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Oncoplutocracia: ¿por qué el cáncer es más letal con los más pobres?

7 de febrero de 2018

Alonso Martínez

Aunque los tratamientos para combatir el cáncer cada vez son más efectivos, sólo la gente rica puede tener acceso a ellos.


El cáncer no discrimina. Los tratamientos y el acceso a ellos sí.


Un niño de Suiza con cáncer, tiene más del doble de probabilidad de sobrevivir que un infante mexicano. La razón es sencilla: sólo los países y los pacientes adinerados tienen el poder de recibir un tratamiento, mientras que las personas sin recursos de zonas en desarrollo rara vez podrán tener incluso un diagnóstico.


Esto resulta paradójico, ya que desde los últimos años, la tasa de supervivencia del cáncer alrededor del mundo ha ido a la alza. De acuerdo con el Instituto Catalán de Oncología, desde el año 2000: «en España, la supervivencia a los cinco años en el cáncer de esófago se ha incrementado del 9 % al 13 %. En el caso del hígado, del 14% al 17%. En pulmón, del 10.8 % al 13.5 %. En páncreas, del 5.6 % al 7.7 %. En otros cánceres, la supervivencia se mantiene alta». Sin embargo, esos estimados son más reducidos en otros países, como México u otras naciones de Sudamérica.



Es decir, mientras que en países como Estados Unidos, Canadá, Australia, y Nueva Zelanda, los pacientes tienen altas probabilidades de sobrevivir al menos un estimado de cinco años a partir de su diagnóstico, en Brasil, México y China ese porcentaje se reduce considerablemente. Pero, ¿por qué sucede?


Las tecnologías enfocadas hacia los tratamientos y terapias contra el cáncer han avanzado considerablemente en los últimos años, sin embargo, los precios son demasiado altos. Esto se debe a que las farmacéuticas aprovecharán los beneficios monetarios hasta el final. Es decir, ellos determinan el precio del servicio, y ya que son de alta importancia y demanda, no lo "dejarán barato" para cualquier tipo de pacientes, y de hecho eso también afecta a los enfermos que tienen más dinero.



«Algunas de las nuevas terapias contra el cáncer son extremadamente caras y solo están disponibles para los más ricos de los países más ricos. Con estos precios, no son un producto sostenible para todos los pacientes, ni siquiera en los países más ricos», comentó la epidemióloga Claudia Allemani, de la Escuela de Higiene y Medicina de Londres. La experta asegura que, ya que los tratamientos suelen llevarse a cabo constantemente, pagarlos después de un tiempo resulta imposible, por lo que las personas que pueden costear los primeros, no podrán seguir pagando las enormes cantidades que se requieren para mantenerlos fuera de riesgo.


«Los márgenes de beneficio que obtienen las farmacéuticas no son sostenibles en ningún lugar del mundo y es necesario abrir un debate sobre cuál es un precio justo de los medicamentos», dice Josep Tabarnero, presidente de la Sociedad Europea de Oncología Médica.



Para ejemplificar mejor la situación, podemos ver el ejemplo de Martin Shkreli, el fundador de Turing Pharmaceuticals, quien decidió incrementar el precio de la Daraprima – medicamento usado para tratamientos con pacientes que sufren de VIH/SIDA– más de 500 % de su precio original. Mientras que en el pasado costaba 13 dólares la pastilla, él hizo que valiera 750. ¿La razón? Estaba seguro que las personas que lo necesitaran iban a pagar el precio, ya que no existían medicinas alternativas.


De esa forma funcionan las farmacéuticas que desarrollan los tratamientos y las terapias contra el cáncer. Ellos determinan el precio, y aunque las tecnologías que utilizan pueden ser caras, no existe una clara iniciativa para hacer que esos servicios puedan ser disponibles para las personas de cualquier clase social, sin importar el país en el que viven.



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De acuerdo con un artículo del New York Times, en realidad no cuesta tanto dinero hacer que un medicamento contra el cáncer llegue al mercado. Aunque las farmacéuticas gastan aproximadamente 2.7 mil millones de dólares en hacer sus productos, en realidad el costo podría reducirse a la mitad, lo cual significa que el precio no debería ser tan alto. Algunos expertos en crear esos medicamentos aseguran que se requiere más dinero y se cobra más para recuperar lo perdido durante los experimentos fallidos, pero no es una justificación clara de por qué sólo los habitantes de países del primer mundo pueden aspirar a vivir una cantidad mayor de tiempo, mientras que en México y otros países "pobres", no queda más que resignarse y esperar la muerte.


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Las fotografías de este artículo le pertenecen a Nancy Borowick, quien realizó una serie fotográfica siguiendo el tratamiento de cáncer de su madre hasta el día de su muerte.


TAGS: Ciencia Enfermedades crónicas Medicina
REFERENCIAS: New York Times

Alonso Martínez


Editor de Cine

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