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Razones por las que conocer Turquía es mucho mejor que viajar a Europa occidental

21 de noviembre de 2017

Reyna Concha Domínguez

El turismo es de gran importancia, por lo que los turcos siempre están dispuestos a ayudarte y demostrar la calidez y amabilidad en cada rincón.



Si hay un país rico en historia, cultura, lleno de olores y sabores es Turquía. El país cuenta con lugares que te encantarán; tanto si eres amante de la Historia como si sólo quieres conocer una cultura completamente distinta a la occidental. El turismo es de gran importancia, por lo que los turcos siempre están dispuestos a ayudarte y demostrar la calidez y amabilidad en cada rincón. Aunque Turquía tiene una población mayoritariamente islámica, no es un estado confesional; es decir, no gobierna el islam y cuenta con leyes civiles, lo que lo hace un poco más relajado que otros países islámicos. Además, Turquía no es un país árabe.




Estambul es uno de los puntos imperdibles de este país. A través de los años, si algo ha caracterizado a la ciudad que alguna vez fue la capital es la conquista, su decadencia y su renacimiento. Es una ciudad llena de contrastes, donde lo moderno convive con lo antiguo, donde no importa qué religión profesas, porque bien puedes encontrar mezquitas, iglesias y sinagogas. Está dividida por un estrecho llamado el Bósforo que une el Mar de Mármara y al Mar Negro, lo que provoca que Estambul se encuentre tanto en Europa como en Asia.




Sultanameht es la parte antigua de la ciudad y contiene los lugares más turísticos. Ahí podrás visitar el Palacio de Topkapi, que alguna vez fue sede del Imperio Otomano y residencia de los sultanes y del harén. Muy cerca de ahí se encuentra Santa Sofía, el más importante y hermoso edificio bizantino en la ciudad; primero fue iglesia, después mezquita y desde 1930 un museo. Los escudos blasonados con algunos versos del Corán se los agregaron los otomanos; quienes también cubrieron los mosaicos bizantinos de cal, lo que ayudó a su conservación, como es el caso del mosaico de Jesús y de San Juan Bautista. Frente a Santa Sofía se encuentra la Mezquita Azul, cuyo interior está cubierto con azulejos de Iznik, una provincia que desarrolló la fabricación y comercialización de azulejos. Ésta fue polémica en algún momento, ya que igualaba en minaretes a la mezquita de La Meca, por lo que el sultán Ahmet se vio obligado a regalar uno de ellos para evitar más problemas. Se permiten las visitas cuando no es hora de oración, las mujeres deben taparse el cabello y hay que entrar descalzos.




La Cisterna o Palacio Sumergido es un complejo que abastecía de agua al palacio, con algunas cámaras y columnas; además de una cabeza de medusa, cuya agua era traída desde Serbia. Y ya que hablamos de agua, uno de los rituales que no hay que perderse son los baños turcos o hamam; aún quedan algunos de la época dorada de Estambul, la limpieza es parte fundamental en la cultura islámica por ello eran tan importantes los baños turcos.

Se puede atravesar el Bósforo en uno de los tantos cruceros que ofrecen viajes desde el puerto de Eminönü. El trayecto dura alrededor de dos horas y se puede bajar a comer. Desde ahí se ven el Museo Naval y el Palacio Dolmabahҫe, que fue construido en 1853 como reacción al pasado otomano. Cuenta con una escalera cuyos barandales son de cristal; tiene 16 pabellones y 285 habitaciones, además fue aquí donde murió Kemal Atatürk, fundador de la República de Turquía.




Si te gustan las compras, en el Gran Bazar —uno de los más antiguos y grandes bazares del mundo— podrás encontrar artículos de seda, cobre y cuero, así como alfombras, vestuario para la danza del vientre, narguiles o las famosas lámparas; además de especias o dulces típicos. Regatear es una obligación, ya que los vendedores aumentan el precio y esperan que uno negocie con ellos; de hecho, no hacerlo es considerado una falta de respeto.

