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Qué son las fake news, cómo nacen y por qué son tan peligrosas

2 de agosto de 2018

Cesar Caballero

El truco de las fake news es apelar a nuestro lado emocional para que perdamos de vista la objetividad de los hechos.



Existen algunas cosas que no importa cuánto luchemos, están destinadas a desaparecer: los CDs, Snapchat, las aspiraciones del Cruz Azul a un nuevo título. Pero por otro lado, también existen algunas cosas que debemos luchar para que nunca desaparezcan. Una de ellas es la verdad. No estamos hablando de la verdad filosófica o matemática, estamos hablando de la verdad en general, de los hechos, pero específicamente de una verdad irrefutable.


Verdades como que la Tierra no es plana, sí existe el calentamiento global, las vacunas no te causan autismo. Pero antes de ver comentarios como: “si el planeta se está calentando, ¿por qué en diciembre hace frío?” o videos de 20 minutos explicando por qué la Tierra es plana, hablemos de la Era de la posverdad. El Diccionario Merriam-Webster nos dice que la verdad "se usa informalmente para significar la coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere o la fidelidad a una idea. El término se usa en un sentido técnico en diversos campos como la ciencia, la lógica, las matemáticas o la filosofía". Si eso es la verdad, ¿entonces qué significa posverdad?





Según parece, el término fue usado por primera vez en las páginas de The Nation, por el dramaturgo Steve Tesich en 1992, y fue hasta el 2004 que volvió a resurgir con el sociólogo Ralph Keyes en su libro The Post-Truth Era. Dishonesty and Deception in Contemporary Life. Poco después, el periodista Eric Alterman lo aplicó a la política y bautizó la de George W. Bush como "la presidencia de la posverdad", por el modo mendaz en que manipuló a sus fines los atentados contra las Torres Gemelas. Y ahora la expresión resurge gracias a otro político republicano. Así, en septiembre de 2016, The Economist le dedicó su artículo de tapa a Donald Trump, titulándolo "Art of the Lie. Post-Truth Politics in the Age of Social Media"; y fue así como el diccionario Oxford catalogó la palabra “posverdad” (post-truth) como la palabra del año 2016. Año del Brexit, del fracaso del referéndum de las FARCS y, claro, año en que Trump ganó la presidencia.


Según José Nun, politólogo y ex Secretario de la Nación de Argentina, la posverdad denota aquellas circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las apelaciones a la emoción y a las creencias personales. Dicho de otra manera: para amplios sectores, que algo aparente ser verdad se vuelve más importante que la propia verdad, sobre todo si coincide con su sentido común.





El 17 de junio de 2018, México venció a Alemania 1-0. Unos celebraron con cerveza, otros con lágrimas de felicidad, pero la gran mayoría celebró saltando y gritando. Tanta euforia, tanta felicidad del pueblo mexicano provocó un pequeño temblor. O bueno, eso fue lo que se reportó en las redes sociales al día siguiente. Rápidamente, esta noticia se expandió por todos lados. Importantes agencias de noticias reportaban este suceso, canales de televisión estadounidense hablaban de ello. Todo era felicidad, la madre Tierra había sucumbido ante el poderío azteca. Hasta que llegó la estúpida realidad y puso fin a todo esto.


De acuerdo con Arturo Iglesias, investigador en el Instituto de Geofísica de la UNAM en una entrevista para el sitio de noticias Verne:


“Un sismo que sea provocado por la actividad dispersa de aficionados es una tomada de pelo. Efectivamente, la actividad humana provoca movimientos que son detectados por los sismógrafos, pero son vibraciones sensibles. Incluso si una persona salta al lado de un aparato se capta, pero no es un sismo”.


Es fácil entender por qué esta noticia se hizo tan viral. El manejo de emociones, la euforia de la celebración, hasta se puede llegar a considerar una pequeña catarsis al descubrir que tenemos un pequeño control ante un fenómeno que es totalmente incontrolable e impredecible. Y ese es precisamente el peligro de las fake news, apelan a nuestras emociones y nos impiden ver con una mirada objetiva y crítica lo sucedido.





Durante la década de los 80, las personas recibían información o noticias a través de periódicos, revistas, televisoras y radiodifusoras. Claro que en este país a lo largo de las décadas estos medios de comunicación nos ocultaron cosas: en los 60 la matanza de Tlatelolco, en los 70 la guerrilla en el Estado de Guerrero, en los 80 el fraude electoral, y en los 90 el FOBAPROA. Pero pensamos que todo eso iba a llegar a su fin con el internet. Nuestro salvador. Nuestro nuevo mesías. Ahora se puede leer una nota al instante que pasa, no importa qué tan idiota sea: “Mauricio Clark declara que Dios le curó la homosexualidad”. Somos la población más informada de la historia, pero también la más vulnerable.


