La extraña razón por la que estás dando más "toques" que nunca

Lunes, 5 de marzo de 2018 11:24

|Diego Cera
porque damos toques

¿De dónde y por qué aparecen estas descargas eléctricas cada que nos acercamos a una persona?



Por más que queramos, pensar en un mundo sin electricidad sería una de las barbaridades más grandes dentro de la cabeza de cualquier persona. Desde principios del siglo XIX, cuando la comunidad científica comenzó a investigar las "propiedades regenerativas" de la electricidad aplicada en cadáveres, ocurrieron dos cosas importantes: el nacimiento de la terapia electroconvulsiva con la que, si no se podía reanimar a una persona al menos intentarían curar algunas dolencias; y la otra es la aparición de la que muchos presumen es la primera novela de ciencia ficción: Frankenstein de Mary Shelley.


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Desde hace casi dos siglos de investigaciones y sospechas, el mundo sigue manteniendo esa fascinación por esta fuerza tan difícil de controlar, pero al mismo tiempo sumamente noble. En 1995, la película Powder dirigida por Victor Salva nos dio la posibilidad de pensar que era viable conducir grandes cantidades de energía por el cuerpo de una persona sin que ésta sufriera algún tipo de daño aparente, siempre y cuando el flujo de electricidad fuera constante. Pero ¿qué ocurre con los demás? Los que no sienten cómo, dentro de sus venas, corre una nada pequeña energía eléctrica y que, a pesar de ello, de vez en cuando le dan "toques" a quienes tienen cerca.


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Si bien no se trata de un alto voltaje, nuestro cuerpo siempre está cargado de electricidad que puede ser transmitida a otras personas en forma de diminutos rayos capaces de causar un leve dolor a quienes los reciben. Sin embargo, para que estas pequeñas descargas puedan ser transmitidas a los demás, primero tienen que "amplificarse" a través de medios ajenos al cuerpo. Por ejemplo, el hecho de que estos "toques" aparezcan cuando llevamos ropa de materiales sintéticos no es ninguna casualidad.


Resulta que, aunque no son conductoras, al estar en fricción constante con el cuerpo, la prenda comienza a perder electrones y adquirir una carga positiva, mientras que cuerpo restante los gana y se vuelve negativo. Al haber una tensión constante, ambas cargas necesitan equilibrarse y es por ello que al entrar en contacto con otra persona, un pedazo de metal o cualquier otro material conductor, éstas salen disparadas para encontrar la estabilidad que necesitan. Es ahí cuando de repente nace cierta esperanza de tener superpoderes como un X-Men o algo por el estilo.


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El clima también es un factor determinante para que esta energía se transmita mucho más fácil, pues aunque el aire por sí solo es un material aislante, al combinarse con el vapor la electricidad acumulada en los cuerpos es libre de trasladarse justo como ocurriría en una tormenta eléctrica. Es por ello que cuando te encuentras en una atmósfera húmeda o en tiempos de lluvias, los toques son mucho más frecuentes que en otras temporadas. Todo se junta: el frío provocado por las lluvias hace que nos olvidemos del fresco algodón para ir detrás de las fibras sintéticas o las lanas, lo que evidentemente nos convierte en candidatos potenciales para convertirnos en Bolt, Storm, Surge o cualquier otro mutante eléctrico de los cómics.


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Probablemente estos pequeños roces energéticos fueron los que hace unos siglos dieron lugar a teorías acerca de la electricidad como una fuerza capaz de regresarle la vida a una persona, y aunque hasta ahora no tenemos nada que nos dé siquiera la esperanza de que podamos vencer a la muerte por medio de la electricidad, es probable que —oculto en algún lugar— exista un Victor Frankenstein que, fascinado por "los toques", esté tramando el próximo gran golpe de la ciencia.


Diego Cera

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