Los antivacunas: la mejor prueba de que la ignorancia mata

Los antivacunas: la mejor prueba de que la ignorancia mata

Por: Alejandro I. López -


Utilizamos el escepticismo de forma cotidiana: para dudar de un producto que se presenta como milagroso y a un precio increíble, para pensar dos veces si lo que dice el presidente en su última aparición pública es real o sólo defiende sus intereses o cuando una oferta de trabajo ofrece el triple de sueldo por la mitad de horas que laboramos actualmente.


En suma, se trata de una característica fundamental para el desarrollo de cualquier pensamiento crítico, no solo en el ámbito de la ciencia, también en las decisiones que se toman día a día y especialmente, desde los discursos de personas que ostentan cargos de poder, como puestos públicos y otros responsables de tomar decisiones que atraviesan la vida de las personas, ya sea materia de salud, economía o seguridad; sin embargo, ¿qué ocurre cuando el escepticismo es malentendido y deviene en una posición totalmente opuesta, de cerrazón, paranoia e incredulidad a pesar de lo apabullante de la evidencia?


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Que las vacunas son uno de los mayores logros de la humanidad en materia de salud es incontestable, tanto como las millones de personas que han sido inmunizadas desde finales del siglo XVIII y los casos de enfermedades erradicadas desde entonces como la difteria, la viruela o el sarampión. Los órganos encargados de las políticas de salud ofrecen programas de vacunación que protegen contra virus que antes cobraban miles de vidas y en los laboratorios, se trabaja para algunas enfermedades que hoy día son tema prioritario de salud pública.


Con tales evidencias, comprobadas por la mayoría de la población personalmente, ¿cómo dudar de los beneficios de la vacunación?


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Los antivacunas son grupos organizados de presión alrededor del mundo que aseguran, la aplicación de vacunas no reporta ningún beneficio en la salud y sólo se trata de una estrategia publicitaria de las grandes compañías farmacéuticas encargadas de su fabricación. Peor aún: desde su óptica, las personas que están en contra de la inmunización afirman que ésta trae consigo riesgos inminentes, como trastornos autistas y otras enfermedades.


Los primeros estragos de la atención desmedida a las facciones antivacunas son más visibles que nunca: la reaparición de la difteria en España después de que un menor no vacunado falleciera a causa de la bacteria en Junio de 2015, la ignorancia del presidente del país más poderoso del planeta mostrando su preocupación por los efectos negativos de las vacunas o el brote de sarampión (una enfermedad casi erradicada) que ahora mismo crece en Europa son sólo una ínfima muestra de todo lo que está en peligro cuando la cerrazón, la pseudociencia y la ignorancia se instauran en el grueso de la sociedad.


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En una sociedad libre, creer que la Tierra es plana, que la evolución no existe o que el hombre nunca llegó a la Luna es una opinión válida (a pesar de que no corresponde a la realidad), pero crear grupos de presión para difundir mitos sobre la vacunación y decidir no llevar a los niños a los centros de salud a inmunizar, no sólo es un síntoma del estrepitoso fracaso del sistema educativo, de la divulgación científica y de un sano escepticismo; sobre todo, es un grave problema de salud pública que pone en riesgo a millones de personas alrededor del mundo.

Referencias: