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TECNOLOGIA

La mutación genética que podría hacerte no sentir dolor ni miedo

Su nombre es Jo Cameron, tiene 71 años y como si fuera un personaje salido de un cómic o una serie, es incapaz de sentir dolor o sentir miedo.

Ella es la representación de lo que algunos científicos intentaron lograr con los militares en la Segunda Guerra Mundial (y otros conflictos bélicos), soldados que al no sentir dolor ni miedo fueran mucho más eficientes y mortíferos en el campo de guerra. En su momento, los científicos lograron resultados parcialmente exitosos mediante el uso de sustancias como el pervitín; no obstante, a la fecha ha sido algo prácticamente imposible de lograr, además de las diversas implicaciones éticas de crear “máquinas de guerra”. 

Sin embargo, casi sin advertirlo, una mujer llamada Jo Cameron ha guiado una vida con poco o nulo dolor y unos niveles de estrés o depresión inusitados. Ella habría de comenzar a notar que tal vez era muy diferente a los demás y que su historial médico entonces cobraba mucho más sentido. Jo Cameron / Foto: Mark Pinder - The Guardian.

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«Sabía que era una persona despreocupada, pero no me di cuenta que era diferente. Pensé que sólo era yo. No sabía que algo extraño estaba sucediendo hasta que tenía 65 años». The Guardian 

Es que algo de extraño había cuando el único indicativo para Jo de que se había quemado o se estaba quemando era el olor de su piel sobre el fuego o su sorpresiva capacidad de someterse a procedimientos dentales sin anestesia local, incluso comer chiles fuertes —el estudio refiere al scotch bonnet o pimientos rojos Caribe— sin enchilarse o bien,  que todas las cortadas y quemaduras que sufría solían sanar en poco tiempo. 

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La “rareza” de Jo Cameron llamó la atención de médicos y los científicos a cargo del estudio (“Microdeletion in a FAAH pseudogene identified in a patient with high anandamide concentrations and pain insensitivity”) cuando ella fue internada en el Ragmore Hospital, en Escocia para una cirugía ortopédica. En aquel entonces, Jo tenía 66 años y habría de someterse a un reemplazo de cadera —esto después de que los doctores descartaron su caso repetidas veces por la ausencia de dolor— y no sólo llevar una recuperación rápida, sino con pocos analgésicos. 

Durante su recuperación, los doctores también notaron un «deterioro y deformación significativas en el uso del pulgar derecho, que fue reportado sin dolor antes de la operación», por lo que sería sometida a otro procedimiento médico que suponía mucho más dolor; sin embargo, Jo tampoco requirió analgésicos. En el estudio se reporta que cuando le administraron morfina le provocó náuseas y vómito severo durante dos días. 

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Estos hechos provocaron que los doctores indagaran en su historial médico, obteniendo los relatos inusuales de sus heridas, como cuando de niña se rompió un brazo y sólo hasta días después que su hueso tomó un ángulo inusual supieron que algo estaba mal. Del mismo modo, descubrieron que Jo se mantenía serena en situaciones de alto impacto, como un choques automovilísticos. Por ello, sus médicos la refirieron a los grupos de genética del dolor del University College de Londres y la Universidad de Oxford. 

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Allí, los científicos intentaron descubrir en su ADN lo que la hacía una persona excepcional, por lo que también investigaron los genes de sus dos hijos y su madre. Lo que encontraron fueron dos mutaciones que en conjunto provocan la insensibilidad y tranquilidad de Cameron. 

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La primera de ellas disminuye la actividad del gen FAAH, mismo que se encarga de la creación de la enzima encargada de descomponer la anandamida, la cual es útil para el dolor, nuestro humor y hasta nuestra memoria. Así que mientras menos se descomponga, más efectos analgésicos tendrá en nuestro cuerpo, lo cual le ocurre a ella. 

Por otro lado, la segunda mutación es el gen FAAH-OUT, que según el reporte de The Guardian, los científicos lo interpretan como el control de volumen del gen FAAH. En el caso de Cameron, al no tener en su secuencia este gen, entonces el FAAH no puede producir las enzimas suficientes para descomponer la anandamida, por lo que ella tiene el doble de lo normal. 

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El exceso de anandamida en su sistema es lo que provoca que no sienta dolor —pues se trata de un cannabinoide natural—, pero también es el origen de sus constantes olvidos; ya sea que olvida cosas tan comunes como dónde dejó las llaves o bien, la siguiente palabra al decir una frase.

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Los científicos creen que Jo y más gente como ella podría contribuir al desarrollo de analgésicos o de terapias contra el dolor que ayuden a miles de personas que viven con dolor crónico. 

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