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TECNOLOGIA

El país que sufre una epidemia de cámaras ocultas que graban mujeres en la intimidad

Bajo el lema “Mi vida no es tu porno” miles de mujeres en Corea del Sur se han manifestado en contra del uso de cámaras diminutas para grabarlas sin consentimiento en entornos que deberían ser privados y ante la falta de respuesta de las autoridades coreanas.

Ya sea en una habitación de hotel, un probador de ropa, al interior de un baño, en el gimnasio, el transporte público y hasta por debajo de la mesa, las mujeres coreanas se han habituado a que antes de hacer cualquiera de las actividades que involucran estos espacios, deben revisarlos cuidadosamente en busca de cámaras diminutas escondidas en rendijas y resquicios por donde pudieran estarlas grabando.

Esto es un síntoma grave de lo que algunos medios han llamado la epidemia de cámaras ocultas, mismas que se encargan de grabar a las mujeres sin su consentimiento y distribuir el contenido en sitios pornográficos de suscripción. Fotos de las protestas de mujes en Corea del Sur por la propagación de las cámaras ocultas y la falta de respuesta de las autoridades. / Foto: Jean Chung / Getty Images.

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La epidemia ha crecido al grado que para 2018 el número de casos denunciados incrementó hasta los 6 mil —de los cuales, de acuerdo con la BBC, el 80 % de los casos las víctimas son mujeres—, aunque sus perpetradores difícilmente encaran los cargos que la ley precisa. Estos suelen ser un año en prisión o el pago de una multa de 10 millones de wones, que equivale a aproximadamente 17 mil pesos. De acuerdo a The Washington Post, en los últimos años sólo 5.3 % de las personas culpables de grabar sin consentimiento fueron a prisión.

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Las estadísticas oficiales que Channel News Asia publica con respecto a la incidencia de las cámaras ocultas y su distribución, apunta a que el 98 % de los culpables del crimen son hombres, mismos que tienen profesiones como maestros (desde la universidad hasta la preparatoria y otros niveles), curas, pastores religiosos y hasta policías. Mientras que el 90 % de los casos involucran el uso de teléfonos inteligentes. Foto: Getty Images.

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Esto no ha detenido que el gobierno investigue a otro tipo de distribuidores de cámaras milimétricas o especializadas que vienen ocultas en otros objetos desde fábrica. Ya sea en plumas, pinturas pequeñas, fundas para teléfonos, detectores de humo, relojes y cualquier objeto es perfecto para ocultar las cámaras; sin embargo, vendedores de estos dispositivos argumentan que ir tras de ellos es equiparable a perseguir a los fabricantes de cuchillos sólo porque algunos los usan como armas. 

Las medidas que intentan darle fin a la epidemia:

Hasta el momento la medida gubernamental es implementar un programa que, similar al de armas en otros países como Estados Unidos, se cree una base de datos de los compradores de este tipo de cámaras, lo cual podría brindar cierto control sobre su uso. 

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De aprobarse la medida, se uniría a otras como el sonido que se agrega a los celulares de Corea del Sur cada que se toma una fotografía; no obstante se han desarrollado aplicaciones que permiten silenciarlos. Del mismo modo, el gobierno puso en práctica una iniciativa que involucra a cerca de 8 mil trabajadores y voluntarios que con la ayuda de aparatos que identifican la presencia de cámaras milimétricas revisarán baños públicos, albercas y todo tipo de lugares en los que podría haber una cámara oculta. Foto: Jung Yeon-Je / AFP-Getty Images

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No obstante, a pesar de los esfuerzos, ni una sola cámara ha sido encontrada por estos grupos. Generalmente se apunta a que los dueños de las cámaras las instalan por periodos cortos y las retiran, lo cual dificulta que sean encontradas. La iniciativa ha provocado dos reacciones principalmente: la de aquellos que creen que es una medida que no soluciona la problemática y la de otros que aunque no lo resuelve, les otorga un vago sentimiento de seguridad. 

Por otro lado, también han probado enfocar sus esfuerzos en los distribuidores digitales del contenido, al cerrar sitios populares de este contenido, sin embargo, las autoridades se han visto en problemas en el momento en el que los sitios son migrados a servidores internacionales, lo cual dificulta el proceso legal y hasta imposibilita el procesamiento de los perpetradores. Asimismo, se hace referencias a las estadísticas de acceso al Internet —que para Corea del Sur está arriba del 90 % de la población—, lo cual si bien la hace una nación con un altísimo porcentaje de uso de smartphones y de acceso a la red, también complica la labor de rastreo tanto de distribuidores como consumidores. Foto: Ed Jones / AFP

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Ante las medidas poco fructíferas, grupos de mujeres exigen que las penas a este crimen sean más severas, al tiempo que los culpables sean debidamente procesados, pues al mantenerse impunes, seguirán con las prácticas. 

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En Corea del Sur y el resto del mundo

Este tipo de problemática por supuesto que no es exclusiva de Corea del Sur, además de los problemas que las autoridades de dicho país enfrenta cuando los perpetradores deciden albergar su contenido en servidores internacionales que no penan este tipo de contenido, en otras latitudes también se ha difundido el uso de cámaras ocultas sin que existan legislaciones claras o esfuerzos similares a los de Corea para detenerlos. 

Por ejemplo, en México existen casos de la distribución de pornografía de videos grabados en las habitaciones de los moteles de Tlalpan —u otras zonas de la Ciudad de México—, mismos que después son distribuidos, no necesariamente de forma digital, sino en CDs en las afueras de algunos metros de la ciudad.  

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En otros países como Estados Unidos las denuncias se han focalizado en los departamentos y casas en renta a través de apps, cuyas normativas no son claras en cuanto a la diferenciación entre aquellas cámaras que sirven como seguridad y aquellas que son usadas para espiar u obtener contenido de carácter pornográfico e íntimo de los huéspedes. 

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La propagación de este tipo de contenido se vuelve en una problemática global que va de la mano con la vulneración de la privacidad de las personas en el entorno digital, además de las implicaciones éticas de obtener imágenes íntimas y difundirlas para el beneficio propio.

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