Por qué enamorarnos de un robot será un acto menos egoísta según la ciencia
Tecnología

Por qué enamorarnos de un robot será un acto menos egoísta según la ciencia

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Por: El Nomada

23 de agosto, 2017

Tecnología Por qué enamorarnos de un robot será un acto menos egoísta según la ciencia
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23 de agosto, 2017


Rick Deckard (Harrison Ford) observa a su compañera (Sean Young) tocar el piano; luego de alabar su habilidad en el instrumento, acerca su rostro al de ella y le siembra un cálido beso en la mejilla. Entonces se miran por un instante a los ojos y él le da otro beso ahora en los labios. Ella se ruboriza y huye.


La escena descrita es una de las más famosas y emotivas de la película Blade Runner (Ridley Scott, 1982), basada en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), no sólo por la sensual banda sonora y la dirección formidable, sino porque, en efecto, se trata de una escena romántica protagonizada entre un ser humano y un replicante, es decir, un androide con forma humana e inteligencia artificial.


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La idea de seres humanos que coexisten emocionalmente con inteligencias artificiales no es extraña dentro del mundo de la ficción, ya se ha planteado en innumerables obras literarias y cinematográficas, como en Her –Oscar al mejor guión original en 2014–, cuya historia nos narra la vida solitaria de un escritor que inicia una relación con un sistema operativo diseñado para satisfacer todas sus necesidades.


En el libro Amor y sexo con robots, de David Levy, se predice que en el año 2050 será común el matrimonio con androides. Pero más allá de la ficción, ¿qué tan cerca estamos de desarrollar relaciones sentimentales con máquinas?  Hoy, aunque carentes de la inteligencia suficiente para imitar emociones, ya existen los robots sexuales con apariencia humana, incluso hay un modelo "clon" de Scarlett Johansson.


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Noel Sharkey, profesor de robótica e inteligencia artificial de la Universidad de Sheffield (Reino Unido), publicó un estudio en el que comparte sus preocupaciones sobre este fenómeno, y asegura que la sociedad debería tener en cuenta el impacto que causarán los distintos tipos de robots sexuales, aunque todavía no hay muchas empresas que los fabrican, cree que la revolución que se avecina podría cambiar la concepción que tenemos de los mismos.


Una de las empresas que crea este tipo de robots sexuales es Abyss Creations, con sede en San Diego, quienes fabricaron la Real Doll, una muñeca realista de silicona de tamaño natural y con genitales funcionales. Aunque los robots sexuales ya se encuentran en el mercado, aún no se han creado aquellos que poseen cierto nivel de complejidad como la que se muestra en la ciencia ficción, pero, tal vez, no falte mucho para esto.


"(...) podrían —los robots— llegar a ser parte tan integral de nuestras vidas que hasta podríamos enamorarnos de ellos", advierte el Dr. Blay Whitby, especialista en ética de las tecnologías. En la actualidad, la inteligencia artificial asiste y aprende nuestras rutinas y preferencias para adaptar su servicio, un ejemplo de esto es Google, que sabe nuestras tendencias de navegación y nos muestra contenido acorde al historial de búsquedas.


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En un futuro muy próximo los robots con apariencia humana se venderán por pedido o según los gustos del cliente, de la misma manera en que hoy podemos comprar un automóvil. Así, ese compañero artificial sabrá cuáles son nuestros temas de conversación favoritos, interpretará los cambios químicos corporales para saber de qué humor estamos, quizás hasta sepa preparar nuestro platillo favorito, o llevarnos al médico cuando haga falta. Pero, ¿realmente el ser humano podría generar empatía emocional con un ser artificial? ¿Se podría amar a un robot? De hecho, ¿amamos de verdad a las personas? Es decir, hoy las relaciones interpersonales son cada vez más frívolas y desechables; vemos a los otros como alguien que satisface los caprichos o fantasías, según la idea errónea que tenemos del amor, o sólo por escapar del miedo a la soledad.


Entonces, ¿qué importaría si nos relacionamos con un robot o un ser humano? Quizá sería más adecuado extrapolar nuestro egoísmo en un androide incapaz de sentir y sufrir, en vez de herir a otra persona. No lo sabemos aún, pero en un futuro tal vez podamos de verdad amar a un robot; al final, uno ama todo aquello en lo que deja parte de sí. Como la frase que se menciona en El Principito: "Fue el tiempo que pasaste con tu rosa —¿o androide?— lo que la hizo tan importante".


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La tecnología avanza cada vez más que es probable que un día nadie tenga el control de ésta, tal como se narra en la historia del robot que se suicidó para darle un golpe mortal al ego del ser humano. Incluso, ¿sabes hacia donde se dirige el futuro del placer con androides?



Referencias: