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TECNOLOGIA

La verdad sobre los robots asesinos: Los casos reales que estremecieron al mundo

Robots que rompen huesos o que usan el reconocimiento facial para atacar. ¿Qué pensaría Isaac Asimov de esto?

En 2015, un trabajador de la fábrica de Volkswagen en Baunatal, Alemania, fue asesinado por un robot que lo azotó violentamente contra una placa de metal. El chico de 22 años era parte de un equipo dedicado a instalar y configurar la máquina, cuya función era armar automóviles. Ese terrible caso, ocurrido hace poco más de siete años, sigue siendo un ejemplo de las implicaciones del uso de robots en espacios y actividades que antes eran exclusivas de los seres humanos.

El caso de la fábrica de Volkswagen no es el único en el que un robot provoca la muerte de una persona. Son conocidos los casos de vehículos Tesla autónomos que han estado involucrado en accidentes de tránsito y que, en algunos casos, han provocado la muerte de sus ocupantes. Esos ejemplos, así como los de drones utilizados por la policía en algunas ciudades de Estados Unidos para lanzar explosivos a personas sospechosas, son abordados en el documental ‘The Truth About Killer Robots’.

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La película de Third Party Films explora los aspectos cuestionables de usar software de reconocimiento facial o de los establecimientos que son administrados casi en su totalidad por robots. Si leíste ‘Runaround’ de Isaac Asimov (o viste la película ‘Yo, robot’ protagonizada por Will Smith) entonces seguramente recuerdas las tres leyes de la robótica propuestas por el autor: esas que fungen como un reglamento que se asegura de que los robots jamás hagan daño a las personas inocentes.

Como propone ‘The Truth About Killer Robots’, las leyes de Asimov parecen haber quedado en el olvido en la época actual de la vida real. En 1942 eran solamente ciencia ficción, pero en 2022 son más necesarias que nunca. Existen armas inteligentes que se basan en reconocimiento facial para alcanzar sus objetivos humanos y máquinas dedicadas a la desactivación de explosivos: un trabajo sumamente delicado que no debe tomarse a la ligera. Más allá de la posibilidad de que los robots nos reemplacen un día y se lleven nuestros trabajos, el documental muestra que aún no existen legislación ni recursos legales para prevenir que los robots dañen a las personas.

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Un ejemplo más reciente de ese peligro ocurrió este mismo año en Rusia, en un torneo de ajedrez en Moscú. Un niño llamado Christopher, que es uno de los 30 mejores jugadores menores de nueve años en su país, jugaba una partida contra un robot y, aparentemente, la máquina se confundió con los rápidos movimientos del niño ajedrecista. El robot “pescó” el dedo de Christopher y se lo rompió. Afortunadamente, el pequeño de siete años pudo continuar en el torneo con el dedo enyesado.

La incorporación de los robots en aspectos que solían ser solamente para humanos viene con sus propios riesgos: ¿Alguien se habría imaginado que terminaría con un hueso roto en una partida de ajedrez? Y si bien la Inteligencia Artificial es una fuente de oportunidades y progreso para la humanidad, aún hay mucho trabajo que hacer en los terrenos legales y tecnológicos para asegurar que las personas no salgamos lastimadas.

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