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Qué tan apestosos son tus pedos y otras cosas que no sabías

14 de abril de 2018

Diego Cera

El ser humano es majestuoso, inteligente y una envidiable máquina de hacer gas como ninguna otra.



Si nos paramos frente a un espejo, sin duda quedaremos convencidos de que nuestro cuerpo es un templo como ningún otro. Hermoso y casi perfecto, esa estructura de carne y huesos guarda también su lado amargo, pues como todo palacio majestuoso, su existencia implica un desagradable proceso de limpieza continua que en cuanto ocurre le quita todo el esplendor que había ganado sólo con pararse frente a nuestros ojos. La digestión, por ejemplo, es uno de estos sucios procesos.



Cuando inicia el proceso digestivo no es ningún problema. A todo mundo le encanta comer y sentir en su lengua una infinidad de sabores que nos convencen de que aún nos quedan muchas cosas por probar. Sin embargo, una vez adentro del cuerpo, todo lo que ingerimos en forma de deliciosa comida se convierte en una masa pastosa desagradable a la vista y sobre todo al olfato: por supuesto, sabemos que su inevitable final es terminar como excremento en el fondo de una taza de baño, aunque antes de que eso siquiera ocurra, nuestro cuerpo manda una serie de señales que nos indican que la digestión está a punto de terminar.


Los pedos, esos curiosos aires que salen de nuestro trasero y que a veces nos causan más risa que pena, han sido desde siempre objeto de risa e incluso de juguetes que aseguran diversión con sólo emular su sonido. Pero la verdad detrás de estos gases es que pueden decirnos más de nuestro cuerpo de lo que nosotros pensábamos, ¿o qué, pensabas que los perros se olían las colas sólo como deporte?


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Sí, son flamables


Aunque quizá lo mejor es que te olvides de la idea de ser una especie de turbina humana, puesto que el fuego saliendo de tu trasero podría provocarte quemaduras graves en el ano e incluso en el intestino.



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Somos de los animales más pedorros


Mientras que las termitas ocupan el primer lugar en la lista de los animales más flatulentos del mundo, los humanos ocupamos los puestos ocho y nueve en este ranking de gases. ¿Por qué dos lugares? El ocho sólo corresponde a los vegetarianos.



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Somos productores de gas natural


Una persona promedio produce un aproximado de medio litro de gas al día, lo que equivale a 14 pedos repartidos durante 24 horas.



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Asesinos silenciosos


Entre menos ruidosos sean los gases, su concentración de olores será mucho mayor y como consecuencia, el olor que producen también será mucho más fuerte.



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Alimentos musicales


En efecto, los frijoles provocan una cantidad importante de gases en tu organismo, pues éste no está diseñado para procesarlos correctamente. Además de los frijoles, el maíz, el pimiento morrón, el huevo, la cerveza, el ajo, la leche y el pan son otros de los productos que pueden causar gases estomacales.



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A toda velocidad


Un pedo sale de tu cuerpo a una velocidad de 11.27 Km/h y a una temperatura de 37º C.



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No son nocivos


Aunque llenaras una cabina con tus propios pedos y te metieras en ella por un par de minutos, no sufrirías ningún daño considerable... excepto por soportar el olor.



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Inmortales


Una persona puede seguir tirándose pedos aun después de la muerte. Sobre todo cuando se encuentra en descomposición.



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No conocen fronteras


Todo eso de que las mujeres no son seres gaseosos es una completa mentira; los pedos no saben de género, así que es muy posible que tu pareja gane una competencia de gases.



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Son objeto de fetiches sexuales


La fijación de inhalar los pedos de tu pareja es conocida como flatofilia, también conocida como eproctofilia.



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Un saludo fraterno


La tribu amazónica de los yanomami se saluda tirándose pedos.



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No son submarinos


Es imposible tirarse un pedo a partir de los 20 metros de profundidad.



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No importa cuántas veces escuches a alguien decir que nunca se ha tirado un pedo, pues serán las mismas que te estará mintiendo de la manera más descarada posible. Las flatulencias son quizá las cosas más democráticas sobre la faz de la tierra; desde el recién nacido hasta el hombre más anciano, absolutamente todos pedorrean y eso es algo que seguirá así hasta el final de los tiempos.


TAGS: salud comida cuerpo
REFERENCIAS: Notinerd

Diego Cera


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