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Pasos para desaparecer de la web sin dejar ningún rastro

Tecnología Pasos para desaparecer de la web sin dejar ningún rastro

 

El 20 de mayo de 2013, un exempleado de la Agencia Central de Inteligencia Estadounidense (NSA) empacó las pertenencias que consideró necesarias, ocultó unos cuantos dispositivos y tomó un avión hacia Hong Kong. Escapó del lugar que lo vio crecer y que lo convirtió en una persona respetable, un genio de la informática que quería ayudar a su propio gobierno.

También sufrió, pues le duele saber que ese país que tanto ama es responsable y capaz de espiar a sus ciudadanos (y a los del resto del mundo) sin importarles la falta de ética que implica. El nombre de ese individuo es Edward Snowden. Libros se han escrito sobre él, una película y un documental se enfocan su historia y aunque algunos periódicos lo llamaron un héroe por revelar las verdaderas intenciones de la CIA, también es uno de los traidores más grandes de su nación.

El hombre ahora está refugiado en Rusia, su integridad aún está comprometida y sin embargo, no nos importó lo que hizo por nosotros. Aún le regalamos nuestra información a Internet y no pensamos en que la privacidad que creemos poseer, realmente no existe.

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Para establecer un escenario más claro: según los documentos de Snowden, la CIA tiene acceso a las búsquedas que todos los usuarios puedan hacer en Google, empresa que le provee información. El gobierno norteamericano puede ver nuestros correos electrónicos, los sitios que visitamos, una aproximación de nuestra edad y los gustos que tenemos. Si eso no es suficiente para preocuparnos, también tienen acceso a los documentos y fotografías que hemos mandado mediante la web.

Nuestras selfies, las nudes y cualquier momento vergonzoso que se haya compartido es libre de llegar a manos de los informáticos de Estados Unidos. La CIA se justifica bajo el discurso de vigilancia y protección contra los distintos peligros que enfrenta el país más poderoso del mundo, pero ¿qué pasaría si ese poder estuviera en las manos equivocadas? Digamos, por ejemplo, al nuevo presidente de Estados Unidos o a alguien que quiera hacer un daño enorme a una gran cantidad de personas.

¿Deberíamos tener miedo?

Acerquemos un poco el panorama. ¿Por qué tiene tanto éxito Facebook?
Claro, millones de usuarios quieren conectarse con sus amigos y ver noticias de sus sitios favoritos. Eso no crea ganancias. Todas ellas llegan del bolsillo de los anunciantes y los precios son altos por el acceso a los datos. Facebook tiene la habilidad de presentar anuncios mediante segmentos. Cuenta con información sobre nuestra edad y posibles gustos. Para un publicista se trata de oro puro. No existe una forma más fácil de marketing. Pero es sólo la punta del iceberg. Cada vez que ingresamos en un sitio con un correo o en una aplicación de Facebook, permitimos acceso a nuestros datos. ¿Para qué la desean? Para venderla.

La prueba más clara son los correos de spam que inundan las bandejas de los usuarios y Google es comúnmente señalado como el mayor culpable. 

Podríamos culparnos a nosotros. No leemos las políticas de privacidad que aceptamos por nuestra urgencia de usar las nuevas tecnologías, pero lo cierto es que las empresas ignoran sus responsabilidades porque saben que el individuo común no se preocupará por eso. Y es cierto. La probabilidad de que alguien nos hackee aleatoriamente es la misma de que una persona entre a robar a nuestro hogar. Dependen diferentes factores y los criminales necesitan motivos. Sin embargo, –volviendo a lo de Snowden– si el gobierno desea nuestra información, debemos preocuparnos aún más.

¿Qué podemos hacer?

Si de verdad la paranoia nos lleva al punto de no desear que quede ningún registro, lo principal es usar un nombre falso y jamás hacer pagos de tarjeta de crédito en Internet. Pero si ya tenemos un largo tiempo en la red, lo más probable es que nuestra huella se encuentre en diferentes lados. Existen herramientas de paga para ayudar a ese proceso, pero es un poco contradictorio pagar por la seguridad en la web, así que lo mejor es hacerlo de forma manual y con aplicaciones gratuitas. Un ejemplo es Deseat.mesitio que rastrea todos los lugares en los que nuestra cuenta de Gmail esté registrada y permite eliminar la suscripción de forma sencilla. Un primer paso contundente para escapar del dominio de Google.

Para perder a Google y a Facebook...

Borrar nuestro historial no basta, pero podemos comenzar a usar diferentes sitios proxys y navegación en "modo incógnito" para evitar registros constantes, principalmente por medio de las cookies, que almacenan nuestras preferencias en los sitios web. Para quitarnos a Facebook de encima no existe otra opción más que eliminar la cuenta de forma permanente, pero aún así, algunas de nuestras fotografías estarán en el sistema. Puedes pedir mediante reportes que las eliminen o que tus amigos que crearon las etiquetas borren las imágenes. Con Google es aún más complejo.

Primero debemos revisar si nuestro nombre aparece en las búsquedas. Si queremos que no sea así, debemos entrar en contacto y pedir que los resultados se eliminen. Se recomienda crear una historia sólida para que nuestra marca sea borrada. Lo mismo debemos hacer con Google Imágenes. Quizá sea necesario repetir lo anterior con los diferentes motores de búsqueda. Y la opción primigenia para desaparecer de raíz, es borrar todas nuestras cuentas de correo.

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¿Habrás desaparecido de la web?

Es posible que gran parte de la información que compartimos durante años de uso constante de Internet aún siga en línea. El sentido común nos informa demasiado tarde que nuestro nombre no debería ser parte de una lista en la que es fácil entrar. Ser parte de la web cada vez se convierte en un hecho más peligroso. Compartimos en redes nuestras ideas sin pensar que alguien conoce los lugares que visitamos, quiénes son nuestros amigos, las cosas que nos gustan y hasta nuestros más oscuros secretos que compartimos pensando –ingenuamente– que sólo verá una persona cercana. Ahora entendemos el miedo de Snowden.

Resulta difícil descartar alguno de los futuros distópicos que presenta la ciencia ficción en los que seremos observados, monitoreados, amenazados y en algunos casos hasta asesinados. ¿Los motivos? Nadie los sabe aún.


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Fuentes:

RT

 El País







Referencias: