El híbrido animal que podría ayudar a salvar vidas humanas

Jueves, 14 de diciembre de 2017 10:00

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Pensar en desarrollar órganos humanos en otros animales parece cosa de Ciencia Ficción. Sin embargo, es algo que muy pronto será tema de discusión inmediato.



Como remake de la película clásica de los 90, Jurassic World nos tomó a todos por sorpresa. Uno de los argumentos en la historia es que los dinosaurios creados mediante ingeniería genética son en realidad “híbridos”; es decir, dinosaurios generados a placer por los científicos del parque jurásico. En otras palabras, debido a que los científicos tenían el ADN incompleto de los dinosaurios, usaron fragmentos de otras especies para “rellenar” o “parchar” los pedazos faltantes. Esta es la razón de que la temible Indominus Rex tuviera tantas cualidades, como camuflarse o reducir su temperatura corporal, que son características de otros organismos. Pues bien, esta historia de Ciencia Ficción podría no estar muy alejada de la realidad, aunque sin colmillos gigantes y velociraptores controlados.





De acuerdo con diversos científicos en varios puntos del mundo, existe la posibilidad de crear organismos quiméricos, esto significa que tienen células de al menos dos especies de animales diferentes. Y aunque la idea suena bastante disparatada, en la práctica esto es algo que se ha logrado realizar con éxito. En la década de los 80, la Dra. Janet Rossant de la Universidad de Brock, en Canadá, logró crear los primeros organismos quiméricos con ayuda de técnicas de biología celular e ingeniería genética. La idea básica del procedimiento se centra en añadir células de un organismo (rata) al embrión de otro (ratón) en el momento oportuno del desarrollo. Dado que en etapas embrionarias del desarrollo las células no se han especializado en una función particular, es posible esperar que las células extrañas “peguen” y se desarrollen con las células del embrión. Con esta técnica creó organismos que tenían rasgos tanto de ratones como de ratas.


Posteriormente, las expectativas de estas ideas se llevaron más allá de lo imaginable. En el año 2010 el Dr. Hiromitsu Nakauchi de la Universidad de Stanford y de la Universidad de Tokyo, demostró que se puede desarrollar un páncreas de rata en un embrión de ratón. Es decir, se puede inducir la génesis de un órgano entero de una especie animal en otra distinta. Su razonamiento para hacerlo se supone simple en teoría, aunque complicado en la práctica. Su grupo eliminó genes que permiten el desarrollo del páncreas en los embriones de ratón. Luego, añadió células madre de rata al embrión del ratón —seguramente inducidas de algún modo para desarrollar el páncreas faltante. Y así el ratón se desarrolló con un páncreas de rata en su interior. Evidentemente, el impacto y las expectativas de este hecho son enormes.





El Dr. Juan Carlos Izpisúa Belmonte, del Instituto Salk para Estudios Biológicos en California, está convencido de que estos procedimientos pueden tener un impacto benéfico para la sociedad. Pensemos en el siguiente escenario: ¿qué pasaría si tomamos células madre humanas y las añadimos a embriones de cerdos previamente tratados para no desarrollar un páncreas o un hígado? Éste es el argumento del Dr. Izpisúa y algunos otros científicos, quienes creen que es posible utilizar especies animales como incubadoras que permitan desarrollar órganos específicos y poder trasplantarlos a los pacientes que así lo requieran. Por otro lado, tener animales que desarrollen órganos humanos sería de una utilidad única en el estudio de enfermedades que afecten a esos órganos particulares. Se tendrían datos más fidedignos cuando provienen de un organismo completo que al obtenerlos de una placa de cultivo.


Hasta ahora esto continúa como tema de debate y de revisión por comités de ética científica, principalmente por el Instituto Nacional de Salud (NIH), en Estados Unidos. Diversos científicos y sociólogos temen por los efectos desconocidos de la técnica y las consecuencias que acarrean. Por ejemplo, no es posible controlar al cien por ciento el destino de las células que se añaden al embrión en desarrollo. ¿Qué sucede si algunas de ellas llega al cerebro del animal? Evidentemente, su conducta y su cognición cambiarán. ¿Entonces cuál debería ser el proceder ante estas quimeras humano-animales? Aunque el Dr. Izpisúa Belmonte asegura que se pueden prevenir estos efectos añadiendo las células a los embriones en el momento oportuno del desarrollo, el futuro de estas investigaciones aún es desconocido.





Pensar en desarrollar órganos humanos en otros animales parece cosa de Ciencia Ficción. Sin embargo, es algo que muy pronto será tema de discusión inmediato, debido a la velocidad a la que se generan los estudios. Poner sobre la balanza la ética y la seguridad para la biodiversidad detrás de dichos procedimientos, contra la imagen de pacientes que sufren enfermedades dolorosas y terribles es algo que requiere largas horas de discusión entre personajes no solo de ciencia, sino de todos los ámbitos posibles. En cualquier caso, establecer lineamientos estrictos y claros es un gran paso ante este panorama atractivo pero incierto.





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El texto anterior fue escritor por José Carlos Ponce.


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