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Todo lo que tienes que saber antes de asistir a la exposición del Vaticano en San Ildefonso

25 de junio de 2018

Andrea Fischer

2000 años de Historia del Arte dialogan en una misma muestra:

Si algo llama la atención de la nueva muestra sobre el Vaticano en el Antiguo Colegio de San Ildefonso es el dinamismo con el que las obras dialogan entre sí, aunque las separen siglos de manufactura, de academia eclesiástica, de historia. Vaticano: de San Pedro a Franciso es una exposición ambiciosa que pretende sintetizar dos mil años de tradición católica en términos de producción artística, que van desde las manifestaciones politeístas paganas en Roma hasta la última efigie que se hizo del Papa actual.



Es por esto que resulta complicado seleccionar piezas cumbre entre la multiplicidad de obras maestras que viajaron desde Roma. A manera de conmemoración de los 25 años de relaciones diplomáticas entre el Vaticano y México, esta exposición pretende —además de hacer una revisión histórico-artística del acervo amplísimo de las distintas instituciones vaticanas dedicadas a preservar la obra que resguardan— celebrar esta unión entre Estados, que ha traspasado ya una instancia meramente religiosa.



A lo que la curaduría se refiere, se hizo un enlace interesante entre los curadores romanos y los mexicanos: durante cuatro años se planeó la composición de esta muestra para que se adaptara no sólo al espacio —dado que es muy distinto tener las obras en resguardo que acomodarlas para que puedan ser apreciadas fuera de su contexto original—, sino de generar un discurso digerible, que permitiera también una visión general de las obras que la integran.



Es por esto que se pensó de tal forma que fluyera de manera cronológica. Si bien es cierto que hay salas en las que se exponen lienzos con siglos de distancia, también lo es que sería imposible no generar espacios específicos para cada una de las épocas que la exposición comprende; sin embargo, si se quiere seguir la línea temporal con más precisión, los retratos de los distintos Papas marcan la pauta: se trata de obras realizadas en lienzo, fácilmente identificables por el fondo dorado y el rostro del dirigente en curso, cuyo periodo de mandato está inscrito del lado izquierdo.



De estos hay algunos dispuestos a lo largo del recorrido, empezando por Pedro hasta Benedicto XVI, puesto que el de Francisco todavía no está terminado. De esta manera, quedan registrados no sólo los años en los que las distintas administraciones se llevaron a cabo, también la vestimenta, la orden de la que provenían y las formas con los que cada uno dirigió a la Iglesia. Llama la atención que estén realizados sobre una cuadrícula, que tiene que ver con que inicialmente estaban pensados para ser mosaicos, y no lienzos, los que inmortalizan el rostro del Papa en curso.



Además, es interesante que muchas de ellas ni siquiera habían sido expuestas en Roma antes: dados los espacios y el formato de las obras, no se habían encontrado espacios propicios incluso para ser objetos de adoración. La exposición en México era la excusa perfecta para que pudieran salir a la luz, en un espacio que, si bien no era originalmente de culto, muy bien podría adaptarse a las dimensiones de las piezas más difíciles de transportar —y más aún de exponer, dadas sus características particulares.



Tal es el caso, por ejemplo, del San Felipe bautiza al eunuco de la Reina Candace (1733-1737) de Francesco Trevisani: se trata de un lienzo que ocupa casi de piso a techo una pared para sí mismo que, además de ser una de las piezas de mayor formato que conforman a la muestra, jamás había sido sacada de las reservas pictóricas de los Museos Vaticanos. Las telas del santo caen pesadas, y se contrastan con las demás piezas de la sala, provenientes todas de la Pinacoteca Vaticana.



De esto que distintos artistas de diferentes disciplinas converjan en un espacio: se aprecia la obra arquitectónica de Miguel Ángel, puesto que se trajeron los registros de cómo se construyó la cúpula de San Pedro; pero también se encuentra un lienzo de Bernini, a quien se le asocia de manera general a la escultura. Este dinamismo desconoce de límites temporales e incluso religiosos: la muestra trastoca la maestría de distintas épocas, que casi por casualidad confluyeron en la institución fundacional de la iglesia católica.



Lienzo, orfebrería, muebles, arquitectura, literatura, joyería: las distintas disciplinas del quehacer artístico eclesiástico encuentran un punto común en el acervo vaticano, que ahora se expone en tierras mexicanas, a 25 años de distancia de las relaciones diplomáticas entre México y el Estado Vaticano.




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Si quieres visitar más exposiciones en la Ciudad de México, entonces esto es lo que puedes conocer antes de asistir al MUNAL para ver la obra de Nahui Olin.



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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Cultura UNAM.


TAGS: Religión Historia del arte Iglesía Católica
REFERENCIAS:

Andrea Fischer


Colaboradora

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