Debido a la inmediatez de las redes sociales, se permite la democratización de la información, dando voz a sus usuarios. El riesgo es que esa información no siempre está contrastada. “Hoy todos somos mini periodistas, mini oradores”, apunta María Redondo, estratega de Social Media y profesora del TecnoCampus. Si las fake news son el virus, las redes sociales es el cuerpo que infectan. Para muestra un botón: “El Instituto Nacional Electoral (INE) aprobó que el día de la elección los ciudadanos voten en nombre de hasta tres familiares fallecidos”. Esa era nota que circulaba en redes sociales antes de las elecciones. Rápidamente, el portal verificado.mx marcó la nota como falsa, pero el daño ya estaba hecho. Esa nota se compartió mas de 23 mil veces en la página de Facebook, Contacto Visión Noticias. O qué tal la foto de una mujer hermosa que se compartió 613 veces en la pagina de Facebook, Amor a México, donde a un costado de ella, aparece una frase que dice: “Los seguidores de AMLO son gente vulgar y mientras sigan creyendo en él no van a salir de pobres. Me dan asco. Sasha Salinas de Gortari, hija menor de Carlos Salinas". Esta foto es totalmente falsa. La mujer en la imagen no es la hija menor de Carlos Salinas. La hija menor de Carlos Salinas ni siquiera se llama Sasha, se llama Ana Emilia y nunca declaró eso.





En un articulo de Forbes México “Creadores de ‘fake news’ se modernizan para la elección en México”, Monika Glowacki, estudiante en el Instituto de Internet de Oxford, quien investiga la desinformación en México, dice que WhatsApp también se ha vuelto un lugar popular para aquellos que buscan controlar la discusión política. Es popular incluso en áreas rurales y además utiliza pocos datos móviles. "Muchos rumores esparcidos en WhatsApp contienen un elemento de verdad, como estadísticas, pero son presentados en un contexto engañoso para desatar miedo o emoción", explica Glowacki. Algunos mensajes parecen estar dirigidos a reducir la participación electoral, y tienen mayor credibilidad que los contenidos en redes sociales. “Se obtienen de personas de tu confianza (…) Son algo que eres más propenso a creer”, agregó la estudiante.


¿Pero por qué creemos estas mentiras? Somo animales racionales, pero complejos. Sentimos y experimentamos cosas de diferente manera. Este fenómeno del comportamiento humano es conocido como disonancia cognitva, y el psicólogo social Leon Festinguer explica que todos hacemos sacrificios intelectuales que aceptamos con tal de mantener en pie un sistema de creencias que ha arraigado en nuestra identidad. La disonancia cognitiva de la que hablaba Festinguer es ese estado de tensión y conflicto interno que notamos cuando la realidad choca con nuestras creencias. Cuando se produce, intentamos resolver la situación reajustando el encaje entre ese sistema de creencias y la información que nos llega del exterior; mucha veces, elegimos manipular la realidad para mantener lo primero tal y como está.





¿Y qué podemos hacer? El primer paso y el más evidente es checar fuentes y datos de toda publicación que leamos o veamos. Saber de quién es y de dónde viene la información. Pero aún así las personas se rehusan a aceptar los hechos. Para el Dr. Stephan Lewandowsky, profesor de psicología cognitiva en la Universidad de Bristol, existen algunas cosas que nos pueden ayudar. En vez de decir que algo es falso o que alguien está mal, es mejor presentar una narrativa alterna que sí sea cierta. Cambiar una mala explicación por una buena.


Hoy en día, compañías como Facebook y Amazon tienen toda nuestra información, y gracias a ella nos muestran exclusivamente cosas que nos gustan. Lewandowsky sugiere que de vez en cuando estas compañías, o inclusive nosotros por cuenta propia, nos pasemos del otro lado. Simplemente se trata de ver qué se está diciendo del otro lado de algo que a nosotros nos gusta. Para así poder crear personas críticas, comprensivas y abiertas al diálogo.


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Después de conocer los pasos para identificar noticas falsas en la web, descubre por qué Internet es el culpable de que no creas en Dios y así es como el fin de la neutralidad de la red afectará a los consumidores de Internet.



TAGS: Internet Facebook crowdsourcing
REFERENCIAS: Creadores de ‘fake news’ se modernizan para la elección en México La posverdad marca el fin de una época En Pos de las verdades

Cesar Caballero


Colaborador

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