El síndrome del sabio: cuando ser un genio es una falla genética

miércoles, 12 de julio de 2017 10:33

|alejandro lopez



En el imaginario colectivo, la noción de genio que el grueso del mundo carga sobre sus hombros se identifica con hombres que lograron llevar al máximo su potencial. Transformando el mundo en que vivimos a base de su arduo quehacer científico, artístico o en cualquier otro ámbito del conocimiento.

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Nada más hacer alusión a un ‘genio’ en cualquier charla, nombres como Da Vinci, Tesla, Einstein, Newton o Mozart comienzan a barajarse como si se tratara de un molde, un cánon propio de la genialidad donde no cabe ninguna otra definición de tal halago. Pero, ¿qué ocurre cuando la genialidad no proviene del esfuerzo y no trae consigo fama ni talento creativo, sino una incapacidad constante para valerse por sí mismo?

Es el caso del 'síndrome del sabio', simplemente conocido como savant. Se trata de una condición que tiene dos características tan contrapuestas como visibles: por un lado, las personas savant tienen una capacidad superdesarrollada para realizar funciones cognitivas complejas; como resolver operaciones matemáticas, leer un libro en minutos o dominar un nuevo idioma en cuestión de semanas. En contraste, suelen experimentar graves problemas para desarrollar sus habilidades sociales y actividades rutinarias, como abrochar un botón o vestirse a sí mismos.

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Tal estado en la frontera entre la genialidad y la discapacidad cognitiva es estudiado por neurocientíficos con gran interés por descubrir un espectro más del potencial del cerebro humano. A pesar de que actualmente no existe una respuesta científica concluyente que explique la causa que provoca una diferencia tal entre las distintas habilidades de una persona con síndrome del sabio, algunas teorías apuntan a que los individuos adquieren esta condición a través de una anomalía genética, desórdenes mentales, o bien, lesiones cerebrales.

Lo cierto es que el síndrome resulta más común en las personas autistas (cerca del 10 % desarrolla síndrome savant), conocidas por su capacidad cognitiva, la dificultad para desarrollar relaciones sociales y una hipersensibilidad que mejora radicalmente la percepción. Según Darold Treffet, el responsable de acuñar el término que da nombre a esta condición, actualmente existen menos de medio centenar de individuos en el mundo con síndrome del sabio.

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La dificultad para reconocer nuevos casos de savant
 y más de su funcionamiento a nivel cerebral es inherente a la falta de comunicación que estos individuos desarrollan, que al igual que el autismo, puede confundirse fácilmente con apatía, desinterés o algún trastorno sociópata. Manifestaciones que dificultan el desarrollo y reconocimiento de las cualidades de las personas con dicho síndrome, cuyo funcionamiento cerebral podría revelar el potencial real del órgano más sofisticado del cuerpo humano.


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