
La idea de Las señoritas de Avignon rondó la mente de Picasso desde finales de 1906, cuando el malagueño comenzó decenas de bocetos y más tarde, estudios preparatorios sobre la escena que llevaría al lienzo. El artista atiborró cuadernos de formas simples en lápiz y carboncillo: se trataba de mujeres desnudas cuya silueta abandonaba cada vez más las curvas del cuerpo humano y adoptaba figuras geométricas, especialmente las esbozadas entre mayo y junio de 1907.
Inspiración: placer y muerte
Alojado en París y tras la poderosa influencia de las máscaras africanas, ibéricas y oceánicas que conoció en diversos museos etnográficos de la capital francesa, así como ‘Las grandes bañistas’ (1906) de Cézanne, Picasso se inspiró en el local número 44 de la calle de Avinyó, ubicada en el Barrio Gótico al sur de Barcelona, España, como una representación del sitio que consideraba, unía el placer y la mortalidad. Es probable que en un primer nivel de abstracción, “Las señoritas de la calle Avignon” hayan sido ideadas como un mensaje moral que recala en la angustia de contraer infecciones de transmisión sexual:
«Un peligro específico que (Picasso) tenía en mente era una enfermedad sexual potencialmente mortal, una fuente de ansiedad considerable en París en ese momento; Los primeros bocetos para la pintura vinculan más claramente el placer sexual con la mortalidad».
«Como revelan sus estudios preparatorios, Picasso inicialmente concibió a la figura a la izquierda de la pintura como un estudiante de medicina, en el acto de entrar al burdel. Al decidir que tal detalle narrativo interferiría con el impacto visual del trabajo, finalmente transformó la figura en una quinta prostituta».
Las prostitutas y sus formas
La descripción curatorial del MoMA, que ostenta la pintura original desde 1939 la describe de esta forma:
«Las caras de las figuras de la derecha están influenciadas por máscaras africanas, que, según Picasso, funcionaron como protectores mágicos contra los espíritus peligrosos: esta obra, dijo más tarde, fue su “primera pintura de exorcismo”».

