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4 hormonas que definen tus relaciones amorosas

19 de febrero de 2018

Alejandro I. López

En tu cerebro se desarrolla un cocktail hormonal que te hace actuar de formas que nunca creíste cuando estás enamorada, pero ¿a qué se debe?



«Un día siento que soy la persona más feliz del mundo por encontrar a alguien que me ama incondicionalmente y al otro estoy segura de que la magia entre ambos se esfumó para siempre».


Estás enamorada y ninguna de tus sensaciones es coincidencia: pasas de ser la persona más romántica del mundo (algo que prometiste jamás hacer) a experimentar celos irracionales en cuestión de segundos, de sentir el deseo sexual más intenso de tu vida a creer que no eres atractiva para esa persona especial. En tu cerebro se desarrolla un cocktail hormonal que te hace actuar de formas que nunca creíste, pero ¿a qué se debe? Para descubrir un poco más sobre el proceso de enamoramiento debes prestar atención a las hormonas, especialmente a estas cuatro:


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Dopamina: el principio del placer



Este neurotransmisor es la base del placer y puede ser activado de formas tan diversas como escuchar música, comer, ganar un juego, consumir drogas o enamorarse. La dopamina responde a estímulos externos y es uno de los principales neurotransmisores que se encargan de gestionar el funcionamiento del sistema de recompensa del cerebro.


En pocas palabras, la dopamina es un "gancho" que produce placer ante un estímulo y provoca el deseo de repetir un acto o conducta para sentirlo de nuevo. En una relación, el subidón de dopamina inicial provoca esa sensación de no querer despegarse de esa persona y disfrutar al máximo su compañía. La dopamina es una de las principales culpables de generar una poderosa atracción entre dos personas que empiezan a salir y conocerse.


Sin embargo, no todo es felicidad y sensaciones placenteras: está comprobado que dosis altas de este neurotransmisor son las principales culpables de conductas irracionales como la dependencia emocional, pues se activan las mismas áreas cerebrales que con la adicción a la cocaína.


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Serotonina: de la euforia a la tranquilidad



Identificada popularmente como “la hormona de la felicidad”, se trata de un neurotransmisor relacionado con la inhibición y los estados de ánimo. Estudios recientes han asociado niveles bajos de serotonina a problemas como ansiedad, depresión o desórdenes obsesivos-compulsivos y, al mismo tiempo, han descubierto que este mismo nivel está presente en enamorados y puede hacerles sentir un carrusel de emociones que van de la euforia a la desesperación, la incertidumbre o la felicidad absoluta.


Esta hormona alcanza su máximo inmediatamente después de una relación sexual, alejando el deseo y provocando un efecto de relajación y saciedad. Tal es su mecanismo grosso modo en el amor: conforme pasa el tiempo en una relación estable, los niveles de dopamina ceden su lugar a esta hormona.


Entonces la angustia y euforia de los primeros años con la pareja se regula y con ella llega la certeza, pues la serotonina inhibe y regula distintos procesos y estados de ánimo, como la agresión y el apetito, además de ser auxiliar en la creación de melatonina (hormona del sueño).


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Oxitocina: supervivencia y felicidad



El Instituto de Neurociencia de Harvard define a la oxitocina como «la hormona del amor, que provoca sentimientos de satisfacción, calma y seguridad, que a menudo se asocian con la unión de pareja». Los niveles de oxitocina se elevan durante el sexo, especialmente al momento del orgasmo.


Los neurocientíficos aseguran que se encarga de reforzar conexiones entre personas. Prueba de ello son las grandes cantidades que se producen en situaciones tan íntimas como la lactancia y el nacimiento. Esta hormona es esencial en la evolución humana, pues ayuda a afianzar relaciones emocionales, factor decisivo para la cooperación entre individuos y las condiciones para la reproducción y preservación de la especie.


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Vasopresina: fidelidad y pertenencia



La vasopresina es asociada muy a menudo con la fidelidad, pues se cree que junto con la oxitocina, es la hormona encargada de crear poderosos vínculos entre dos personas; sentimientos de afinidad y pertenencia que terminan por afianzar una relación.


La teoría más aceptada de la biología evolutiva afirma que la vasopresina es crucial para la reproducción y subsistencia de la especie, pues propicia las condiciones para el cuidado y la crianza infantil, interviniendo en conductas de protección paternal y atenuando el deseo sexual masculino.


Más que una construcción social, los principios de la monogamia podrían rastrearse a partir del efecto de la vasopresina en una pareja. También favorece el pensamiento racional y disminuye la agresividad.


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Ahora lee:


Cómo evitar enamorarte de alguien según la ciencia

La diferencia que pocos entienden entre amar y enamorarse


TAGS: Sexo Sexualidad Ciencia
REFERENCIAS: Harvard Medical School Harvard Medical School

Alejandro I. López


Editor de Historia y Ciencia

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