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El síndrome con el que te haces daño para tener la atención que necesitas

4 de noviembre de 2017

Carolina Romero

Las personas que lo sufren deben lastimarse a sí mismos para recibir atención.



— Mirar caricaturas todo el día.

— No recibir ni un solo regaño de mamá.

— Comer caldo caliente en el sofá.

— Recibir abrazos y “vas a estar bien” todo el día.


¿Quién no amó enfermarse cuando era pequeño?, ¿a quién no le gusta recibir amor y cuidados cuando se siente mal? Es natural. Sin embargo, hay personas que en la edad adulta buscan regresar una y otra vez a esta cómoda situación. Lo llevan a tal grado que es verdaderamente siniestro.



Existe un trastorno que hace a las personas enfermarse o lastimarse para seguirse sintiendo así por el resto de sus vidas. Aunque pueda sonar sumamente extraño, este trastorno está reconocido como tal en el DSM-IV — Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales— y en el CIE-10 —Clasificación Internacional de enfermedades—.


El trastorno Münchhausen fue nombrado así por Richard Asher, un endocrinólogo británico que describió este fenómeno por primera vez en la revista The Lancet en 1951. El científico le puso así en memoria de un barón que mentía todo el tiempo sobre sí mismo, creando ficciones increíbles y fantásticas.



Pero más allá de las anécdotas, el síndrome representa un problema para quien lo padece y para quienes le rodean. Las personas que lo sufren sienten la imperiosa necesidad de ser tratados como enfermos. Precisan de cuidados y mimos; sienten alivio cuando saben que las personas están al pendiente de ellos y se preocupan por su salud.


Por eso finge de manera sistemática, repetida y consciente “síntomas” que en realidad no tiene. Aunque sabe que está mintiendo, que no es verdad que está enfermo, no puede dejar de hacerlo. Su necesidad es tal que puede autolesionarse, exponerse a condiciones peligrosas donde corre peligros reales e incluso, inyectarse sustancias tóxicas para que su cuerpo reaccione con rochas, vómito o moretones.



Los doctores aún no pueden dar con una razón específica ni indiscutible; así como se aduce a un problema genético o de algún tipo de lesión neurológica, muchos otros lo explican por medio de traumas creados en la infancia —algún abuso sexual de niños— o conflictos inconscientes que aún no están resueltos.


Según explicó el doctor Robert Hicks para la BBC, «quienes trabajan en un ambiente de servicios médicos están en mayor riesgo de desarrollar el trastorno» y la mayor parte de pacientes que se presentan con este padecimiento son hombres. Los “padecimientos” que presentan con más regularidad son «reacciones alérgicas, diarrea, vómito, convulsiones, dolor abdominal y desmayos».



El síndrome de Münchhausen por poderes es una variación mucho más siniestra de este trastorno; es cuando una madre inventa que su hijo está enfermo con el único fin de recibir atención médica por parte de los doctores y el soporte emocional de familia y amigos.


Estas mujeres colocan tinturas en la orina o heces de sus hijos o los someten a condiciones de riesgo para que enfermen: les dan alimentos caducos para producirles diarrea; les inyectan sustancias tóxicas para que reaccionen con alergias o, incluso, los dejan sin comer por días para que luzcan pálidos y débiles.


 


Cualquier caso de Münchhausen se presta a escribir una película de terror; el médico se ve obligado a atender al “enfermo”, a obedecer los síntomas que le indica, a verlo una y otra vez hasta que resuelva qué es lo que está sucediendo y por qué visita tan a menudo el hospital. ¿Cómo podría saber que su paciente se está autoinfligiendo el sufrimiento?, ¿cómo detectar que alguien miente sobre alguna enfermedad cuando él mismo sabe que está mintiendo pero no está dispuesto a hacer descubierto?



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Paradójicamente, quienes fingen estar enfermos sí lo están de alguna manera. Este trastorno puede superarse pero es precisa la intervención de un especialista. El diagnóstico es sumamente complicado porque, justamente, quienes tienen el problema se niegan a confesarles lo que han hecho a los demás por temor a ser juzgados y reprimidos. Sin embargo, detenerlo a tiempo puede ser la diferencia definitiva entre la vida y la muerte.


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TAGS: Psicología Ciencia Datos curiosos
REFERENCIAS: BBC Gesundheit

Carolina Romero


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