Razones por las que elegiría volver a viajar a Nueva Zelanda

Razones por las que elegiría volver a viajar a Nueva Zelanda

Por: Cultura Colectiva -


Texto escrito por Ana Laura Preciado.


Fueron exactamente 16 horas de vuelo que separaban a la vieja "yo" de la ahora renovada chica que redacta esta historia. Era la primera vez que viajaba sola, sin alguien que pudiera asistirme en cualquier emergencia o acompañarme en alguna loca peripecia. Nueva Zelanda era el destino y la cautivante Tierra Media me esperaba con un sinfín de aventuras.


Desde el momento en que pisé Auckland me sentí diferente: más valiente, más independiente, más atrevida y en extremo aterrada por aquello que se aproximaba. No tenía planes en concreto sobre qué hacer o ver durante esos días de aventura por un nuevo país, pero de lo que estaba segura era que tenía que aprovecharlos al máximo.


Razones por las que elegiría volver a viajar a Nueva Zelanda 1


Para iniciar con esta odisea, mi estancia se produjo en una hermosa casa estilo victoriano asentada en las faldas de la ciudad —no pasaría mis días en medio de la bulliciosa urbe—, donde me encontraría a otras chicas, igual de valientes y perdidas que yo. Mi propósito principal era encontrar algo de compañía durante este solitario viaje. Grande fue mi sorpresa cuando la amable host me comunicó que tendría la habitación completa para mí sola por unos cuantos días; siendo esto ventajoso o no, tendría que apañármelas para sobrevivir en aquel recóndito sitio por cuenta propia.


La parada más destacable de todas fue el centro de la ciudad; después de pagar una cuantiosa suma de $5.55 NZ —aproximadamente 70 pesos—, tomar la ruta equivocada de autobús y caminar por calles de más, llegué al corazón de Auckland. He de admitir que no quedé boquiabierta y si bien no tiene nada de diferente a las otras reconocidas metrópolis, posee algo en particular que me hizo verla con otros ojos: el apacible ambiente estudiantil que se percibe. Los estudiantes —en su mayoría asiáticos— acaparan la mayor parte de la ciudad y la llenan por doquier. Pero a pesar de que la mayoría lucían como chicos universitarios, no parecían llevar consigo una extrema carga de estrés o ansiedad, lo que ocasionaba que el ritmo de la ciudad fuera armonioso.


Razones por las que elegiría volver a viajar a Nueva Zelanda 2


Auckland tiene ese eterno hechizo de ser un lugar relajado y repleto de habitantes amistosos, sin perder la esencia de una gran ciudad: rebosante de energía, con enormes edificios y un gran número de hombres de negocios que embadurnan las calles; es una cara totalmente opuesta a una típica urbe como lo es Nueva York o la Ciudad de México.


Otro cautivante aspecto son los árboles: los troncos, las hojas y sus rutilantes tonalidades, las ramas, raíces y la fauna que habita en ella son diferentes de punta a punta a los nuestros. Cada vez que visitaba un parque, me incorporaba a escenas de distintas películas; en uno tuve la oportunidad de ser Ichabod Crane, de la Leyenda del jinete sin cabeza, ya que recorrí un tétrico paisaje arbóreo donde las ramas se enroscaban entre sí y el follaje en los árboles era casi inexistente; además de que ese día en particular se encontraba nublado; hubo otro en el que caminé por un sendero con cientos de hierbas y árboles de colores opacos, todos juntos entre sí, y daba la impresión de que en cualquier momento un tiranosaurio rex aparecería para devorarme.


Razones por las que elegiría volver a viajar a Nueva Zelanda 3


Algo que disfrutaba hacer era encontrar nuevos sitios para probar platillos de distintas regiones. Por desgracia, mi experiencia culinaria no fue tan vasta como esperaba: unos deliciosos kebabs empapados de salsas en uno de los pequeños puestos sobre la emblemática Queen Street; un picante ramen con infinita cantidad de fideos en un escondido restaurante de comida japonesa; una decepcionante Caipirinha en un ameno y vigorizante bar amenizado por Bon Jovi, The Pretenders, Toaploader, las Spice Girls, etc; y la protagonista de mi estómago: unos nostálgicos tacos de carne con chorizo en un elegante restaurante mexicano.


Así fue como mis gélidos días en la remota Nueva Zelanda transcurrieron de manera fugaz. Lugares, platillos, sonidos y nuevos personajes me acompañaron a lo largo de mi estancia, se volvieron partícipes de mi álbum mental del viaje y, por qué no, protagonistas de diversas de mis fotos. Un viaje que me dejó con un dulce sabor a las nuevas experiencias vividas y un amargo toque de nostalgia: la receta perfecta para hacer que desee regresar a Nueva Zelanda lo antes posible.


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Referencias: