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Dónde se encuentran las emociones y por qué todos sentimos de formas distintas

3 de julio de 2018

Hegel Rivera

¿Será el cerebro —y sus cientos de enigmas que apenas comenzamos a develar— los culpables de que todos reaccionemos y sintamos de formas tan distintas?



Todo lo que sentimos tiene una relación con la química de nuestro cerebro; pero como dice el dicho, cada cabeza es un mundo y cada cerebro es distinto. ¿Será por ello que existen tantas diferencias entre las personalidades de cada individuo que nos rodea? ¿Será el cerebro —y sus cientos de enigmas que apenas comenzamos a develar— los culpables de que todos reaccionemos y sintamos de formas tan distintas?


La principal división del cerebro es derecha e izquierda. Y pese a que cada hemisferio debe llamarse cuadrisferio —por representar la cuarta parte de una esfera—, el término hemisferio ha prevalecido y probablemente prevalecerá a lo largo de la historia. Es bien sabido que cada hemisferio trabaja de manera independiente; mas el trabajo individual de cada hemisferio permite la interacción del individuo con el entorno. Además, sabemos que las emociones son generadas en el cerebro y son indispensables para el aprendizaje. ¿Pero será que el cerebro entero asimila todas las emociones o es que cada hemisferio procese distintas?





La personalidad es en realidad un conjunto de procesos mentales que diferencian a cada ser humano en la Tierra, y difícilmente hallaremos otra persona con los mismos rasgos de personalidad que nosotros. Pero al fin y al cabo somos humanos con características muy similares. Desde tiempos antiguos hemos tratado de darle un orden a la personalidad, sólo que han sido muchos los intentos por clasificarla y ninguno es claro. Existen clasificaciones que van desde el tamaño y forma del cráneo, pasando por los rasgos físicos, hasta terminar en clasificaciones exclusivas a términos intangibles. El problema es que todos esos aspectos y factores son expresados en la personalidad de cada individuo sin que los comprendamos de manera contundente.


Existe, por ejemplo, una clasificación que divide a la población en personalidad tipo A y personalidad tipo B. Las personas clasificadas con la personalidad tipo A son personas que trabajan principalmente con el hemisferio analítico izquierdo; y las personas con personalidad tipo B son personas que utilizan preferentemente el hemisferio integrador derecho. Además, la sociedad actual vive en un mundo hecho para diestros. Eso y nuestra predilección por el pensamiento científico son muestras irrefutables de que vivimos en una sociedad esclavizada por el hemisferio analítico izquierdo.





Las personas con personalidad A son personas que tienden a ser delgadas y viven con mucho estrés, angustia y siempre tratando de hacer las cosas lo más rápido posible. Las personas con personalidad tipo B son personas que preferentemente tienden a engordar, además de que permiten que la vida siga su flujo; generalmente llegan tarde a sus compromisos y tienen una existencia bastante tranquila en comparación con la personalidad A. Esto no quiere decir que la gente está toda la vida con una personalidad o la otra, pero la mayor parte de su vida tienden a reaccionar con la personalidad tipo A o tipo B, dependiendo qué parte del cerebro sea dominante.


Una de las clasificaciones que ha prevalecido durante milenios en la historia de la humanidad es la teoría aristotélica de los cuatro humores. Para su tiempo, Aristóteles relacionaba cada personalidad con un tipo de fluido corporal, de esta manera la sangre la relacionaba con el temperamento sanguíneo, la bilis negra produce un temperamento melancólico, la bilis amarilla se relaciona con el temperamento colérico y la linfa con el temperamento flemático. Hoy sabemos mediante diversas fuentes que son cuatro las emociones básicas y es posible concatenar cada una de las emociones con un temperamento. Los temperamentos son las emociones de fondo; una emoción de fondo es un estado de ánimo que perdura una cantidad considerable de tiempo a lo largo del día y mientras tenemos una emoción de fondo diversas emociones esporádicas entran y salen.


Todos hemos sido víctimas de nuestras emociones, y esto es porque la emoción de fondo ha sido detonada por una emoción esporádica. Las cuatro emociones básicas son: miedo, rabia, alegría y tristeza; o bien, enojo, disgusto, sorpresa y miedo. El temperamento colérico se relaciona con las emociones de enojo o rabia. El temperamento sanguíneo se relaciona con la alegría y sorpresa. El temperamento melancólico se relaciona con el disgusto y la tristeza; mientras el flemático se relaciona con el miedo.

Entonces si cada hemisferio genera un tipo de personalidad, ¿qué temperamentos corresponden a cada hemisferio? Al hemisferio izquierdo analítico le corresponden los temperamentos colérico y sanguíneo, y al derecho integrador le corresponden los temperamentos melancólico y flemático.





Si dividimos a cada hemisferio cerebral el resultado son cuatro porciones. Una porción delantera del hemisferio derecho y otra del hemisferio izquierdo, más una porción trasera del hemisferio derecho y otra del izquierdo. Es clara la diferencia entre una porción delantera y una porción trasera en cada hemisferio. La porción delantera crea planes pensando en un futuro y la porción trasera trata de reconstruir los hechos pasados. La parte que conecta la región trasera con la delantera es la parte del cerebro que vive en el presente. Cada una de esas cuatro porciones cerebrales trabaja con un temperamento en específico. La porción delantera del hemisferio izquierdo trabaja con el temperamento colérico y con las emociones de enojo y/o ira; la porción delantera del hemisferio derecho trabaja con el temperamento flemático y con la emoción de miedo; la porción trasera del hemisferio izquierdo trabaja con el temperamento sanguíneo y con las emociones de alegría y/o sorpresa; por último, la porción trasera del hemisferio derecho trabaja con el temperamento melancólico y con las emociones de disgusto y tristeza.


Pero lo anterior son sólo los cimientos. Así como en los colores existen clasificaciones de colores primarios y secundarios, en las emociones también existen emociones primarias y secundarias. Las emociones secundarias son resultado de emociones primarias trabajando simultáneamente.


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La revista Psychological Science publicó cuatro pasos para ser feliz según la neurociencia, síguelos y comienza hoy mismo a aplicarlos en tu vida cotidiana. ¿Crees que requieres de la aceptación, una pareja perfecta, fama y fortuna para vivir plenamente? Piénsalo dos veces después de leer las cosas que no necesitas para ser feliz.


TAGS: Psicología Cerebro Memoria
REFERENCIAS:

Hegel Rivera


Colaborador

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