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Por qué manejar triste es más peligroso que hacerlo borracho, según la ciencia

23 de diciembre de 2017

Rodrigo Ayala Cárdenas

Sentirse enojado o triste aparta la atención del conductor de lo que está haciendo, elevando el riesgo de un accidente.

Mueren un hombre y dos mujeres en tremendo choque vial.


Exceso de velocidad y alcohol: primera causa de accidentes viales.


¡Pagó caro pisar a fondo el acelerador!


Salió disparado por el parabrisas. Su cuerpo fue hallado a cuatro metros de distancia.


¡Horrible choque! El saldo: cuatro muertos y dos heridos de gravedad.


Perdió la vida por ir contestando mensajes por celular.



A menudo estamos expuestos a este tipo de noticias divulgadas por los medios de comunicación que se regocijan en la tragedia ajena. Los accidentes de auto se cobran más de un millón de muertes a nivel mundial cada año aproximadamente, una cifra bastante elevada si tomamos en cuenta que estas tragedias podrían evitarse si los conductores fueran un poco más responsables tanto de su vida como de la de otros personas que resultan heridas.


Si la población mundial continúa creciendo de manera acelerada como lo ha hecho hasta el momento y el número de autos aumenta, se piensa que para 2030 el total de víctimas por accidentes de tráfico será cerca de dos millones, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS).




El alcohol y el exceso de velocidad, junto con las distracciones generadas por el uso del celular y el cansancio, se cuentan entre las causas más comunes de los accidentes viales; sin embargo, investigaciones recientes afirman que conducir bajo estados emocionales alterados, como el enojo o la tristeza, son factores de distracción que elevan el riesgo de accidente hasta 10 veces.


«Estos hallazgos son importantes porque vemos una población más joven de conductores, e los adolescentes son más propensos a participar en actividades de distracción durante la conducción», afirmó Tom Dingus, director del Instituto de Transporte de Virginia Tech donde se hicieron los hallazgos.



Sentirse enojado o triste aparta la atención del conductor de lo que está haciendo: está manejando bajo una fuerte carga de estrés que no lo hace ser consciente de sus acciones. Para manejar se necesita cierto grado de tranquilidad para hacerlo de manera cauta, disponiendo de la velocidad inadecuada y con los sentidos totalmente atentos para actuar de la forma más adecuada en casos de emergencia.


La tristeza con todo lo que conlleva: llanto, desesperación, estrés, angustia, es una de las peores maneras de ponerse al frente de un carro, especialmente si la persona no está apta emocionalmente para guardar la calma. Tan sólo recuerda aquellos momentos en que peor te sentías, en que la tristeza no te dejaba hacer nada más que pensar en tu problema, distrayéndote de todo lo esencial. Bien, manejar requiere que toda tu atención y si hay algo que altera tu concentración, es preferible olvidarse de hacerlo.



Conducir mientras el ánimo está decaído es equivalente a trabajar bajo este estado de ánimo. El cerebro tiene menos probabilidades de concentrarse de manera adecuada y será más fácil que incurra en pensamientos o decisiones equivocadas. Al no estar motivada, la persona se dejará sumir en estados de oscuridad que le apartarán de una adecuada toma de decisiones. ¿La posibilidad del suicidio es latente en una persona que conduce bajo los efectos de una fuerte depresión? No se tiene detalles al respecto, sin embargo, la posibilidad queda en el aire como una causa a tomar en cuenta.



Por el otro lado, el enojo también es causa de no manejar de la manera más adecuada. Cuando una persona está alterada es fácil que incurra en acciones imprudentes como elevar la velocidad hasta límites peligrosos, manejar muy cerca de otros carros, cambiar de carril de manera brusca o no respetar señalamientos viales. Todo ello eleva el factor de riesgo para que los accidentes ocurren.



Todo accidente se puede prevenir sabiendo elegir la mejor decisión. El conductor es responsable desde que se sube al auto y enciende la maquinaria de lo que ocurrirá durante las siguientes horas en las que se ponga al volante. Asimismo sus acompañantes deben desempeñar funciones importantes como prevenirlo de cualquier peligro latente que ponga en riesgo su seguridad. Tanto piloto como copiloto deben ser responsables de viajar con la atención bien puesta en el camino y cada uno de los señalamientos.


Si un conductor no está apto para desempeñar su papel correspondiente lo mejor es que decida no manejar, pues sería un riesgo para sí mismo y los demás. Los accidentes de tránsito no sólo tienen que ver con los estados de ánimo sino con la irresponsabilidad de quien va al volante. No es un juego estar en un carro en mitad de una carretera manejando a una velocidad imprudente sabiendo que es una de las causas principales de muerte en todo el mundo.



Manejar triste no es más peligroso que hacerlo borracho; la irresponsabilidad del conductor es la única causa verdadera para que los accidentes se presenten más a menudo. En el momento en que los conductores sepan lidiar con sus propios demonios y se percaten de que el volante debe ser tomado con responsabilidad, los accidentes disminuirán de manera considerable para volverse una anécdota del pasado.


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Con la finalidad de que ningún accidente te sorprenda cuando vayas al volante o incluso como peatón, te recomendamos que leas cuáles son las
10 avenidas más peligrosas de la Ciudad de México.
Toma conciencia acerca de que un accidente es fácilmente prevenible si tomas las medidas adecuadas para evitarlo. Las cosas más
absurdas
ocurren en los momentos más estúpidos. 

TAGS: muerte Ciencia Datos curiosos
REFERENCIAS: Muy Interesante Science Alert

Rodrigo Ayala Cárdenas


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