El misterio del alma y por qué se dice que pesa 21 gramos

Lunes, 26 de marzo de 2018 17:48

|Alejandro I. López

¿Has escuchado que el alma pesa 21 gramos? Esta es la historia que dio origen al mito.






¿Cuánto pesa el alma?


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Un experimento elaborado en 1907 por un físico estadounidense llamado Duncan McDougall pretendía responder esta cuestión. El físico aseguraba que el cuerpo humano tiene un alma y ésta puede ser cuantificable en el momento en el cual ‘escapa’ de un individuo: su muerte.


Para demostrarlo, McDougall echó mano de un razonamiento sencillo con una metodología poco práctica: pesar a seis pacientes moribundos durante horas y medir la diferencia de su masa corporal una vez que expiraban. Para lograrlo, era necesario un procedimiento un tanto engorroso. Cuando los médicos determinaban que sus signos vitales reducían drásticamente, conducían su cama hasta una enorme báscula industrial mientras McDougall capturaba los datos.


El primer paciente presentó una disminución de 21.3 gramos. Los resultados de otros tres variaron —uno perdió 14 gramos, otro el doble y el tercero, 11 gramos—, mientras que las dos mediciones restantes fueron declaradas por McDougall como “no concluyentes”.



El nacimiento de un mito


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El mito tomó forma definitiva el 11 de marzo de 1907 cuando el New York Times publicó un artículo sobre el experimento con el encabezado “Según un físico, el alma tiene peso”. En él, se retomaban frases del propio McDougall a modo de conclusión y bajo un nulo escepticismo periodístico, el fervor de la época por el misticismo y otras pseudociencias proclamó la palabras del físico como verdad:


«El instante en que su vida cesó, la báscula cayó con una brusquedad sorprendente, como si algo hubiera sido levantado repentinamente del cuerpo», mientras en otro caso describe que «el mismo resultado ocurrió cuando falleció. En el instante en que su corazón dejó de latir hubo una disminución repentina y misteriosa en el peso», afirmó McDougall.


Una vez que los resultados del estudio fueron publicados, tanto la metodología como las conclusiones de McDougall fueron severamente criticadas por gran parte de la comunidad científica con argumentos de peso que demostraban la nula fiabilidad del estudio. En primer lugar, únicamente una de las seis personas perdió 21 gramos de peso, cantidad que el físico definió de forma arbitraria como el peso del alma humana.



El alma de los perros


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Además, hoy sabemos que la muerte no ocurre en un instante, sino que conlleva un proceso en el que la descomposición neuronal se torna irreversible. En la época de McDougall, los tres signos para detectar la muerte de una persona eran la ausencia de reflejos, el cese del latido cardiaco y la falta de respiración, por lo que es imposible determinar el instante exacto en que ocurre la muerte.


Para demostrar la validez de su experimento, McDougall repitió la prueba, esta vez con 15 perros moribundos bajo la hipótesis de que ninguno de los canes debería perder peso una vez expirado, pues según sus palabras, sólo los humanos tienen alma. El resultado publicado por el propio físico apuntaló aún más sus ideas —los canes pesaron lo mismo una vez muertos que vivos, pero no porque carecieran de alma, sino porque su organismo tiene menos glándulas sudoríparas que el humano y por lo tanto, su masa postmortem no se pierde tan rápidamente— y desde entonces, se convirtió en una creencia que se instaló en la sabiduría popular sin base alguna.


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Más de cien años después del experimento de McDougall, contamos con aparatos que pueden detectar cómo se comporta nuestro cerebro según una situación específica, cuáles son las áreas que muestran mayor actividad neuronal y cómo viajan esos impulsos eléctricos por todo el cuerpo. En el mismo periodo de tiempo, la humanidad ha aprendido más del cerebro que en toda la historia previa de la humanidad y sin embargo, no tenemos ni un solo indicio para creer que existe algo parecido al alma.


Tampoco existe consenso científico al respecto. Mientras la ortodoxia en la neurociencia apunta a que se trata de un término ambiguo que primero debe definir su objeto de estudio para ser investigado, una pequeña parte de los especialistas que se encargan de estudiar el comportamiento del cerebro afirman que es posible a través de un estudio más profundo de la conciencia. Ahora mismo, la discusión del alma se trata más de una cuestión filosófica que da para pensar sobre una estructura más compleja del universo.


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Alejandro I. López

Alejandro I. López


Editor de Historia y Ciencia
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