La inesperada razón por la que no puedes dejar de tocar tu cara

La inesperada razón por la que no puedes dejar de tocar tu cara

Por: Abril Palomino -

Por más que intentes dejar de hacerlo, ¿te has dado cuenta de qué te tocas la cara más de lo que creías?

En estas últimas semanas la vida de casi todos los habitantes en el planeta ha cambiado radicalmente, sobre todo los hábitos sociales e higiénicos; no convivir con personas externas a nuestro hogar, lavar constantemente nuestras manos, no usar el transporte público, proteger nuestro rostro con caretas y cubrebocas, no tocar el rostro con las manos, evitar los sitios con mucha gente o cambiar nuestra dieta para fortalecer nuestras defensas, entre muchos otros. 

Así es como hemos aprendido a darle mayor importancia a cosas que dábamos por hechas como ver a nuestros seres queridos, abrazar a nuestros amigos, ir tranquilamente al supermercado con compañía, caminar sin cubrebocas. Y también hemos podido concientizar muchos hábitos que pensábamos que eran inofensivos, como tocarnos la cara; según un estudio realizado en el año 2006, casi el 25 por ciento de la transferencia de enfermedades respiratorias se atribuyen al contacto entre las manos y el rostro.

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¿Por qué nos tocamos la cara?

Aunque las instituciones de salud repitan hasta el cansancio que se debe procurar no tocar la cara, este ha sido uno de los hábitos más difíciles de cambiar en la mayoría de la población. Varios estudios de comportamiento han concluido que una persona se toca el rostro más de una docena de veces por hora, es decir una vez casi cada 5 minutos. Lo más común es acercar objetos a la nariz para olerlos instintivamente, como lo asegura Noam Sobel del Instituto de Ciencia Weizmann de Israel, quien dice, «Nos olfateamos las manos en gran parte porque estamos captando señales químicas, feromonas, que nos hablan de las personas que nos rodean».

La razón científica por la que no puedes dejar de tocar tu cara

En el estudio dirigido por el mismo Noam Sobel se pudieron determinar sorprendentes resultados, tal cual lo menciona Eva Mishor, investigadora de olfato humano en el Instituto Weizmann,

«Aprendemos sobre su estado mental, sobre su estado físico, si están enfermos o sanos. Y necesitamos esto, es una gran parte de nuestra forma de aprender sobre el mundo. Es una gran parte de las decisiones que tomamos». 

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Esto se puede ejemplificar fácilmente con el sudor; el sudor que producimos cuando estamos ansiosos tiene un olor particular, y cuando lo huele en otros, inconscientemente confiamos menos en ellos. Esto no quiere decir que las personas anden recargando sus narices en los otros como lo hacen los perros, todo esto se realiza de una manera muy natural, inconsciente y encubierta, por ejemplo pasar las manos por la nariz después de un apretón de manos o cuando damos un abrazo profundo o fraternal. Los olores son procesados en el cerebro de la misma manera que los recuerdos y las emociones, sin pasar por las partes del cerebro que maneja los pensamientos conscientes. 

Por qué olemos nuestras manos

Pero, si olfatear es una actividad vinculada con el conocimiento y reconocimiento de los otros, ¿por qué aún en aislamiento seguimos tocando nuestra cara?

Aharon Ravia, uno de los autores del estudio en el Instituto Weizmann, explican que podemos olernos para controlar nuestro propio estado mental y ayudar a interpretar cómo nos sentimos. Olernos a nosotros mismos puede ser tranquilizador, especialmente si estamos estresados, «Quizás olerme a mí mismo me hará sentir más relajado, porque es algo que conozco, que me es familiar y me da una estabilidad momentánea».

¿Habías notado todas las veces que pasas tus manos por tu nariz?, ¿crees que los olores juegan un papel tan importante en nuestra vida?, ¿que otras partes de tu cara tocas con mucha frecuencia?

Por qué olemos a las personas

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