El verdadero secreto de la genialidad de Einstein

Martes, 4 de julio de 2017 11:52

|Alejandro López

 

 

Einstein dormía aproximadamente diez horas diarias. Para el físico, el tiempo de descanso era tan importante como cualquier otra actividad del día que requería del grueso de su atención. En vez de embarcarse toda la noche intentando resolver un problema que entonces se presentaba como imposible, Albert prefería despejar su mente e irse a dormir. En ocasiones obtenía mejores resultados después de una noche de descanso cuando se enfrentaba al problema por segunda vez a la mañana siguiente.

De la misma forma, los paseos cortos ocupaban un sitio casi religioso en su rutina diaria. Desde Berna, donde inició su producción científica después de ser contratado como técnico de la Oficina de Patentes y hasta la Universidad de Princeton, donde pasó sus últimas dos décadas de vida, Einstein se aseguraba de dar paseos en bicicleta o a pie de no menos de 45 minutos. Podría parecer contradictorio salir a caminar para encontrar la inspiración suficiente para resolver un problema en vez de mantenerse atado a un escritorio frente a una hoja; sin embargo, se trata de una actividad que alienta la creatividad y potencia un tipo de pensamiento completamente distinto al que se obtiene tras pizarrones y un sinfín de cálculos.

Otros de los hábitos favoritos de Einstein eran un gusto exagerado por el spaghetti (su platillo favorito) y su aversión hacia los calcetines, que desarrolló durante su adolescencia y lo acompañó hasta sus últimos días. Todas estas manías y costumbres del científico más popular de la historia han sido estudiadas una y otra vez, intentando encontrar en ellas un atisbo de la genialidad que cargaba consigo, misma que lo llevó a reformular la física y la visión contemporánea del tiempo y el espacio, incluso en el imaginario popular.

No obstante, a pesar de la repetición sistemática de estas conductas precedida de una decena de investigaciones científicas para demostrar sus posibles efectos en la inteligencia y creatividad, aún no existe una conclusión definitiva que asegure, tomar paseos diarios, dormir más de diez horas o llevar una dieta alta en carbohidratos afecten significativamente a los procesos cerebrales relacionados con la capacidad intelectual.

En realidad, el 'secreto' que llevó a Einstein a convertirse en una de las mentes más destacadas de la historia es apenas algo más complejo que seguir al pie de la letra un puñado de hábitos de dudosa efectividad. El propio físico no dudaba en repetirlo una y otra vez ante los halagos desmedidos que recibía en cada conferencia, charla o ponencia que encabezaba. En 1929, diez años después de que un eclipse solar comprobara la curvatura de la luz que predijo como la mayor consecuencia de la relatividad general y su nombre pasara a la historia en la categoría de genio, Einstein explicaba en entrevista el poder de la creatividad e imaginación:

«A veces me siento seguro de que estoy en lo cierto sin saber la razón. Cuando el eclipse de 1919 confirmó mi intuición, no me sorprendió en absoluto. De hecho, me habría asombrado si hubiera resultado de otra manera. La imaginación es más importante que el conocimiento, porque el conocimiento es limitado, mientras que la imaginación abarca el mundo entero, estimulando el progreso, dando nacimiento a la evolución. Es, estrictamente hablando, un factor real en la investigación científica».

El físico estaba tan convencido del poderío de la creatividad y la imaginación para el pensamiento científico, que aconsejaba desarrollar tales aptitudes a su hijo Hans Albert, cuando el menor tenía apenas 11 años, como el mejor mecanismo para aprender:

«Estoy muy contento de que encuentres alegría con el piano. Eso y la carpintería son en mi opinión, las mejores actividades para tu edad, incluso mejores que la escuela, porque son cosas que encajan muy bien con un joven. Toca en el piano lo que te plazca, esa es la manera de aprender más, cuando estás haciendo algo y lo disfrutas tanto, que no te das cuenta de que el tiempo pasa. A veces estoy tan envuelto en mi trabajo que me olvido de la comida del mediodía...»

En 1955, un par de meses antes de su muerte, Albert concedió una entrevista a William Miller, editor de la revista LIFE. Nadie sabía que esa charla sería parte de la primera publicación póstuma del hombre que redefinió el concepto de gravedad y cambió la física para siempre. El artículo de LIFE, "Death of a Genius", promovía el consejo de un "hombre sabio a los más jóvenes: Nunca pierdan la bendita curiosidad". Miller relata el ambiente de la entrevista desde que tocó la puerta del 112 de Mercer Street en Princeton y rescata una frase que lo marcó de por vida, fiel reflejo del pensamiento de Einstein, tanto de su trabajo científico como de su genio para defender sus ideales e imaginar ideas que iban más allá del entendimiento de una época. Al mismo tiempo, el físico desvelaba el 'secreto' a voces que durante tanto tiempo persiguió a su genio:

«Lo importante es nunca dejar de cuestionar. La curiosidad tiene su propia razón de ser. Uno no puede dejar de estar asombrado cuando contempla los misterios de la eternidad, de la vida, de la estructura maravillosa de la realidad. Es suficiente si uno intenta comprender un poco de este misterio cada día. Nunca pierdas la bendita curiosidad... No dejes de maravillarte».

*

Referencias:

"Death of a Genius", LIFE, 2 Mayo de 1955
BBC Future

TAGS: Cerebro
REFERENCIAS:
Alejandro López

Alejandro López


Editor de Historia y Ciencia
  COMENTARIOS