Bora Bora: el paraíso en la Tierra

Miércoles, 12 de agosto de 2015 7:57

|Julieta Sanguino


Era mi primer viaje y elegí el mejor destino. Todos mis amigos hablan de lo hermoso que es Bora Bora y las hermosas vistas que este paraíso tenía. Ahorré por ocho meses y por fin decidí viajar con el amor de mi vida. Habíamos hecho una escala en Los Ángeles y desde ahí, un vuelo directo a la Isla Motu Mute, donde se encuentra el aeropuerto de esta isla. Cuando llegamos, el paisaje y clima eran impresionantes, parecía que estábamos en el cielo.

bora bora barrera

La belleza que decían que tenía Bora Bora, se quedaba bastante corta con la impresionante majestuosidad de sus paisajes. Tuvimos que tomar un bote para llegar a Bora Bora y cuando vimos el monte Otemanu deseé nunca irme de ese lugar. En el hotel, él y yo rentamos un pequeño búngalo al lado del mar. Entramos y nuestros ojos se abrieron más de lo que jamás pensamos que podían. El piso era de vidrio, y podíamos ver el mar turquesa debajo de nosotros, acompañado de los mejores especímenes marítimos.

bora bora bote

El primer día decidimos ir a Vaitape, una de las aldeas más importantes de Bora Bora. La gente nos recibió como si de verdad se tratara de un paraíso. Una señora llamada Heipua, nos recibió con collares de flores que nos colgó mientras, con una gran sonrisa, nos daba la bienvenida a su pueblo. Nos contó que el nombre de la isla fue Maite Pora, lo que significa literalmente “surgida de las tinieblas”, pero coloquialmente, y como anillo al dedo, quiere decir “creada por los dioses”. Después de unas cinco horas de recorrer el lugar, decidimos regresar al hotel y disfrutar la laguna. Compramos unos esnórquel y nos aventuramos a nadar al lado de los peces.

bora bora tortuga

Otro día nos encontramos con un joven guía de no más de 15 años, en la bahía Vairau para escalar poco a poco el monte Otemanu, uno de los puntos más altos de la Polinesia Francesa, lugar donde se ubica Bora Bora. Según el joven, el trayecto que haríamos hasta la parte más alta para los turistas, sería de aproximadamente dos horas, lo que a simple vista me pareció algo sencillo y fácil de realizar. En la primera parte del camino, nada parecía difícil; esa hermosa vista y la emoción de una nueva experiencia me daban el ánimo suficiente para continuar con la travesía, pero poco antes de llegar a la mitad, mis ánimos se hicieron mucho menos fuertes. El calor me agotaba rápidamente y este volcán extinto parecía no tener fin.
monte otemuno vista aerea

Por fin, después de unas tres horas y media, llegamos a la primera parte del trayecto: la “fácil” nos decía el joven lugareño que nos acompañaba. Nos detuvimos a ver la infinitud de la isla, el arrecife que dividía la tranquila laguna turística del salvaje mar abierto, el cielo y el mar parecían unirse en Bora Bora, un paso más y nos hallaremos en el paraíso infinito, pensé. Y en mi onírico pensamiento, de pronto, sentí que por poco caía del risco en el que estaba. Una cabra salvaje estaba muy cerca de mí, parecía que me retaba para apropiarse de mi territorio. El chico la espantó con un palo largo que traía con él, la cabra le escupió y poco a poco se alejó.

monte otemuno

Los tres reímos intensamente mientras tratábamos de no resbalar por las rocas. El chico abrió su gran boca para no parar de reír, sin duda es una de las risas más auténticas que he visto a lo largo de mi vida y puedo calificar ese día como  uno de los mejores de toda mi existencia. Pronto decidimos bajar, lentamente y con cuidado para evitar caer. Esta vez el tiempo se "hizo" más corto, los tres platicábamos mientras nos distraíamos del largo camino; hicimos mucho menos tiempo que en la subida.

bora bora desde monte

Casi al final de nuestra aventura en esta exótica isla, decidimos realizar dos actividades que no habíamos hecho. En la mañana, salimos de la laguna para ir a alimentar a los tiburones y mantarayas. Nunca había visto a un depredador tan cerca; sus colmillos, sus gigantes ojos negros y su impresionante dimensión me hicieron notar lo diminutos que somos los seres humanos y el gran control que tenemos sobre los demás.

bora bora tiburones

En la tarde recorrimos toda la isla en helicóptero. El ruido de la máquina era intenso, pero la emoción que sentía dentro de mí era mucho más. Me di cuenta de toda la belleza del lugar en un instante. Recordar todo lo que viví en este lugar y los sentimientos encontrados que tenía al ya no poder estar ahí, me estremecieron infinitamente. Mientras mi novio seguía una conversación normal, no lo pude evitar, mi voz se entrecortaba cada vez más hasta que solté en llanto. Bora Bora era tan hermosa y significaba tanto para mí, que sería extremadamente difícil alejarme de ella.

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Fotos recuperadas de: thetravelerszone

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