La torre Gálata es otro de los puntos que puedes visitar. Construida alrededor de 1340 por genoveses como lugar de vigilancia, se encuentra en Beyoglú, que en algún tiempo fue el corazón del comercio internacional en la ciudad. También podrás ver a los vendedores de helado —o maraʂ dondurmasi—, pero a diferencia de los helados que conocemos, estos tienen una peculiar consistencia que los hace, digamos, manejables, como si fuera una masa. Los vendedores de helado, ataviados en trajes típicos, tienen unas varas largas de metal que les permiten hacer algunos actos ingeniosos antes de entregarte tu postre.

 




En todos estos lugares podrás disfrutar de jugos y frutas, bocadillos hechos con pescado, los kebabs, los köftes —que son una especie de albóndigas—, así como los famosos simit —unas roscas grandes con ajonjolí—, ensaladas y una gran variedad de platillos, ya sea con los ambulantes o bien en cafés y restaurantes. El desayuno típico se conforma de un par de huevos duros, ensalada de tomate y pepinos, aceitunas negras, queso, pan, mermeladas y té; así como el famoso ayran, que es un yogurt líquido al que en ocasiones se le agrega un poco de sal.

 




De Estambul puedes partir hacia Capadocia. Existen dos vías para llegar: en autobús, que lleva alrededor de 12 horas; o bien por avión, sólo hay que tener en cuenta que estos vuelos salen del aeropuerto de Sabiha y no del Atatürk. Si te vas en autobús, puedes llegar a Goreme, en donde podrás ver las “chimeneas de hadas”; así como algunas iglesias que los cristianos formaron en las mismas hace millones de años, cuando huían de los ataques otomanos. Los tours también te llevarán a las ciudades subterráneas como Derinkuyu, Mazi Köyü, Özkonak, Kaymakli o Tatlarin; al Museo al Aire Libre; y, por supuesto, te llevarán a volar en globo sobre los valles. Es toda una experiencia que bien vale la desmañanada.




Pamukkale —que en español es algo así como “palacio de algodón”— es un lugar que, como Hierve El Agua en Oaxaca, es hogar de las hermosas cascadas petrificadas. Parece cubierto de nieve debido al efecto visual que provocan algunos de los minerales de la región. Antes de entrar a las aguas de Pamukkale, en la montaña podrás visitar la famosa Hierápolis, una antigua ciudad balneario en la que se construyeron arcos, baños y el teatro romano; los templos de Apolo y Plutonio, las tres necrópolis, el ágora, la tumba de san Felipe descubierta en 2011 y el museo de sitio.

 




Selcuk es el lugar al que debes arribar para visitar Efeso, que fue una de las ciudades jónicas importantes por su cultura y economía. Ahí también podrás ver el teatro, el ágora, el Palacio del Consejo del Pritaneo, la Puerta de Hércules, la Fuente de Trajano, el Templo de Adriano, la puerta de Mazeus y Mithridates, la Biblioteca de Celsius, la calle del Puerto, la de los Curetes, el estadio y la iglesia de Santa María. Además, muy cerca de ahí está lo que fuera una de las Maravillas del Mundo Antiguo: el Templo de Artemisa —del cual sólo quedan unas cuantas columnas. También podrás visitar la casa de la Virgen María; no te sorprendas si ves a musulmanes ahí, ya que en el Islam Jesús fue un profeta y por esta razón se le respeta a él y a María. No dejes de probar los tés, se beben incluso más que el café. Presta atención al llamado a la oración, y si puedes asiste a un espectáculo de derviches —que son grupos musulmanes místicos que al ritmo de flautas y tambores giran sobre sí mismos y entran en trance.





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Como destino turístico, Latinoamérica no tiene nada que envidiarle a Europa. Si estás listo para emprender la aventura, aquí te compartimos la lista de las 10 ciudades de América Latina que debes de visitar antes de pensar en el viejo continente.



TAGS: Destinos Europa Vacaciones
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Reyna Concha Domínguez


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