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La maldad humana, ¿condición genética o problema social?

11 de enero de 2018

Abril Romero

¿Por eso habrá tanta inseguridad?


Además de nosotros, los homo sapiens, existieron otras formas de vida “humanas” con las que compartimos hábitat… hasta que acabamos con ellas. De acuerdo al historiador Yuval Noah Harari, autor de “De animales a dioses. Una breve historia de la humanidad”, nuestra especie contribuyó a la extinción de las otras variantes del género Homo para apoderase de la Tierra. Este antecedente, sumado a todos los animales que han desaparecido en nuestro paso por el planeta, nos convertiría en el mayor asesino serial de la historia.


Podríamos argumentar que esta masacre ocurrió antes de la “civilización”, cuando éramos seres primitivos y salvajes, pero, ¿cómo explicar las atrocidades cometidas por el “hombre civilizado”? ¿por qué, pese a nuestros avances en otros ámbitos del pensamiento, sigue siendo la crueldad nuestra forma de relacionarnos con el ambiente? En “El señor de las moscas”, William Golding propone que la violencia se desata cuando nos alejamos de las normas sociales, por eso los niños varados en la isla construyeron un nuevo orden basado en el caos de los instintos; pero, no podemos aceptar esta premisa sin preguntarnos: ¿es la sociedad la que limita la maldad inherente a la naturaleza humana o fue la misma sociedad la que le mostró a los niños que la maldad es el único medio para resolver conflictos?



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¿Somos malos por naturaleza?


La ciencia ha hecho múltiples esfuerzos por demostrar que, si somos malos, no es por decisión, sino por genética. Desde el siglo XIX, con el auge de la frenología, científicos argumentaban que es posible distinguir a los malvados por aspectos físicos como una gran mandíbula, cuencas oculares profundas y orejas en formas de manija.


En la última década, el doctor Kent Kiehl, neurocientífico de la Universidad de Nuevo México, ha visitado ocho prisiones de alta seguridad para llevar a cabo resonancias magnéticas de los presos. Sus resultados coinciden con otros estudios similares: los criminales tienen alteraciones en las áreas cerebrales que regulan el miedo, la culpa, el arrepentimiento y la empatía.


Otro estudio hecho por la Universidad de Florida, encontró que el gen MAO-A altera los niveles de dopamina y serotonina, neurotransmisores encargados de regular el humor y la impulsividad. Éste podría parecer sólo un factor que incide en el surgimiento de “la maldad”, sin embargo, en Estados Unidos, se han presentado casos de asesinos que han sido sentenciados por "homicidio involuntario" en vez de “culposo” tras comprobar que sus niveles de MAO-A eran más altos que la norma.



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¿Cómo se activan los genes de la maldad?


De acuerdo a la científica mexicana Feggy Ostrosky, las estructuras cerebrales donde se producen las emociones son muy primitivas y antiguas; pero las áreas que controlan las expresiones emocionales son de más reciente evolución. Al estar menos arraigadas a nuestra conducta evolutiva, su desarrollo depende en gran medida de la maduración cerebral y el aprendizaje; esto quiere decir que pueden verse afectadas por el medio ambiente.


Las experiencias tempranas de violencia o abuso antes de los tres años generan grandes cantidades de cortisol (la hormona del estrés) afectando el desarrollo y la maduración de estructuras encargadas de la regulación emocional. La Dra. Ostrosky ha encontrado que historias de abuso físico, psicológico y negligencia activan las respuestas violentas en personas con susceptibilidad genética.



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¿El entorno nos corrompe?


“Los hombres son malvados; una triste y continua experiencia nos dispensa de probarlo; sin embargo, el hombre es naturalmente bueno…” afirmó Rousseau en su obra El Contrato Social. Igual que Aristóteles, Locke y muchos otros filósofos, Rousseau creía que el hombre nace desprovisto de estructuras morales y, como una hoja en blanco, va inscribiendo en sí los conceptos éticos de la sociedad en la que crece. Bajo esta premisa, el hombre se adapta a las normas que su ambiente le impone, pero, ¿qué pasa con las personas, cuando crecen en un contexto donde “lo normal” es la violencia? En este caso, el entorno si sería responsable.



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La maldad en México


Durante 10 años, un grupo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) evaluó a 4 mil 500 internos para determinar la personalidad del delincuente mexicano. En este estudio se concluyó que el homicida es impulsivo y violento; el violador, frágil; el secuestrador, frío y calculador, y el narcotraficante, dominante y seductor. Entre ellos también hay otras características comunes, en palabras de Amada Ampudia, coordinadora del proyecto:


En este país el agresor sexual, el homicida serial, debe ser una persona que carece de códigos morales y que lo más seguro es que haya sido criado dentro de una dualidad de la moralidad; es decir, con una madre muy apegada a lo religioso y con un padre ausente, autoritario, machista y libertino que le genera conflicto”.


En un cuestionario aplicado por el INEGI a 58 mil internos de 338 centros penitenciarios federales y locales de todo el país, se encontró que la mayoría de los presos (35%) tienen entre 30 y 39 años, educación básica y provienen de hogar donde el problema más común fue el consumo de alcohol. También se concluyó que la mayor tendencia a delinquir ocurre en la etapa productiva, entre los 18 y 40 años, por lo que si un preso se adapta al medio penitenciario a esa edad, entonces será casi nula la probabilidad de readaptación.




Estos estudios son una muestra de cómo es el perfil psicológico y social de los criminales en prisión en México, pero ¿qué tan representativa es esta muestra en un país donde más del 90% de los delitos quedan impunes? La mayoría de los “malos” no serán juzgados, y los que sí, provienen de en un medio adverso que, según la ciencia, pudo propiciar que se activarán “los genes de la maldad”. Entonces, quizá lo que nos hace malos no sea la genética, sino nuestra incapacidad para crear condiciones sociales en las que nadie tenga que estar permanentemente expuesto a la violencia. Lo último que queda es preguntarnos, ¿los delincuentes son malos por naturaleza?



 

TAGS: Psicología crimen
REFERENCIAS: Fuentes: ¿La maldad está en los genes? No existen genes de la maldad: Feggy Ostrosky Revela Inegi perfil del preso en México Revelan perfil de criminales mexicanos, con modelo de la UNAM

Abril Romero


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