Por qué somos adictos a Facebook
Tecnología

Por qué somos adictos a Facebook

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Por: Cultura Colectiva

2 de agosto, 2017

Tecnología Por qué somos adictos a Facebook
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2 de agosto, 2017

Flashazos everywhere. Pequeños y molestos ticky-tacs de fondo a donde quiera que vayas. El desconcertante ringtone predeterminado de mensajería que acecha en toda reunión. Así vivimos con la tecnología y nuestra más que incipiente adicción a las redes sociales; con estas peculiaridades hemos aprendido a sobrevivir y de esa manera no podemos renunciar a los dispositivos que “nos conectan socialmente”. ¿Acaso los millennials no pueden entrar al cine sin revisar compulsivamente sus notificaciones? ¿Ir a una cita sin tener que cubrir sus silencios incómodos con swipping? ¿Es que nuestros padres ya no pueden contenerse de mandar imágenes sin sentido todo el tiempo o stalkear a la familia, aunque ésta se encuentre bajo el mismo techo? Hubo una época en que satanizaban este fenómeno como propio y exclusivo de la juventud; ahora, esos jóvenes hemos crecido y somos testigos de un uso más frenético en las generaciones venideras y una escabrosa adhesión en quienes hoy superan los 40 años de edad. Asimismo, nosotros lo criticamos, mas no sabemos en qué punto parar o hasta dónde fuimos responsables de que esto sucediera y siga pasando.


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Antes de partir a las explicaciones que se han hallado para dicha adicción y sus problemas, debemos sostener en la mente que, a pesar de su mismo enfoque y supuesta finalidad, los usos generacionales gozan de diferentes características; por un lado, los millennials han resultado los usuarios más pasivos de este fenómeno –al ver el comportamiento de los otros o esporádicamente compartir elementos prehechos en la red–, y por el otro, están las personas aún más jóvenes, quienes viven digitalmente bajo la consigna de ser vistas, contra los individuos mayores que rescatan o transmiten información específica pensando en el vínculo, interés y relevancia que ello tendría para sus contactos. Esto en términos generales y de acuerdo con los comportamientos hasta ahora registrados en diversos análisis; no obstante, la orientación es la misma.


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Hoy, Facebook ha superado los 2 mil millones de usuarios mensuales; con dicha cifra no cabe duda sobre la influencia y poder que tiene en la sociedad, pero ¿qué tanto nos daña, molesta, perturba o distorsiona su existencia? ¿Qué hay detrás de ese amor que poco a poco se vuelve obsesión? Según Zuckerberg, no podemos desprendernos de su plataforma porque ésta se enfoca en «permitir que los usuarios establezcan comunidades y acerquen al mundo». Es decir, su objetivo es el de fortalecer las relaciones y los lazos comunitarios; no obstante, es su utilización deformada lo que le ha dado éxito y gran factor adictivo.

De acuerdo con una encuesta dirigida por El País, misma que se apoya en las reflexiones que Nir Eyal –egresado de la Escuela de Negocios de Stanford– ha hecho al respecto, el fin velado por el que soportamos tanta estupidez, a insufribles nefastos, comentarios fuera de lugar o incómodos, familiares que en realidad no nos importan u opiniones que no necesitamos, es porque hallamos en Facebook un medio ideal para el ocio pasajero y la vigilancia silenciosa.


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Entre sus múltiples razones para no dejarle, para creer que incluso en el baño o en el “Alto” del semáforo podemos scrollear y obtener lo que buscamos, tenemos la creencia de que con el mínimo esfuerzo la información se nos abre paso, que somos capaces de comunicarnos certeramente con el mundo entero y que todo lo que merece suceder o en verdad ha ocurrido pasa en las ventanas de lo digital.


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Asimismo, esa urgencia que causa prurito y no nos deja despegar el pulgar de la pantalla nace de la satisfacción colosal que inaugura un foro de ego tan grande como Facebook y, en contraparte, esa insatisfacción crónica de ver todo lo que parece lejano. Según las encuestas y los testimonios recogidos, la plataforma hace sentir a sus usuarios entendidos, en contacto, activos, parte de la sociedad, aunque esto conlleve malas relaciones en el mundo no-digital o pláticas y falsas con gente que ni siquiera conocen.

Una de las respuestas más populares y recurrentes es que así, los encuestados, se sienten en cercanía de familiares, amigos o un círculo específico sin mover más que un dedo; el que da Likes, obviamente. No hay esfuerzos innecesarios, el tiempo se ahorra y los vínculos se mantienen vigentes. Llegando así a un punto crucial de dicha red y su uso desmedido: la soledad se percibe como erradicada mediante las "emociones" de la red, los comentarios, los shares, el siempre evolutivo meme y el messenger breve, casi sin trasfondo.


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Y en esto jugamos todos, los que sólo observan lo que los demás hacen, aquellos que generan personajes en vez de personalidades en la red, y esos que siguen pensando que sólo trasladaron la utilidad del mail, el correo tradicional o el SMS a la familiaridad con Facebook. Concluyendo así que, como muchos de nuestros ocios en la historia de la humanidad, este social network es un medio para obtener placer sin energía y una suerte de autocomplacencia disfrazada.


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