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7 razones por las que viajar es la mejor forma de adquirir sabiduría sobre la vida

Viajes 7 razones por las que viajar es la mejor forma de adquirir sabiduría sobre la vida

Desde adaptarse al cambio hasta viajar ligero, hay sabiduría en cada paso que se da

Si las cosas fueran exactamente iguales en todas partes, no tendría ningún sentido viajar. Y entre razones para hacer maletas y emprender una travesía hay muchas. Tal vez te rompieron el corazón o quizá la tecnología está propiciando tus próximas vacaciones, pero en todo caso es un hecho: viajar es uno de los mejores modos de adquirir sabiduría, pues confronta a las personas consigo mismas al sacarlas de la zona de confort. Es la mejor forma de entender al mundo, ya que es un modo de enfrentarse a cosas nunca antes imaginadas, desde nueva gastronomía, música, hasta una cultura distinta. Descubre por qué viajar resulta un ejercicio de vida y algunos de los preceptos que adquieren las personas que viajan y porqué estos principios pueden transformar tu existencia. Después de todo vivir es un viaje interminable de experiencias.


Viajar con lo esencial no significa llevar todo


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Pese a que es tentador querer llevar todo lo que tienes a los lugares a los que vas, los viajeros experimentados saben que viajar con lo esencial es una gran ventaja. En el caso de las filas, el equipo ligero te permite salir más rápido, explorar mas lugares sin la molestia de llevar una gran maleta. Lo mismo sucede en la vida, pues al llevar una carga emocional grande las personas se cierran a las experiencias y a la capacidad de dar lugar a nuevas vivencias. Lo mismo aplica para la carga de cosas innecesarias, como remordimiento, rencor o el apego a las experiencias pasadas.


Adaptación al cambio es también aprender a aceptar lo que viene en la vida

 

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Frecuentemente se tiene una idea de lo que se va a vivir en el viaje, pero cuando una persona viaja se percata de que las cosas no son como se esperaban: donde se hubiera deseado un sol hay a veces lluvia; surgen contratiempos, hay gastos no previstos, etc. Las expectativas respecto a lugares que en lugar de estar desiertos están llenos de turistas son prueba de que para viajar las personas deben adaptarse a enfrentar cosas que no se esperaban y encontrar gracia en esas transformaciones de la realidad. Cuando las personas viajan se enfrentan a trabajar con las frustraciones porque las cosas no resultan como se desea. Eso pasa no sólo en viajes, sino en toda esfera de la vida, desde la pareja hasta el desarrollo profesional. Aceptar lo que viene es la única forma de encontrar la felicidad.


La riqueza de la curiosidad y el asombro nunca se deben desestimar

 

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Viajar es un regreso al estado de asombro, en el que las cosas más comunes resultan extraordinarias: una flor, un pan, un sabor u olor, todo puede ser novedoso para quien está en un nuevo punto geográfico. Descubre más quien tiene más preguntas, quien se abre a las nuevas posibilidades con el riesgo de que no resulte tan placentero. Para esto las personas deben aceptar que existen otras formas a las antes conocidas y estar abiertas a las gratas o no tan gratas nuevas experiencias. Viajar es volver a ser niños por unos momentos y recordar que no todo se conoce y se deben apreciar las experiencias en su forma más sencilla.


El autodescubrimiento nunca termina


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Entre más lejos de casa, más cerca de sí mismo. Cuando el ser humano experimenta una confrontación de quien es en contraste a los demás se produce el acto de autodescubrimiento. La exposición a nuevas culturas le recuerda al ser humano quién es cuando se ve a sí mismo diferente al otro. Es común que quien viaja se sienta más cerca de sí mismo cuando más lejos está de lo que conoció antes. La soledad a la que a veces se ven obligadas las personas mientras viajan es también un espacio de reflexión sobre la identidad.


La magia está en los detalles cotidianos

 

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Cuando se regresa al estado de asombro las personas empiezan a descubrir la magia de la cotidianidad. No es necesario estar en el mejor hotel o restaurante. La magia está en la radio donde se puede escuchar música diferente, en un atardecer en medio de un mercado, en un sabor nuevo o en la sonrisa de alguien de una cultura distinta. Cuando alguien viaja cualquier novedad se convierte alimento para el alma y transforma los recovecos de quien se es. Lo mismo pasa en la vida, pues es en los pequeños detalles donde se puede encontrar la riqueza de la experiencia. Entre más alto se crean los estándares sobre cómo ser feliz, más complicado resultará encontrar la alegría.


Las posibilidades y formas de actuar y hacer las cosas se multiplican


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Cuando se viaja las personas se enriquecen de posibilidades. Donde un ingrediente se combina de una forma nunca antes imaginada, o patrones y formas nacen donde antes habían preconceptos de cómo deberían de ser las cosas. Lo mismo aplica para la conducta, un nuevo ritmo, baile o forma de comer se descubre y, en consecuencia, antiguos paradigmas se rompen y la consciencia se expande. Viajar pone en marcha la creatividad de las personas al crear cinco formas donde antes había una, siempre existen alternativas para los problemas o retos que las personas viven.


Todos somos uno


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Después de descubrir cientos o miles de formas, las personas pueden llegar a la realidad última, donde es el amor lo que mueve al mundo. Todos tienen conceptos distintos y caminos diferentes para alcanzar la felicidad, pero sin importar en qué punto del mundo se esté, qué color de piel se tenga o qué idioma se hable, es esta misma premisa la que se va encontrar. Aunque a miles de kilómetros de distancia el ser humano no es tan diferente, no es necesario salir del país para encontrar formas diferentes de hacer y pensar, es por medio de la tolerancia a esto donde está el camino para encontrar la armonía en el mundo. 

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Referencias: