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365 islas paradisíacas que ningún conquistador logró dominar y que ahora puedes visitar

17 de septiembre de 2018

Ariana Saiegh

El archipiélago de San Blas en el Caribe consta de más de 300 islas que ningún conquistador pudo dominar, ¿te atreverías a alejarte de todo y disfrutar de la calma del mar?



En medio del Mar Caribe, al este del canal de Panamá, se encuentra un fantástico archipiélago de 365 islas de diversos tamaños de las cuales apenas 80 están habitadas. Estas islas son administradas por los Guna Yala, llamados Kuna Yala hasta el 2011, cuando el Gobierno panameño los reconoció y debieron cambiar el nombre, ya que el fonema k no existe en su lengua. Se trata de una comunidad que aún conserva sus propias tradiciones, religión, idioma y forma de vida, resistiéndose a formar parte de Panamá y prohibiéndole a toda persona ajena a la comunidad comprar cualquiera de esas islas.





Las islas de San Blas son únicas en el mundo y se han convertido en uno de los mayores puntos turísticos de la región. Sus playas aún vírgenes ofrecen la belleza y tranquilidad del Mar Caribe con infinita variedad de peces y corales al alcance, sin necesidad de contratar una empresa de turismo para llegar a verlos. El mar posee esa paz que generan las islas, donde el agua no llega dispuesta a chocar con el continente, sino que mantiene la calma de la inmensidad, encontrándolo a uno en medio de su territorio, rozando apenas unos pocos kilómetros con la tierra flotante que no le impide seguir siendo mar en calma y fluidez.





Si bien toda la zona está afectada por la cantidad de basura plástica que llega desde las grandes ciudades del continente, San Blas aún mantiene playas limpias y cuidadas debido al poco tránsito turístico y la dedicación de los guna, quienes entendieron que el turismo es una fuente de ingreso fundamental para la comunidad. A continuación, te compartimos algunos aspectosque debes conocer si decides visitar estas islas.


1. Los gunas





Conocer otra cultura es algo difícil de encontrar en este mundo tan globalizado, pero también es una experiencia fundamental para aquellos que buscan encontrarse a sí mismos y crecer fuera de la simple subsistencia diaria. Los guna viven distinto a la mayoría, nos dejan en claro la diferencia entre necesidad y deseo. Están distribuidos en diferentes comunidades y cada una tiene un cacique (shila) quien se ocupa de la organización interna. Viven en pequeñas casas de caña con piso de tierra y techos de hojas de palmera entrelazadas que construyen entre todos. Adentro no hacen divisiones en cuartos, sino que duerme toda la familia en un mismo ambiente "nega tumat" (casa grande) en hamacas colgantes. El otro ambiente es la cocina "soenga" (casa de fuego), destinada a las mujeres.


La ceremonia más importante es cuando una mujer de la comunidad menstrúa por primera vez, lo que la convierte en una futura esposa y madre. Los casamientos siguen siendo arreglados entre familias que realizan alianzas estratégicas. Una vez casados, la nueva pareja vive en las tierras de la mujer, creando así un sistema de herencia matriarcal. Cada comunidad tiene su propio lugar sagrado, donde todas las tardes se realiza "el congreso" en el que el shila canta canciones sagradas acerca de los antepasados y las batallas contra los españoles invasores a toda la comunidad que, acomodada en círculo, escucha las interpretaciones que los "argarganas" (intérpretes) hacen de lo que está expresando el jefe.


Las mujeres realizan artesanías, la más reconocida en el continente es la mola, una forma de arte textil elaborado con complejos diseños usando una técnica de aplique inverso. Una de las actividades más atractivas para el turista de San Blas es caminar por alguna de las comunidades y conocer su forma de vida y su arte. Los guna viven sin lujos y a la vez sin pobreza, ya que tienen todo lo que necesitan al alcance de la mano: las cañas para fabricar casas, los frutos de los árboles y la pesca para comer, paneles solares, agua potable y un ingreso económico del turismo. De a poco les llegó la globalización y ya se pueden ver gunas con celulares o televisores, aunque aún mantienen sus costumbres, sus rituales y su idioma. Con ello nos dejan en claro que el mundo capitalista del consumo y el trabajo en exceso no es la única forma de subsistir en este mundo.


