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Por qué la religión funciona como una droga para tu cerebro según la ciencia

Tecnología Por qué la religión funciona como una droga para tu cerebro según la ciencia

Una persona se puede volver adicta a la religión, pero no es precisamente por la creencia, sino por el efecto que tiene en el cerebro.


Si eres religioso, cada vez que rezas sientes gozo, placer y alegría. Cuando expías tus pecados al sacerdote, sientes una carga más ligera, como si —literalmente— Dios bajara a confortarte. Incluso parece como si estuviera dentro de ti el espíritu de Dios.


Por otra parte, si no crees en Dios, todos esos sentimientos te parecen ilógicos. Quizá pienses que es una exageración o que las personas están siendo manipuladas. Y es que el hecho de que alguien pueda sentir una alegría desmedida solamente por un acto religioso puede llegar a ser impresionante para alguien que no tiene esas creencias.


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Los agnósticos o ateos cuestionamos sus tradiciones y costumbres, ignorando que existe un factor científico que explica esos comportamientos.



Lo que sucede es que cuando una persona está teniendo una experiencia religiosa, el cerebro tiene una reacción de placer, que incluso podría compararse con el consumo de drogas.


Un estudio realizado en la Universidad de Utah por distintos expertos, se llevó a cabo para tratar de demostrar el efecto de la religión en el cerebro. Analizando el comportamiento cerebral de 19 jóvenes mormones devotos, los investigadores les pidieron que realizaran distintas tareas que iban desde descansar hasta leer la Biblia o citas de diferentes autores no-religiosos. Lo único que se les pidió fue presionar un botón en específico cuando sintieran "el espíritu de Dios" o una fuerte emoción.


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Al analizar las lecturas cerebrales los investigadores hallaron que ciertas áreas se activaban cuando los sujetos sentían "el espíritu", lo interesante es que esas mismas zonas son las que se activan cuando alguien consume drogas recreativas, cuando siente amor o escucha música, lo cual resulta placentero, pero que también puede generar una adicción.


De acuerdo con el estudio, esa sección del cerebro es donde se encuentra "el centro de recompensa", llamado así porque cuando se activa, libera dopamina, el químico responsable de hacer sentir placer al cuerpo, el cual también está vinculado con el control de las adicciones. De igual forma, se activa otra zona que está vinculada con el pensamiento moral, esto resulta interesante ya que puede ayudarle a una persona a generar un juicio de forma más rápida, pero mezclada con la dopamina puede hacer que tomen decisiones precipitadas, influenciadas por el sentimiento de amor o placer.


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Esto explica por qué algunas personas religiosas suelen tener reacciones intensas cuando tienen una experiencia vinculada con la espiritualidad e incluso parece que dejan de ser ellos mismos para darle paso a una alegría desmedida. De acuerdo con el jefe del proyecto, el Dr. Jeffrey Anderson: «Miles de millones de personas toman decisiones importantes basados en sentimientos espirituales y religiosos. Es una de las influencias más poderosas en nuestro comportamiento social».


Ese hecho no es precisamente malo y puede mejorar la vida de una persona. Se sienten más seguros de sí mismos, más felices y en control de las situaciones. Eso sucede con la música y con el amor. Asimismo, esa dependencia no es tan mala como una droga, ya que sólo provoca los mismos efectos, sin causar daño en el organismo. Lo cierto es que, algunas personas pueden hacerse adictas a ese sentimiento y quizá pueden reaccionar de una manera extraña —alejándose de la realidad— influenciados por la religión.


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Por ese motivo las personas religiosas se mantienen fieles a su centro de confort, les provoca un placer genuino parecido al amor, haciendo que vivan de manera más plena. Lo interesante es que las drogas, la música y el amor (en repetición) eventualmente tienen un efecto más leve en el cerebro, pero aún no se sabe si las experiencias religiosas toman menos fuerza conforme pasa el tiempo. Esa área de la neurociencia aún está en sus primeros pasos, así que eventualmente tendremos respuestas más claras. Por lo tanto, explicamos el efecto que tiene Dios en la mente y cómo, no es que en realidad baje el espíritu, sino que el cerebro se activa con esas experiencias, haciéndolos sentir mejor.



Referencias: