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Por qué los países más creyentes son menos creativos según la ciencia

Tecnología Por qué los países más creyentes son menos creativos según la ciencia

Un estudio de Princeton explica la relación entre la religión y el desarrollo tecnológico —entendido como creatividad— y debemos decirlo: la primera demerita la segunda.


La religión y el desarrollo científico han presentado explicaciones antagónicas sobre varios los aspectos de nuestras vidas, desde la creación del Universo y hasta la curación de ciertas enfermedades.


Aunque existen registros de cómo la religión y la ciencia avanzaron en conjunto, por ejemplo durante la expansión musulmana en el periodo de 632-732, en el que se desarrolló el álgebra, la trigonometría o avances en la medicina; o bien en el desarrollo de la imprenta, que de acuerdo con Roland Bénabou la Iglesia Católica Romana no presentó ninguna oposición dado que el primer libro impreso de esta forma fue la Biblia, hasta que «irónicamente» precisamente la imprenta permitió la difusión de la Reforma Protestante. 


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Ciertos estudios como el del America’s Bureau of Economic Research señala la relación entre el desarrollo científico, tecnológico y la religión. Es decir, mostraron que aquellos países mientras más religiosos fueran, menos nivel creativo existía, el cual fue entendido como el número de patentes per capita. De acuerdo con el artículo titulado “Forbidden Fruits: The Political Economy of Science, Religion, and Growth”, se basaron en tres puntos clave: 


«(i) la recurrente llegada de descubrimientos científicos que, si son difundidos ampliamente e implementados, generan ganancias de productividad pero también erosionan las creencias religiosas existentes […] al contradecir aspectos importantes de la doctrina; (ii) un gobierno que puede permitir que tales ideas e innovaciones se difundan, o que gasten recursos para censurarlas e impedir su difusión; (iii) una organización o sector religioso (Iglesia o iglesias) que puedan, a un costo, emprender una adaptación de la doctrina que la haga más compatible con el conocimiento».

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Además de los ejemplos anteriores, el estudio se enfoca en la censura religiosa sobre textos científicos que abarcan desde el pensamiento aristotélico, los avances de Copérnico o el propio Galileo, siendo estos últimos una de las evidencias de cómo la religión impidió el pensamiento creativo, ya que en Inglaterra las ideas de Galileo fueron aceptadas a pesar de la condena católica, mientras que en otros países no. En ese sentido, el estudio plantea que precisamente la Revolución Científica se desplazó de Italia hacia el norte de Europa, como Holanda, Francia e Inglaterra— dejando en el atraso tecnológico a los países estrictamente católicos.


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Ahora bien, de acuerdo a The Economist, no todas son malas noticias: la creencia puede brindar cohesión social e identitaria a toda una población. Lo cual podría compensar las pérdidas económicas provocadas por la tardía adopción de la tecnología o la falta de creatividad científica. 


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Citas traducidas de Roland Bénabou, Davide Ticchi y Andrea Vindigni, “Forbidden Fruits: The Political Economy of Science, Religion, and Growth” que puedes consultar aquí.



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