La mentira que la mercadotecnia nos ha hecho creer sobre los condones

Sábado, 11 de noviembre de 2017 15:04

|Alejandro López

La efectividad real de un preservativo de látex depende dramáticamente de su "uso perfecto", algo que únicamente el 2 % de los usuarios consigue.



El condón aparece ante nuestros ojos como el método anticonceptivo perfecto. Es posible encontrarlo en casi cualquier sitio: farmacias, supermercados, incluso en el pasillo que conduce al baño de algún bar y, con un poco de suerte, podrás conseguir una tira de la mano de una botarga que reparte a diestra y siniestra en una campaña de salud sexual.

 

Los organismos encargados de la salud de cada país no dudan en gastar millones en campañas sobre los beneficios de su uso y de cuán catastróficas pueden ser las consecuencias de no cargar con uno en el momento menos indicado; y no tendrían por qué hacerlo de forma distinta: la falta de información y educación sexual, los tabúes y la dificultad de adquirir uno son los principales culpables del aumento de embarazos no deseados y el contagio de enfermedades de transmisión sexual.

 

 

Sin embargo, se trata de una verdad a medias: a pesar de que hemos escuchado hasta el cansancio que la efectividad del condón es una de las más altas posibles, lo cierto es que esta cifra depende de un requisito tan complicado como irreal: su uso sistemático y perfecto, un ideal inalcanzable para los humanos, especialmente cuando están inmersos en un cocktail explosivo de neurotransmisores que inhiben el razonamiento y buen juicio para dar paso a la búsqueda desenfrenada de placer.

 

Considerando el punto anterior, la efectividad real de un preservativo de látex disminuye dramáticamente del 95-97 % a un 80-85 %, especialmente cuando el llamado “uso perfecto” está calculado en 2 % anual de las personas que lo utilizan como único método anticonceptivo.

 

 

Si bien es cierto que el condón es uno de los métodos más asequibles, tanto económicamente como por su amplia disponibilidad, lo cierto es que la tecnología que lo compone no ha avanzado lo suficiente como para mejorar su efectividad para evitar embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual. La multitud de quejas sobre las fallas y de los condones son bien conocidas por el gran público: desde la facilidad con que algunos pueden romperse, hasta lo incómodo que resulta tener sexo con él, todas podrían ser resueltas si la industria dedicada a su producción destinara más recursos a los proyectos con materiales como el grafeno o el polietileno y menos a la publicidad.

 

La apuesta más futurista en los próximos anticonceptivos está en una investigación, a cargo de la Universidad de Northwestern, que pretende desarrollar polímeros inspirados en los fluidos naturales del organismo, que funcionen como una capa invisible de mucosa encargada de fungir como un mecanismo de barrera, impidiendo el contagio de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados.


 

Este material podría aplicarse en spray o gel, tal y como ocurre con espermicidas o lubricantes, creando una división intangible y, al mismo tiempo, segura para mantener relaciones sexuales sin riesgo. La promesa de reinventar la sencillez y efectividad del cuerpo de látex como receptáculo ha estado rondando a la industria con especial ahínco hace al menos dos décadas; sin embargo, son pocas las innovaciones que se han desarrollado desde entonces.

 

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No existe método anticonceptivo perfecto. La elección depende enteramente de la pareja en cuestión, del individuo y de sus intereses, convicciones y elecciones personales. Aprende más luego de leer la respuesta a algunas Preguntas sobre sexualidad que todos los jóvenes nos hacemos o bien, conoce Cómo serán los condones del futuro.


Alejandro López

Alejandro López


Editor de Historia y Ciencia
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