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TECNOLOGIA

Hemos contaminado el océano profundo con radiación y otras catástrofes humanas

Alrededor de 500 bombas nucleares han sido explotadas en nuestra historia, repartiendo la radiación hasta los lugares más inauditos del planeta.

Este artículo fue escrito originalmente por Beatriz Esquivel el 4 de junio de 2019

Desde hace unos años, con el entonces estreno y la calidad de la serie Chernobyl hemos vuelto a ser testigos de todo lo que el ser humano ha hecho que ponen en riesgo al planeta Tierra, del mismo modo ha vuelto a poner en la mira algunos de los graves efectos que la radiación tiene no sólo sobre la salud humana, sino el medio ambiente, sin embargo, la explotación de la energía nuclear no es la única fuente de contaminantes que el humano ha causado.

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Al tiempo que como sociedad empezamos a aprovechar la energía que los reactores nucleares crean, también experimentamos con una versión mucho más violenta y peligrosa: la creación de bombas atómicas y los ensayos nucleares ya fuera en zonas alejadas de ciertos continentes, o bien en los océanos. 

Chernobyl (2019). / Foto: Esquire.

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La Guerra Fría destacó principalmente por la carrera que Estados Unidos y la antigua Unión Soviética desarrollaron, ya fuera en ámbitos como la carrera espacial o el desarrollo de armas cada vez más potentes que probaran su poderío y aseguraran la victoria en caso de que la guerra bélica se desatara. 

De acuerdo con los datos de la Agencia Internacional de Energía Atómica, en un lapso de 18 años, a partir de 1945, fueron detonadas 500 bombas nucleares, elevando de tal forma la cantidad de carbono-14 que se producía naturalmente. Los ensayos se detuvieron después de que en 1963 se aprobara una prohibición de las pruebas atmosféricas o bajo el agua. 

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Toma de la primera prueba atómica, “Trinity” de 1945. / Foto: Wikimedia Commons. 

Sin embargo, el daño de las pruebas nucleares ya estaba hecho y en la actualidad quedan rastros de éstas. 

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En el océano profundo

Por ejemplo, los científicos y biólogos han encontrado que en las partes más profundas del océano, que suponen ser los lugares más prístinos del planeta, hay residuos del carbono-14. 

En las profundidades es posible encontrar a los anfípodos, que son pequeños crustáceos que se alimentan del lecho marino. Estos animales actualmente son la muestra de cómo nuestra actividad afecta a toda la cadena alimenticia y en general a cada rincón de la Tierra, puesto que después de que un grupo de investigadores chinos los analizaran, encontraron que su tejido muscular, así como sus vísceras cuentan con un nivel elevado de carbono-14

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Foto: Wikimedia Commons.

«El carbón viene en diferentes variedades según la cantidad de neutrones que tiene en su núcleo atómico. Cerca de uno de cada billón de átomos de carbono en la Tierra tiene dos neutrones adicionales. Esta forma, conocida como carbono-14 ocurre naturalmente gracias a las partículas atómicas de alta velocidad del espacio profundo que se introducen en los átomos de nitrógeno. Pero a mediados del siglo XX, los humanos duplicamos la cantidad de carbono-14 en la atmósfera». Christopher Crockett para Smithsonian Magazine.  

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Esto prueba cómo lo que ocurre en la superficie de los océanos también cambia la composición del lecho marino y de las especies marinas que allí viven, dejando en claro que nuestra existencia está más ligada de lo que podríamos imaginar. 

En el hemisferio norte 

La mayoría de las pruebas nucleares se realizaron en el hemisferio norte, provocando que entonces éste se encuentre más contaminado con los isótopos radioactivos, así como del carbono-14, del mismo modo, accidentes nucleares como el de Chernóbil y Fukushima han contribuido al incremento de la contaminación. 

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“Baker Shot”, prueba nuclear de los Estados Unidos en 1946 en el Atolón Bikini. / Foto: Wikimedia Commons. 

Contaminación de la vegetación 

Así como ocurre en los océanos, en la superficie terrestre la vegetación absorbe la radiación remanente de las pruebas. Tal contaminación puede propagarse cuando los animales se alimentan de dichas plantas y después los humanos consumen algún producto derivado del animal o si consumen la vegetación contaminada directamente. 

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Operación Buster-Jangle, en Nevada, Estados Unidos, 1951. / Foto: Wikimedia Commons. 

El costo humano 

Es imposible no mencionar el efecto que este tipo de experimentación tiene sobre la población humana. Cuando la exposición a la radicación es muy alta, ésta provoca la muerte de las células, lo cual lleva al deterioro y muerte de tejidos como la piel. Sin embargo, cuando la exposición a la radiación es limitada y no mata todas las células, por lo general se desarrolla cáncer, en específico existió un elevado número de casos de cáncer en la tiroidesPrueba francesa en 1968 en el Atolón de Fangataufa, en la Polinesia Francesa. / Foto: Science

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Los efectos de nuestros experimentos con la energía nuclear y su potencial bélico son mayores y, por desgracia, tienen una gran longevidad en nuestro planeta, por lo que pueden pasar décadas antes de que zonas completas y poblaciones (humanas o animales) dejen de estar expuestas a la contaminación por radiación. 

Foto en portada: Prueba del Atolón Bikini colorizada. Fuente: Reddit - u/timehack.

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