2. Las islas





San Blas es un viaje ideal para alejarse del mundo en todos los sentidos, ya que una vez que se sale del continente se deja de contar con señal de celular o internet de todo tipo, y esto incluye a todas las islas, incluso aquellas de mayor nivel adquisitivo. Para llegar a alguna de las islas hay que ponerse en contacto con un guna dedicado al turismo, y él se encarga de todo, desde la puerta del hotel en Panamá, hasta la llegada a la cabaña en la isla. Dependiendo de con quién te comuniques será qué isla te toca, ya que cada familia administra una isla distinta.


Las experiencias más económicas constan de un viaje en 4x4 de aproximadamente cuatro horas por la montaña hasta llegar al puerto de Cartí, desde donde diversas lanchas salen con turistas hacia las islas más cercanas al continente. Allí se puede pasar el día o pernoctar. Algunas opciones son:


Isla Aguja


Ubicada a sólo 15 minutos del puerto de Cartí, es una de las islas con mayor movimiento. Tiene cabañas individuales o compartidas, todas con baños comunes y un comedor bastante grande para todas las comidas del día. Hay electricidad sólo durante un par de horas al día gracias a los paneles solares. Desde allí salen excursiones diarias a otras islas.

 




Isla Perro Chico


Se encuentra a 35 minutos del puerto. En esta isla está ubicado el Barco Hundido, un velero colombiano que encalló hace muchos años, por lo que es un lugar perfecto para bucear o hacer snorkel en busca de fauna marina de todos los colores y tamaños. Esta isla no cuenta con cabañas, pero sí con restaurante y alquiler de hamacas. Un lugar ideal para pasar un día en familia o con amigos


Isla Chichime


Situada a 40 minutos de distancia del puerto, es la última isla de los cayos limones. Tiene restaurante y cabañas, además de una excelente playa por lo que suelen parar allí los veleros de la zona.


Y para aquellos dispuestos a invertir un poco más de presupuesto, en San Blas se encuentra una opción más alejada y con cabañas y comidas de otro nivel: Yandup Island. Para llegar a Yandup hay que tomar una avioneta desde un pequeño aeropuerto en Panamá hasta una pista aún más pequeña en medio del Mar Caribe. Allí, unos integrantes de la comunidad esperan con una lancha y luego de 20 minutos llegas a una isla paradisíaca donde sólo ocho cabañas ocupan el terreno. Estas tienen pisos y terminaciones de madera muy diferentes a las que se encuentran en las otras islas. Cada una cuenta con baño privado, ventiladores y electricidad las 24 horas. Por fuera de cada cabaña hay un deck que la rodea con hamacas colgadas y sillas para relajarse mirando el mar.





El menú es elaborado, con variedades de pescados y verduras. El desayuno ofrece diversas frutas y cereales junto con bebidas calientes. El paquete incluye también paseos diarios a islas cercanas para pasar la tarde y un recorrido por la comunidad guna a la que ellos pertenecen, una de las más grandes de la región. Yandup es un lugar perfecto para aquellas parejas que buscan pasar unos días relajados en total intimidad y lejos de cualquier comunicación con el mundo exterior.


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Como destino turístico, Latinoamérica no tiene nada que envidiarle a Europa. Si estás listo para emprender la aventura, aquí te compartimos la lista de las 10 ciudades de América Latina que debes de visitar antes de pensar en el viejo continente.



TAGS: Ecoturismo viajes crowdsourcing
REFERENCIAS:

Ariana Saiegh


colaborador

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