista y terminamos ignorándonos a tal punto que creemos que estar solo está mal y es cuando empezamos a sentirnos así”.

Por otro lado, Juan Manuel sostiene que la tecnología tiene un efecto en sentido doble: “Por un lado, aleja cuerpos y, por otro, acerca mentes. Entonces tienes una sociedad que, corporalmente, está cada vez más aislada pero se da una conjunción de pensamientos que se encuentran virtualmente y que terminan siendo fructíferos”.


¿Por qué muchas personas se sienten solas estando conectados en la red? Las respuestas pueden ser tantas como personas existen en el mundo, ya que tiene mucho que ver la personalidad, crianza, estilo de vida y demás factores pero hay algo que es fundamental en toda relación humana: el contacto cara a cara. El mirarnos al hablar “genera una sensación de seguridad y confianza, o por lo menos de cercanía, porque nos estamos viendo. Pero si este contacto no existe, algunas personas pueden desarrollar sentimiento de soledad o aislamiento”. Cabe destacar que, en la sociedad actual, muchas veces estamos en reuniones con amigos, familiares, compañeros de trabajo, etc., en los que estamos frente a frente, mirándonos a los ojos pero la tecnología ahí presente desvía la atención –y la mirada- a los dispositivos que nos acompañan todo el tiempo. 


En la era de la tecnología, las mentes interactúan de una manera jamás pensada. “Hay una conexión importante de las mentes y aquellos que no están preparados para el aislamiento de los cuerpos están propensos a vivir una soledad que nunca antes se ha visto y, por ende, niveles de depresión que no se han visto nunca”, resalta Martínez. Si bien este profesional insiste en que “la causa de esta situación no es la tecnología sino una postura filosófica que lleva más de 150 años que termina en eso, en que cada uno de nosotros está aislado de los demás”.



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Asimismo, profundiza la problemática destacando que “la tecnología no te va a hacer tener más amigos, porque la tecnología no puede resolver asuntos filosóficos. La tecnología opera muy bien en cuestiones estrictamente técnicas, pero no puede resolver problemas filosóficos y la soledad no es un problema técnico. Nuestra soledad es un problema filosófico. Hasta que no rompamos la idea de que estamos solos en el mundo seguiremos igual con tecnología o sin tecnología y seguiremos tildando a aquel que necesite de los demás como una “especie de loquito”. El sociólogo Emanuel Fuertes, coincide en que “socialmente se ha instaurado una metodología de vivir que gira en torno al poder individual”. O sea, “uno puede solo”.


Cualquiera que abriera los ojos, se daría cuenta que necesitamos de los demás. Negar eso es una forma ridícula de falsear el problema del contacto. Nadie dice que el contacto entre humanos sea algo sencillo, lo que digo es que escaparse a la soledad no es la solución”, afirma Martínez. Y esto opera muy fuerte en la sociedad ya que, “aquel que necesita de los demás es visto como una persona dependiente, insegura e incluso inmadura pero, ¿acaso no somos seres sociales?”, se pregunta Fuertes. En contraposición, surge esta idea de que “yo debería poder solo y si esto no así es porque algo malo ocurre”.


Pero no todo es tan malo, el psicólogo y psicoanalista destaca que aquellos que están en el callejón sin salida del aislamiento impuesto socialmente, “les hace falta reconocer el peso de un discurso que ha caído sobre su cabeza que sostiene que uno debería poder solo y que les ha hecho creer que aislarse cada vez más (aunque no sea voluntariamente), es una forma de demostrarle algo a alguien cuando en realidad, sigue en relación con los demás aun cuando el cuerpo esté aislado.



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Parece que la capacidad de superar esta crisis de soledad es una cuestión generacional ya que, quienes llevan más tiempo sobre la Tierra están destinados a sufrir de manera doble, mientras que las nuevas generaciones sí podrían estar más preparadas para ese mundo de cuerpos aislados, ya que conciben la separación corporal como algo natural porque las limitaciones espaciales no están en su mente. Es decir, “si un niño quiere hablar con alguien que vive lejos, simplemente toma el celular y lo llama. No tiene ningún conflicto espacial. Entonces, seguramente pueda relacionarse mejor aún con el aislamiento”, ejemplifica Martínez.


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REFERENCIAS:
Victoria Navicelli

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