8 razones por las que la monogamia no existe según testimonios científicos reales
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8 razones por las que la monogamia no existe según testimonios científicos reales

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Por: Julieta Sanguino

2 de junio, 2018

Tecnología 8 razones por las que la monogamia no existe según testimonios científicos reales
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Por: Julieta Sanguino

2 de junio, 2018

La de Cleopatra y Antonio no fue una historia de amor, sino la unión de los dos imperios más poderosos del mundo para así, tener un control total sobre la sociedad.



En realidad la monogamia existe desde hace unos 12 mil años, cuando los humanos dejaron de ser nómadas para ser sedentarios gracias a que aprendieron a cultivar. Entonces debían proteger sus tierras y para hacerlo necesitaban manos que ayudaran con las tareas. Una de las preocupaciones más grandes era el derecho a la propiedad, y el matrimonio funcionó perfecto para apaciguarla.


Así, mientras la historia avanzaba, el matrimonio, y con él la monogamia, se convirtieron en costumbres que todo el mundo retomó. El matrimonio funcionó como un contrato social que lograba aumentar la fuerza laboral familiar, sellar la paz e incluso hacer alianzas de negocios, por lo que según Stephanie Coontz, autora del libro Matrimonio, una historia, se convirtió en una estrategia política con la que se buscaba, por supuesto, tener una mejor familia política.


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Para que el matrimonio tuviera una construcción romántica tuvieron que pasar miles de años. Fue hasta el año 1700 que las personas comenzaron a casarse por amor; pues la idea de que las dos personas eran parte de un complemento, comenzó a retumbar en la cabeza de toda la sociedad —debido a que el matrimonio arreglado no parecía suficientemente deseado—: el hombre, decían, era agresivo y protector, y la mujer era maternal y recatada: dos partes de un todo, opuestos que se complementaban.


Los biólogos evolucionistas se encargaron de reforzar esta idea y explicar los roles de género de la sociedad victoriana a través de sus postulados sobre selección sexual. Uno de ellos fue Charles Darwin, quien en su libro más famoso El origen de las especies, aseguraba la superioridad del hombre sobre la mujer y el complemento de la pareja con los dos.


En realidad, los humanos son terribles siendo monógamos. Aunque es tan difícil y nos cuesta tanto trabajo, lograr ser monógamos se ha convertido en una de las metas principales de nuestra vida.


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Aunque relacionamos directamente la idea de monogamia con el amor y pensamos que no ser monógamos significa que no amamos a nuestra pareja —resulta impensable tener más de dos relaciones y sentir amor del mismo modo—, en realidad, el amor es un sentimiento y la monogamia una regla, la regla más difícil de cumplir pero si se logra, puede devenir en un contrato legal llamado matrimonio. Dan Savage, columnista en consejos de pareja, asegura que de no cumplirse la regla, el adulterio puede significar el fin de todo, acabar con la vida en pareja y hasta el que fue infiel puede terminar en prisión; pero aun así, seguimos aferrados a la monogamia como si fuera sinónimo de compromiso con nuestra pareja.


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Los espermatozoides diarios


Según diversas hipótesis, el que los hombres produzcan espermatozoides todo el tiempo —a diferencia de los óvulos, de los que sólo se produce uno al mes—, podría aumentar su deseo sexual frente al de las mujeres y por este motivo, podrían estar más inclinados a buscar diversas parejas sexuales; sin embargo, esta hipótesis no significa que las mujeres no tengan también el deseo de ser polígamas.


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Un contrato de fidelidad


De hecho, Christopher Ryan, autor del libro Sex At Dawn, asegura que en realidad, la monogamia involucra en canje de fidelidad sexual por bienes y servicios, o al menos así lo hacía en la antigüedad. Además, el escritor de El mito de la monogamia, David Barash, asegura que los hombres también cumplen el contrato puesto que, de las mujeres, se está seguro el vínculo genético pero para los hombres, la monogamia genera un poco más de certidumbre de que fueron ellos quienes hicieron la transmisión de genes.


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Poligamia en las tribus


En las antiguas civilizaciones no existía este problema. Todos los hombres eran responsables de los niños que paría la mujer con la que también habían estado involucrados sexualmente, por lo que en muchas ocasiones, ni siquiera entendían cuando les cuestionaban sobre la paternidad del niño. En esas culturas, las madres de los niños se acostaban con más hombres porque así aseguraban que más personas cuidaran del infante. Según cuenta la autora del libro Matrimonio, una historia, Stephanie Coontz, cuando un jesuita vivió con los indios naskapi, se dio cuenta de que todos los hombres de la tribu amaban a cada niño de la tribu por igual, sin importar que fuera suyo o no.


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Tan libidinosos como los chimpancés


Nuestros parientes más cercanos, los chimpancés y los bonobos; con quienes compartimos muchos rasgos físicos como los huesos, la estructura muscular, la capacidad de responder a estímulos y resolver problemas; no son monógamos de ningún modo. De hecho, tener relaciones sexuales con tantas hembras, permite que exista la competencia de esperma y que por selección natural el espermatozoide del bonobo más apto sea el que sobreviva y haga más fuerte a la especie.


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Características físicas que prueban nuestra poligamia


Las mismas características que tiene el bonobo y que son signo de su promiscuidad, las tiene el ser humano, lo que, según el documental En pocas palabras, podría sugerir que no evolucionamos para ser monógamos. Existe dimorfismo corporal entre el macho y la hembra.


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Masa muscular


Según Christopher Ryan, en las especies más promiscuas el macho es entre 15 y 25 % más grande que la hembra. Si existen diversos competidores que luchan por preñar a las hembras, los testículos también son más grandes y fuertes; los testículos de los bonobos pesan 168 gramos, los del chimpancé 149 gramos, los del gorila 23 gramos —puesto que tiene un clan de hembras a su disposición—, el ser humano tiene testículos intermedios en un promedio de 34 gramos.


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Pene


El pene también indica que el ser humano debe competir con otros machos para que sus espermas sean los que lleguen hasta el final: con una forma bastante peculiar, el pene humano es uno de los más grandes entre todos los primates. El del chimpancé mide unos 14.4 centímetros promedio, el del humano 12.9 y el del gorila 6.5; además, su grosor y la cabeza ancha permiten que el pene haga una especie de vacío en el tracto reproductivo de la hembra y aspira cualquier espermatozoide que estuviera ahí con anterioridad para alejarlo del óvulo y que le dé ventaja al espermatozoide de quien tiene sexo en ese momento.


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Gritos al tener un orgasmo


Otro rasgo característico de poligamia, esta vez por parte de las hembras, es la vocalización copulatoria femenina que se da durante el orgasmo. Según Ryan, esta vocalización es común entre los primates cuyos espermatozoides están en competencia.


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Cada vez menos personas se conforman con la idea tradicional del amor y optan por buscar otras opciones; entre ellas, el tener libertad sexual o disfrutar de un trío amoroso. Conforme avanza la sociedad humana, las relaciones también, por lo que se ha dejado de tener relaciones coercitivas para comenzar a lograr un equilibrio. Quizá la evolución no indique que debamos ser monógamos pero la decisión de serlo o no, del mismo modo que el celibato o no tener hijos, es de cada individuo.


Y tú, ¿prefieres ser polígamo?


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